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martes, 19 de junio de 2018

ÒSCAR MURCIANO: «COS A TERRA, QUE ENS DISPAREN PAU SOCIAL»




Aquestes setmanes, i fora de l’atenció principal dels focus mediàtics, s’estan definint tres grans pactes dels quals tindrem notícia un cop tancats, novament simbolitzats amb alguna de les acostumades fotografies de rigor. Govern, patronal i sindicats majoritaris es donaran la mà per enèsima vegada i celebrarem acords d’estat més grans, tots junts, remant en la mateixa direcció.

Un d’aquests pactes estatals és un altre acord de negociació col·lectiva, un document on, teòricament, sindicats majoritaris i patronals defineixen els punts que es considera que han de ser el model per als convenis sectorials. A la pràctica, es tracta de les condicions que tenen com a objectiu reduir la conflictivitat laboral en les diferents negociacions.
És curiós perquè, fins a on jo sé, és precisament la mobilització el que permet anivellar aquestes taules i arrencar concessions rellevants. Es tracta d’un model de pacte social que acumula grans èxits en anteriors edicions, com ara la desvinculació de l’IPC com a barem per als increments mínims de conveni i l’aposta per retribucions flexibles i no consolidables.
El segon gran acord que s’està cuinant és la modificació d’alguns aspectes de la reforma laboral del 2012, que va provocar la pitjor caiguda de les condicions laborals de la classe treballadora dels darrers 30 anys. I és que ara passem de derogar-la sencera a acceptar només retocar alguns aspectes mentre es consoliden els altres.
Finalment, el Pacte de Toledo (partits, sindicats majoritaris i patronals) està enllestint petits retocs per anar tirant amb un ­model sostingut de pensions ínfimes i pitjors condicions per al futur. Cal tenir ben present que l’increment de l’edat de jubilació de 65 a 67 anys té la signatura del partit que ara governa i els mateixos sindicats que formen part d’aquesta nego­ciació.
Empíricament, els resultats de dècades de pau social són prou clars: segons l’Eurostat, l’estat espanyol és el país amb més desigualtats de tota la Unió Europea; l’any 2017, els beneficis empresarials van créixer un 9,2%, mentre que el salari mitjà ho va fer un 0,1%; i el nombre de rics a l’estat espanyol creix un 60% des de la crisi, mentre que les persones en situació de pobresa han passat del 19,7% al 22,3%. Amb aquestes regles del joc algú està guanyant, certament, i no som nosaltres.
Potser la causa la podríem trobar en la contenció conscient del conflicte: les hores de vaga estan en mínims històrics si exceptuem aquest darrer any, en què l’empenta de sindicats alternatius, amb una força creixent, ha permès incrementar-ne el nombre. I amb aquest increment han arribat victòries reals i tangibles sobre l’empresariat. Tothom que militi en un sindicat sap com de difícil és organitzar una vaga, i si la plantilla n’ha perdut el costum, encara més. 
Aquesta pau social que és venuda com un valor en si mateix és en realitat la cadena que ens manté lligades a un terreny de joc on només optem a rebre engrunes. Una pista del que cal fer: ja que els poders econòmics posen tanta cura a contenir el conflicte, potser és conflicte el que han de tenir. I sent així, qui l’intenti desactivar afavoreix un bàndol que no és el nostre.
Òscar Murciano


lunes, 11 de septiembre de 2017

EMILI CORTAVITARTE: «EN EL 75 ANIVERSARIO DEL FUSILAMIENTO DE JOAN PEIRÓ»



En el 75º aniversario del fusilamiento de Joan Peiró

La forja de un revolucionario

Joan Peiró nació el 18 de febrero de 1887 en Sants (Barcelona). Comenzó a trabajar, aún niño, en un horno de vidrio de La Bordeta. Posteriormente, y siempre en el mismo sector, trabajó en Poble Nou y en Badalona. En 1907 se casó con Mercè Olives, obrera textil, y tuvieron cinco hijos.

