En el momento en que
escribimos estas líneas, la zona autónoma temporal #12M15M dista mucho de
haberse acabado: #cacerolada500, #occupymordor, #blockupy y otros eventos
siguen proyectando las movilizaciones en (y más allá de) las plazas. El 15M
sigue sin funcionar como etiqueta con la que acotar, identificar, reificar,
pero, sobre todo, sujetar la multitud de singularidades que componen hoy el
precariado rebelde. Allí donde se ha querido ver el 15M como un momento para la
impostación, la nostalgia o el olvido, nos ha vuelto a sorprender con toda la
riqueza creativa del movimiento.
Y es que la ZAT
#12m15m ha conseguido marcar un momento antagonista que vuelve a reconfigurar e
impulsar estratégicamente las luchas del último año. En la perspectiva del
tiempo transcurrido y en la práctica de estos días se ha concretado ya todo un
repertorio de acción colectiva desobediente, disruptiva y eficaz. Tal vez los
escenarios de conflicto que nos depara el ataque de la derecha sean los más duros
y difíciles que hayamos conocido. Y cuanto peor, peor, qué duda cabe. Con todo,
la buena noticia es que el horizonte abierto de la política no se cierra y
decidir de consuno sigue siendo posible.
