En época de necesidad
económica como la que experimentamos actualmente en todos los países, es cuando
uno puede darse cuenta claramente del vigor de la fuerza moral que vive un
pueblo. Esperemos que un historiador que pronuncie juicios en el futuro, pueda
decir que la libertad y el honor se salvaron gracias a las naciones de
Occidente que, en épocas difíciles, se opusieron rotundamente al odio y a la
opresión; y que fue Europa Occidental la que defendió con éxito la libertad
individual que nos ha proporcionado todos los avances en el conocimiento: esa
libertad sin la cual la vida de un hombre no tiene valor.
No es mi intención
actuar como juez de una nación que por muchos años he considerado como la mía;
por otro lado es una pérdida de tiempo juzgar en una época en que sólo los
hechos cuentan.
Hoy la cuestión que nos interesa a nosotros es la siguiente:
¿cómo podemos salvar a la humanidad y todas sus adquisiciones espirituales que
hemos heredado? ¿Cómo podemos salvar a Europa de un nuevo desastre?

