martes, 4 de septiembre de 2012

REFLEXIONES SOBRE EL 25S Y EL 15M



¿Ajuste de estrategias?



Tras provocar «mucho ruido y confusión», la convocatoria —por un Grupo del 15M— a una manifestación para ocupar el Congreso el 25S, ha dado lugar a una reunión en Madrid de varios Grupos del 15M en la que el grupo inicialmente convocante, la Plataforma En Pie, ha cedido el protagonismo de la preparación de tal movilización al colectivo de grupos allí reunidos, que se ha constituido en Coordinadora del 25S.


Esta iniciativa ha sido celebrada, desde diferentes sectores del 15M, como una demostración del talante democrático que inspira el funcionamiento de este movimiento y de su voluntad y capacidad para corregir errores y contradicciones. Pero, por muy alentadora que sea esta decisión, me temo no sea suficiente para que el 25S sea un «éxito» y el 15M evite en el futuro esta clase de conflictos decisorios para proseguir más eficazmente y consecuentemente su camino contestatario.

Sea lo que sea, lo seguro es que la reunión de Madrid ha puesto fin, en lo inmediato, al embrollo organizativo y ha provocado numerosas reacciones entre los que de una manera u otra apoyan este movimiento de contestación y propuesta. Con lo que, por lo menos, ha tenido la virtud de incitar a reflexionar sobre el 25S y las siguientes etapas del 15M; pues es evidente que la continuidad del 15M no depende sólo de su voluntad y capacidad para evitar que sus movilizaciones se ritualicen sino también de que éstas tengan consecuencias determinantes para la vida de las gentes en el presente, y, en el futuro, para cambiar de sistema... 

Un cambio que no puede reducirse a cambios homeopáticos en el sistema actual de dominación y explotación; puesto que, para la mayor parte de cuantos se han identificado con el 15M, tales cambios no cambian nada de esencial en este sistema. Para ellos y ellas, esto está suficientemente claro y de ahí su oposición a transformar el 15M en un partido, en un sindicato o en un grupúsculo con veleidades vanguardistas; pues no sólo están hartos de la impotencia de éstos para cambiarlo o para reducir, por lo menos, sus efectos más injustos y nocivos, sino que son conscientes de que no se saldrá de la situación actual de impotencia y resignación sin provocar una toma de conciencia colectiva de la necesidad y urgencia de ese  cambio. Y por eso quieren que el 15M sea un instrumento idóneo para conseguir tal concienciación y que  la gente se atreva a decidir por si misma.

Claro que este anhelo no ha podido impedir que, desde el principio, los haya habido y los haya aún, en el 15M, con otro objetivo, el de transformarlo en partido o en correa de transmisión de su partido, organización, sindicato o grupúsculo. Pero es indiscutible que la inmensa mayoría de los indignados y de los colectivos y asambleas deliberativas, que han hecho posible la existencia de este movimiento, no comparte tal objetivo.  Al contrario, en todas las ocasiones que se presentan, ella hace público tal rechazo y su deseo de que el 15M sea algo nuevo... Nuevo y capaz de evitar la deriva politiquera de los partidos, sindicatos y grupos políticos... por radicales que éstos se pretendan.

Lo que quiere la inmensa mayoría de los indignados es algo realmente diferente de lo que existe. Inclusive diferente de los colectivos antisistema más radicales, los anarquistas y anarcosindicalistas, pese compartir con ellos sus objetivos manumisores. Lo que rechazan de estos colectivos antisistema es, precisamente, la dependencia de éstos a sistemas doctrinales y, por consiguiente, su frecuente sectarismo ideológico. Dependencia y sectarismo que les hacen ser incapaces de aceptar la diversidad, de funcionar fuera de los esquemas organizativos del Poder y de movilizar las multitudes de víctimas del Sistema en vigor o, por lo menos, de la pluralidad de los indignados... Una incapacidad que, pese a la justicia y radicalidad de sus propuestas, hace que esos colectivos, sean casi inoperantes para hacer posible la tan necesaria transformación social.

Por el contrario, el 15M pretende superar esa incapacidad enriqueciendo el movimiento con la diversidad de la indignación existente, funcionando de manera a hacer asumir por todos la responsabilidad de decidir y así movilizar el mayor número de indignados. El resultado hasta ahora es bastante positivo. No obstante, es obvio que falta mucho por andar y que los retos que tiene actualmente planteados el 15M le obligan a valorar objetivamente el camino andando y a interrogarse seriamente sobre el que se propone comenzar a transitar ahora...

¿Cómo pues no reconocer esta necesidad de reflexionar? Tanto por la cercanía del 25S como porque, más allá de la preparación de tal acción, el abandono de la idea de ocupación del Congreso, reducida ahora sólo a rodearlo, muestra el desfase entre la retórica convocante y una verdadera estrategia de acción. Un cambio en la estrategia que obliga a reflexionar sobre lo que debe ser el 15M y su modo de funcionar en el nuevo contexto represivo diseñado por el Estado y el Capital para hacer frente a la protesta social.