Él mismo sitúa su iniciación sindical en 1906. La década siguiente asumió importantes responsabilidades: secretario general de la federación local de sindicatos de Badalona (1915-1916), secretario general de la Federación Española de Vidrieros y Cristaleros (1916-1920), director de La Colmena Obrera (órgano de los sindicatos badaloneses) y de El Vidrio (portavoz de los vidrieros federados).

Influenciado por el sindicalismo revolucionario francés (la Carta de Amiens y la CGT), mantuvo contactos con activistas de la CNT, pero no se vinculó hasta 1918, después del Congreso de Sants, donde fue elegido miembro de la comisión redactora de los estatutos de la CNT catalana.[1]

Los difíciles años veinte

En 1920, Peiró se trasladó de Badalona a Barcelona y durante tres meses vivió exclusivamente dedicado a la organización. El mismo año sufrió dos atentados, fue detenido y pasó por las prisiones de Soria y Vitoria.

En 1922 asumió la Secretaría General de la CNT y durante su gestión se celebró la Conferencia de Zaragoza, de la que destacaremos la propuesta de referéndum entre los sindicatos para decidir la permanencia o salida de la CNT de la Internacional Sindical Roja (ISR) y su adscripción a la reconstruida Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Y la aprobación de un dictamen elaborado por Peiró y firmado también por Seguí, Pestaña y Viadiu, conocido como la moción política de Zaragoza, en el que se proclamaba la total implicación de la CNT en «los problemas morales, económicos, sociales y políticos» de la clase trabajadora. La CNT se definía como «un organismo netamente revolucionario... a la vez integral y absolutamente político puesto que su misión es la de conquistar sus derechos de revisión y fiscalización de todos los valores evolutivos de la vida nacional y... ejercer la acción determinante por medio de la coacción derivada de los dispositivos y manifestaciones de fuerza de la CNT».[2]

En agosto de 1922, Peiró se estableció en Mataró. En 1925 dirigió la constitución de la Cooperativa del Vidrio, que anteriormente había intentado organizar con un régimen cooperativista mixto.[3]

Fábrica Cooperativa del Vidrio de Mataró. 

Joan Peiró es el primer trabajador que parece en la izquierda de la foto.


El golpe de Estado de Primo de Rivera situó a la CNT en la clandestinidad. Peiró fue enviado a prisión en 1925, 1927 y 1928 y fue nombrado nuevamente secretario del Comité Nacional de la CNT entre 1928 y 1929.

Durante esta etapa se elaboraron algunos de los elementos claves de su pensamiento sindical, social y político: los sindicatos eran organismos de clase; el anarquismo no podía regular el funcionamiento de la CNT; era necesaria una transformación de la Confederación, «de la que sólo queden en pie la substancialidad de los principios y procedimientos del sindicalismo revolucionario»; el sindicalismo había de basarse en la defensa de los intereses de los trabajadores y en el establecimiento de la solidaridad de clase y constituía «la fuerza que derribe a la sociedad capitalista y el medio por el cual se articulará el mecanismo de la producción». Para no caer ni en el reformismo ni el corporativismo era necesaria la influencia, sin imposición, del anarquismo: «queremos la anarquización del sindicalismo y de las multitudes proletarias, pero mediante el previo consentimiento voluntario de éstas y manteniendo la independencia de la personalidad colectiva del sindicalismo».[4]

Se opuso a la legalización de los sindicatos confederales mediante la aceptación de los jurados mixtos, oponiéndose a «cuanto significara reformismo» y para «evitar el olvido completo de los principios y normas de la CNT... con vistas al mañana». Esta postura le llevó a una fuerte crítica de la actuación colaboracionista de la UGT y un duro ataque a Pestaña, con el que compartía otras posiciones, que provocó la dimisión del Comité Nacional de la CNT y frustró cualquier maniobra de aceptación de los comités paritarios de la dictadura.

