No estaría de más recordar que la palabra «anarquismo» está plagada de
semantemas peyorativos: desorden, anomía, irracionalidad, excentricidad, caos,
etcétera. Fue Proudhon quien, para evitar tal impresión, comenzó escribiendo an-arquismo,
con el subsiguiente guión moderador entre la preposición y el sustantivo. Pero
tal guioncito no fue respetado, y el mismo Proudhon acabó escribiendo la
palabra sin guión. Si la anarquía ha venido a ser sinónimo de socialismo
libertario en la práctica histórica, para el orden establecido —y también para
el orden que espera su turno para establecerse— ha sido sinónimo de las
situaciones más confusas y descontroladas ante las que es necesario cerrar
filas y adoptar medidas enérgicas.