Sobre el 25S

Independientemente de lo que decida la Coordinadora del 25S sobre lo que se intentará hacer en tal fecha, la radical negativa a dejar que, en el 15M, unos pocos decidan por todos, que sea la asamblea la que tome tal decisión, es encomiable y esperanzadora. No sólo porque sería lo contrario del funcionamiento que defiende y ha practicado el 15M hasta ahora, sino también porque era necesario y urgente poner fin a las suspicacias del embrollo suscitado por la convocatoria, en solitario y con una retórica casi partidista, de la Plataforma En Pie. Además de ser la única manera de movilizar a la gente y de hacerla asumir plenamente el desarrollo de las acciones.

Lo importante en este preciso contexto es asegurar el éxito de esa acción o minimizar los daños colaterales que pueda producir: tanto por la precipitación como por la insuficiente consulta previa. Es de esperar pues que la Coordinadora del 25S sepa valorar los pros y los contras de tal acción para el 15M y el movimiento social actual, además de asegurar que el contenido político de la misma sea suficientemente claro y contundente. No sólo para que esa movilización sea una denuncia consecuente y radical de la clase política y su sistema de funcionamiento, sino también para que ni ésta ni los medios a su servicio puedan desvirtuar esa acción. Lo que estaban logrando valiéndose de la retórica politiquera y además completamente irrealista, utópica, de la Plataforma En Pie, que llamaba a tomar el Congreso para abrir «un proceso constituyente…».

El Congreso de los Diputados es, sin duda alguna, una de las instituciones más representativas del compromiso de la clase política con el sistema de Poder de la burguesía. Ese Poder que nos ha conducido a la situación de retroceso social actual. Ponerlo en el ojo de mira de lo que denuncia el 15M y responsabilizarlo de lo que sucede es una buena decisión. Lo imperioso ahora es conseguir que la movilización sea el verdadero reflejo de lo que nos unió desde el comienzo del 15M,  ese grito que lo dice todo: «No nos representáis». Que queden bien evidenciadas la causas de nuestra indignación, para que las víctimas identifiquen a los responsables de su situación.

Sobre el 15M

Es obvio que la reflexión sobre el 25S implica ya una reflexión sobre lo que debe ser el 15M y su modo de funcionar en el futuro. No obstante, me parece que después de esa acción será necesario integrar el balance de la misma y reflexionar más profundamente aún sobre los aspectos de funcionamiento y los objetivos políticos del 15M.

Sobre el funcionamiento, porque es evidente que aún siendo encomiable y esperanzadora la decisión de sustituir la Plataforma En Pie por la Coordinadora del 25S, por ser ésta más representativa del colectivo 15M que lo era aquella, aún estamos lejos de que sean TODOS los que decidan en el 15M. No sólo por lo difícil de conseguirlo con la estructura organizativa (asambleas) que se ha dado el movimiento, local y nacionalmente, sino también porque la urgencia de la toma de decisiones no permite la mayor parte de las veces el esperar un verdadero consenso, una unanimidad. Y eso obligará a replantear seriamente el proceso decisorio: ¿mayoría, derecho de las minorías a actuar por su cuenta, etc.? Tanto por cuestiones de eficacia como de ética; pues parece razonable intentar conciliar las dos.

Claro que es necesario impedir que unos pocos decidan por todos; pero evitando condenar a los pocos a la inacción. ¿Cómo lograrlo? Quizás lo más democrático sea preservando pues el derecho de los minoritarios a hacer otra cosa que la decidida por los mayoritarios; pero a condición de hacerlo en su nombre y no en el de TODOS. No olvidemos que el Poder y los partidos y organizaciones sindicales mayoritarias utilizan ese argumento («que unos pocos decidan por todos») para impedir que los minoritarios (los sindicatos y organizaciones más radicales, el 15M, etc.) actúen. Además de que tampoco son una garantía absoluta de justicia y eficacia las decisiones mayoritarias e inclusive los consensos.

Sobre los contenidos políticos también se deberá profundizar más. Y ello no sólo porque, como dice Rafael Cid, «la fase de movilizaciones, por si sola, corre peligro de adocenarse en un ritualismo placebo, sin consecuencias políticas determinantes», sino porque éstas pueden también culminar en reveses, y éstos no se transforman siempre «en un elemento más del aprendizaje para construir el imaginario social anhelado», aunque el traspiés se haga desde una «posición de reivindicación democrática pacífica».

Sin duda será necesario profundizar en la reflexión para, en un primer tiempo, preservar y si posible aumentar la indignación, de cuantos se movilizaron el 15M contra la actual situación económica, social y política. Y después intentar sumar a los que, aún siendo víctimas de ella, no lo hicieron entonces. Preservar y aumentar la indignación; pero también las principales convicciones expresadas por los indignados en sus lemas que causaron tanta sorpresa y tanto miedo entre la clase dirigente: «No nos representan», «Queremos decidir todos», «No queremos dirigentes», etc., etc. Y ello porque me parece que es este potencial crítico el que puede dar a la crítica del sistema una radicalidad decisiva para pesar en las decisiones de los que arriba deciden o, por lo menos, para que las sociedades sean mañana menos manipulables que lo son hoy. 

Octavio Alberola
30 de agosto de 2012



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