República y escisión

Peiró mantuvo contactos con las fuerzas opositoras a la dictadura y a la monarquía. En 1930 firmó el manifiesto de «Inteligencia Republicana», pero un alud de críticas internas le lleva a retirarla e incluso a plantearse su retirada de la vida pública. El mismo año fue nombrado, por un pleno de sindicatos, director de Solidaridad Obrera.[5]

Desde diferentes publicaciones (Despertad, Acción, Mañana, Solidaridad Obrera) defendió la estructuración de los sindicatos en federaciones de industria: en el presente, para enfrentarse en mejores condiciones a la concentración industrial y a las organizaciones patronales; en el futuro, las federaciones se responsabilizarían de las complejas tareas de la producción en la revolución social.

En el Congreso Extraordinario de la CNT (Madrid, junio de 1931) se consiguió un apoyo masivo a las federaciones de industria frente a las tesis de quienes defendían modelos organizativos únicamente territoriales.

En agosto de 1931, Peiró firmó junto a otros 29 destacados militantes de la CNT (Pestaña, López, Gibanel, Alfarache, Piñón...) el «Manifiesto Trentista». En él se hacía una descripción de la situación económica y social a la que se califica de «honda tragedia colectiva» y se acusaba al gobierno republicano de haberse «colocado en situación contemplativa cuando se ha tratado de mermar privilegios, de destruir injusticias...»; para, posteriormente, criticar una visión minoritaria, simplista y espontánea de la revolución, reclamarse «revolucionarios, sí; pero no cultivadores del mito de la revolución», «...la Confederación es una organización revolucionaria, no una organización que cultiva la algarada, el motín... el culto de la violencia, de la revolución por la revolución».[6]

En el pleno de la CNT catalana (Sabadell, abril de 1932) se provocó la salida de los sindicatos sabadellenses de la CNT, la dimisión de Pestaña del Comité Nacional y la de Mira como secretario del Comité Regional. A finales de 1932 se constituyó la Federación Sindicalista Libertaria y durante 1933 se fueron añadiendo a esta escisión los llamados sindicatos de oposición. Peiró participó en este proceso, pero nunca en responsabilidades destacadas y siempre buscando puntos de retorno. Sus principales actividades se centraron en sus escritos en Cultura Libertaria y Sindicalismo y en su dedicación a la cooperativa del vidrio de Mataró. En 1935, formuló una serie de condiciones mínimas para la reunificación.[7] Ésta se produjo en 1936.

Revolución y guerra: de la cooperativa al ministerio

En julio de 1936 asumió una vicepresidencia del Comité Antifascista de Mataró. Entre agosto y octubre denunció en diversos medios (Solidaridad Obrera, Llibertat) la irresponsabilidad de los grupos incontrolados y sus prácticas que deshonraban la Revolución.[8]

También expuso sus opiniones sobre la necesidad de un esfuerzo económico de guerra basado en el control sindical de la producción y en la eficiencia del proletariado; de un mando único (sin discriminación de los diferentes sectores ideológicos de las milicias) y de la «profesionalización» de la guerra; y de la entrada de la CNT y de la FAI en los gobiernos de Catalunya y de España, para evitar actuaciones contrarias a los intereses futuros de la clase obrera y para afirmar la posición de la CNT y su papel en el triunfo sobre la sublevación militar. Igualmente, planteó una República Social Federal como forma de gobierno para la etapa posterior a la guerra.[9]

Fue uno de los cuatro ministros de la CNT (junto a García Oliver, Montseny y López) en el Gobierno de Largo Caballero. Desde el Ministerio de Industria ideó un decreto de incautaciones y de intervención en la industria y la minería. No se trataba de una nacionalización, el gobierno republicano colaboraba en la gestión que era responsabilidad de las organizaciones sindicales y respetaba los procesos de colectivización. También proyectó la creación de un banco de crédito industrial que redistribuyese los beneficios de determinadas empresas para cubrir déficits de empresas necesarias y nuevas inversiones. La oposición sistemática de Negrín, ministro de Hacienda, retrasó sus proyectos o los dejó reducidos a determinados sectores (textil, minas de Puertollano y Peñarroya).

La crisis de mayo de 1937 en Catalunya provocó la salida de la CNT de los gobiernos de la Generalitat y la República. Peiró retornó a su trabajo, dio conferencias sobre su actividad gubernamental[10] y publicó una serie de duros artículos contra el PSUC y el PCE a los que acusaba de la persecución del POUM y de ampararse en la unidad antifascista para extender su influencia. En agosto, se hizo cargo de la dirección del Catalunya, vespertino en catalán de la CNT.
En abril de 1938, la CNT entró de nuevo en el gobierno republicano y fue nombrado comisario general de Energía Eléctrica. En aquella época, Peiró preparaba un libro sobre la más adecuada gestión de los recursos económicos de España. Sus artículos recogen la crítica a las nacionalizaciones de las empresas, excepto algunas de carácter estratégico, y su defensa de las colectivizaciones como forma de que los trabajadores realizaran las tareas de gestión y dirección de la producción.[11]



En los últimos meses de la guerra, sus escritos combatían el derrotismo y alertaban sobre el quintacolumnismo e iniciaban a una revisión del anarcosindicalismo desde la reciente experiencia de la revolución y la guerra.[12]

Exilio, detención y entrega al régimen franquista por la Gestapo

Atravesó la frontera francesa el 5 de febrero de 1939, acompañado de su hijo Josep. Tras unos días de detención y una corta estancia en Perpinyà, se reencontró con el resto de su familia en Narbona. Posteriormente se trasladó a París para representar a la CNT en la Junta de Ayuda a los Refugiados Españoles (JARE). La función de Peiró fue la de sacar de los campos de concentración franceses a refugiados de la CNT, auxiliarlos y procurarles el viaje a México.
A pesar de que era consciente de que la invasión nazi impediría nuevas partidas, no tomó el último avión hacía México y permaneció en Francia para no abandonar ni a los exiliados ni a su familia.

En la huida de París hacia Narbona fue detenido por las tropas alemanas y conducido de nuevo a la capital. La policía francesa, para evitar su caída en manos de la Gestapo, le entregó una orden de expulsión del país. Fue detenido nuevamente, entregado a las tropas nazis, y trasladado a Tréveris (Renania).[13]

En enero de 1941, el Ministerio de Asuntos Exteriores franquista, dirigido por Serrano Súñer, inició los trámites de extradición. El 19 de febrero, Peiró fue entregado a las autoridades franquistas en Irún. Como en otros casos, se trataba de una simple entrega de indeseables entre dos regímenes aliados.[14]

Consejo de guerra y fusilamiento

Peiró pasó primero por la Dirección General de Seguridad de Madrid, donde fue sometido a interrogatorios y malos tratos. Su primera exculpación, basada en su oposición a las brigadas de control y su defensa de determinadas personas ante los consejos de tribunales revolucionarios, fue confirmada por la policía de Barcelona. No obstante, el delegado de información de FET y de las JONS de Mataró le acusó por omisión de crímenes y robos.

El proceso fue aplazado de manera excepcional, no acostumbraban a pasar más de dos meses entre la entrega y la sentencia condenatoria. Fue trasladado, en abril de 1941 a Valencia. Hasta diciembre no se abrió el proceso sumarial. Esta tardanza parece que tuvo relación directa con los intentos de una parte del régimen de convencerlo para que asumiera la dirección de los sindicatos franquistas. Su negativa aceleró el proceso. El fiscal formuló sus acusaciones en mayo de 1942, el defensor militar de oficio fue nombrado en junio y el 21 de julio se pronunció sentencia.

En el juicio militar, declararon a favor de Peiró una serie de personas vinculadas a los vencedores. De nada sirvieron, la Falange de Mataró aumentó el tono de las acusaciones y el fiscal incluso le hizo responsable de la Semana Trágica de 1909. La sentencia fue pena de muerte y no tramitación expresa de propuesta de conmutación. El 24 de julio, Peiró —junto a otros seis cenetistas— fue fusilado en el campo de tiro de Paterna.[15]

75 aniversario

En 1989, por expreso deseo de su familia y después de múltiples gestiones, los restos mortales de Joan Peiró fueron trasladados al cementerio viejo de Mataró, donde reposan junto a los de su compañera. Desde entonces, cada 24 de julio, la CGT, otras organizaciones sindicales, ciudadanas y políticas y muchas personas participan en el acto de homenaje en dicho cementerio.

Este año, con motivo del 75 aniversario, se ha constituido una comisión ciudadana en Mataró que organiza todo una serie de actos, conferencias, espectáculos y reconocimientos diversos.[16]
En paralelo, en Sants y Badalona, sus respectivas comisiones de memoria histórica, organizarán también eventos en recuerdo de Peiró. La Fundación Salvador Seguí participa activamente en todas estas iniciativas.
Emili Cortavitarte Carral


Publicado en Rojo y Negro, julio-agosto de 2017 

Notas:



[1]Gabriel, Pere: Joan Peiró. Escrits 1917-1939, Edicions 62 (Barcelona, 1975), pp. 7-12.
[2] Buenacasa, Manuel: El movimiento obrero español 1886-1926, Ediciones Júcar (Madrid, 1977), pp. 83-90.
[3] Colomer, Margarida: Cooperativisme i moviment obrer; Editorial Alta Fulla (Barcelona, 1986).
[4] Trayectoria de la Confederación Nacional del Trabajo, editado en Mataró en 1925. También, en Gabriel, P.; pp 17-18 y 63-109.
[5] Tavera, Susanna: Solidaridad Obrera (1915-1939), Diputació de Barcelona (Barcelona, 1992), pp 50-57.
[6] Vega, Eulàlia: El trentisme a Catalunya, Curial (Barcelona, 1980), pp 255-260.
[7] Vega, Eulàlia: Entre revolució i reforma. La CNT a Catalunya (1930- 1936), Pagès Editors (Lleida, 2004).
[8] Peiró, Joan: Perill a la reraguarda, Editorial Alta Fulla (Barcelona, 1987).
[9] Gabriel, P., pp. 27-28 y 495-514.
[10] Se publicó un folleto con el título De la fábrica de vidrio de Mataró al Ministerio de Industria, Ediciones de la Comisión de Propaganda y prensa del Comité Nacional de la CNT, (Valencia, 1937) .
[11] Gabriel, P., pp. 30-32 y 515-559.
[12] Problemas y cintarazos, su última producción, se imprimió en Rennes en 1946.
[13] Peiró Olives, José: Juan Peiró, teórico y militante del anarcosindicalismo español, Foil (Barcelona, 1978), pp. 79-97.
[14] Balcells, A., pp. 215-220.
[15] Balcells, A., pp. 220-251.
[16] www.cooperadorsdemataro.coop/joanpeiro/

martes, 6 de mayo de 2014

ENTREVISTA A ERMENGOL GASSIOT, SECRETARI GENERAL DE LA CGT DE CATALUNYA


Ermengol Gasiot (al centre) davant l'Ajuntament de Terrassa l'any 2009


Com ja és tradició, hem arribat al primer de maig amb un imparable augment de l’atur i la pobresa a Catalunya, on ja són 95.100 les llars que no reben cap tipus d’ingrés. En aquest context, augmenta el nombre de vagues i la conflictivitat laboral mentre disminueix la filiació als sindicats majoritaris. Els Governs de CiU i el PP aprofiten per marejar una població esgotada davant les retallades assenyalant una suposada recuperació econòmica, i augmenta proporcionalment la repressió als moviments socials i les nombroses precàries. D’aquestes i altres qüestions ha conversat La Directa amb Ermengol Gassiot, professor “retallable” —tal com es defineix— d’Arqueologia a la UAB i nou Secretari General de la CGT de Catalunya.

Existeixen escletxes per que calin discursos sobre una suposada recuperació econòmica en un context de continua destrucció de llocs de treball?
Si els Governs han impulsat aquest aparell propagandístic que porten des dels famosos brots verd per convèncer la gent de que les mesures de reforma laboral i ajust salvatge han tingut conseqüències positives, això vol dir que esperen que aquest discurs tingui un cert ressò, encara que sigui en el sentit de frenar una resposta contundent. Les dades de l’Enquesta de Població Activa ja fa temps que es venen repetint: una suposada reducció de l’atur però en un context també de reducció de l’afiliació a la Seguretat Social. I això és perquè hi ha gent que surt del sistema, perquè ni treballa ni rep l’atur, o simplement perquè se’n va a l’estranger. I aquesta campanya de disfressar la realitat pot tenir un cert ressò, sobre tot si compten amb la complicitat d’uns sindicats que han pactat amb els Governs de CiU i PP per continuar amb la pau social.

Les darreres dades reflecteixen un augment de la conflictivitat laboral, mentre que els sindicats majoritaris no paren de perdre afiliació. Aquesta represa de la pau social pot tenir alguna cosa a veure?
En una situació de conflicte qui porta les de guanyar li interessa reduir el conflicte, com va passar durant el franquisme. Avui dia els qui estan guanyant en la batalla de la retallada de drets els interessa fer-nos creure que està tot molt tranquil i que si vols lluitar en el teu lloc de treball estàs sol. Això va passar fins i tot durant el 15M, quan es deia que la gent sortia a les places mentre que no enfrontava el conflicte als centres de treball. Però la realitat és una altra, perquè les xifres de vagues i augment de la conflictivitat laboral en els darrers anys així ho demostren. Part de la batalla que tindrem en els propers mesos seran una batalla ideològica, en la qual nosaltres ens haurem de creure la força real que tenim. I en el moment en que ens ho creiem, que tremolin.

Com es pot vincular la lluita al lloc de treball amb la lluita social?
Hem d’alliberar l’acció sindical dels límits de l’empresa, ja que així també eliminem els límits que marca el fet de tenir un contracte formal en una empresa, i adquireix molta més importància un sindicalisme com a moviment social. Integrem moviment social i sindicalisme, d’una banda, portant els conflictes a fora i, de l’altra, fent que la capacitat de lluita a fora repercuteixi a dins. Aquesta és la millor manera també per integrar a la lluita les persones que han estat expulsades del món del treball.

I recuperar el suport mutu?
En el moment en que es prohibeixen les vagues per solidaritat, durant la construcció del model sindical a la transició, s’afebleix greument la lluita sindical. Es trenca la solidaritat i el suport mutu, que era la principal força que havia tingut el sindicalisme en aquelles dècades. Ara ens hem de començar a plantejar la recuperació del suport mutu per replantejar-nos el sindicalisme, recuperant així el sindicalisme que practicaven els nostres avis i que hem perdut pel camí.

Un dels reptes que us heu plantejat al darrer Congrés de la CGT de Catalunya és intentar organitzar les persones precàries, immigrants sense papers o treballadores de l’economia submergida. Això com es fa?
Una persona que se’n vagi a l’atur no ha de veure la seva capacitat d’acció sindical eliminada, i per això és tan important recuperar mecanismes de solidaritat. Es tracta d’utilitzar els mitjans que tenim per confluir amb els col·lectius socials. I això també pel que fa a un treballador o treballadora immigrant. Si no té papers, la seva capacitat de lluita serà la que serà, davant el perill que l’enviïn a un CIE, i no el podem obligar a fer el que nosaltres mateixos tampoc no faríem. Però podem defensar les seves condicions laborals exercint pressió social des de fora, fent “escraches” al patró, per exemple, i així també fem acció sindical. El paper de delegats i comitès d’empresa queda replantejat amb aquest tipus d’estratègies.

Què penseu fer davant l’augment de la repressió? Correu el risc de que us paralitzi com a sindicat?
Aquest és un tema que els moviments socials en general, i el sindical com una part d’aquests, ens haurem de replantejar. Bàsicament perquè si nosaltres optem per posar el conflicte sobre la taula, això vol dir que entrarem en conflicte amb la legislació. Segurament els límits els haurem de pensar en termes de l’eficàcia de la lluita que fem i no en termes del que es pot fer o no, i això comportarà haver d’afrontar situacions de repressió com ja venim fent. De totes formes, si el nostre objectiu es augmentar el conflicte haurem d’esquivar la repressió que ens impedeixi augmentar-lo.


Entrevista realitzada per Homera Rosetti publicada al setmanari Directa.