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miércoles, 9 de diciembre de 2020

CICLE DE CONFERÈNCIES «UNA HISTÒRIA DE TERRASSA» 2020



9 de desembre, a les 18:30h
Història Antiga: Domènec Ferran i Gemma Garcia. Modera: Sílvia Comellas.


13 de desembre, a les 18:30h
Història Medieval: Joan Soler. Modera: Cristina Coll.


20 de gener, a les 18:30h
Història Moderna: Marc Ferrer i Anna Vila. Modera: Marc Garcia.


27 de gener, a les 18:30h
Història Contemporània: Bernat Pizà, Jan Brugueras, Manel Marquez i  Marcel Taló. Modera: Daniel Claveria.







 

viernes, 28 de febrero de 2014

LA REBELIÓN JUVENIL DE LOS AÑOS SESENTA


En la Europa de la posguerra que siguió a la Segunda Guerra Mundial se encuentra el origen de nuevos comportamientos sociales cuyos actores fueron los miembros de una juventud insatisfecha y descontenta con el mundo que les había tocado vivir. Este desasosiego o malestar, como se le quiera llamar, motivaría a miles de jóvenes a reunirse en grupos muy específicos, marginales, y a mantener unas actitudes sociales especiales, siempre acorde con la protesta y la crítica de la sociedad.

Este proceso se inició ya en los años cincuenta (siglo XX) y en ciertos aspectos se ha prolongado hasta nuestros días. Varios fueron los factores que se combinaron para dar lugar a la explosión de la juventud occidental, en Europa y en Estados Unidos.

Entre la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría

El primero de los factores a destacar fue la barbarie que representó la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que dio lugar a la eclosión de movimientos pacifistas a los que se habrían de adherir miles de jóvenes, que a lo largo de los años cincuenta y más adelante manifestarían su repudio por la Guerra Fría y su rechazó al terror nuclear.

A este factor cupo añadírsele la atracción que sobre la juventud europea ejerció, también a mediados de los años cincuenta del siglo XX, la corriente filosófica del existencialismo. Esta corriente, cuyas figuras centrales fueron el filósofo Jean-Paul Sartre y el escritor Albert Camus, analizaba el mundo desde una perspectiva atea y lo entendía como un absurdo, al que Sastre acabó dándole sentido con un contenido marxista y Camus con uno humanista. En cualquier caso, sus postulados eran eminentemente antiburgueses y, en consecuencia, anticapitalistas.

Otro factor importante derivaría de la reconstrucción europea de la posguerra, posible mediante la ayuda estadounidense concebida en el Plan Marshall. Reconstrucción que, ante el temor al comunismo, las élites políticas y las fuerzas económicas liberales dominantes en la época dieron unos contenidos dirigidos hacia una distribución más equitativa de la riqueza entre las diversas capas sociales. Se practicó una reconstrucción desde una perspectiva socialdemócrata, reformista, y no desde posiciones ideológicas netamente liberales. Surgió así el Estado del Bienestar en Europa occidental (excepto en España, donde la dictadura del general Franco impidió que la población pudiera beneficiarse de aquella ayuda).

Y surgieron también unas nuevas clases medias en gran medida dominadas por un nuevo y creciente valor: el consumismo, sustitutivo del valor tradicional que era el ahorro. Con el paso de los años, el consumismo sería aborrecido por crecientes capas de la juventud europeo-occidental y estadounidense, y su rechazó culminaría en los sangrientos episodios habidos en Estados Unidos y Europa, donde culminaron con el estallido del Mayo de 1968 francés, como se verá más adelante.

domingo, 10 de noviembre de 2013

¿QUIÉN FINANCIÓ LA GUERRA CIVIL?


El empresario y economista José Ángel Sánchez Asiain analiza en la obra La financiación de la guerra civil española, ganadora del Premio Nacional de Historia de España, el sistema financiero del gobierno republicano y del ejército de Franco durante la contienda bélica, así como sus principales financiadores.


Antes incluso de comenzar la descripción del sistema financiero de la República española y del ejército de Franco, señalado en la obra como Gobierno de Burgos, José Ángel Sánchez Asiain, autor de la obra La financiación de la guerra civil española, ganadora del Premio Nacional de Historia de España, hace la siguiente reflexión: la Guerra Civil la pagaron los ahorros y el sufrimiento de los ciudadanos del Estado español. «La República pagó el coste del la Guerra Civil con cargo al ahorro que los españoles habían acumulado en el pasado, y el Gobierno de Burgos lo financió con el ahorro futuro. Con lo que los españoles se iban a ver obligados a dejar de consumir en los años sucesivos para satisfacer esa deuda de guerra», escribe el autor. 


A partir de ahí, la obra realiza un análisis pormenorizado de las ayudas financieras que recibió cada uno de los contendientes, el sistema financiero de los dos territorios, el comportamiento de la banca y las cajas de ahorro, la financiación exterior, y los diferentes sistemas de captación de fondos de ambos bandos en sus respectivas sociedades. El presente artículo, dada la extensión del análisis de la obra de Sánchez Asiain, se limita a recoger los nombres, entidades financieros o países que  prestaron dinero al Gobierno republicano o a los sublevados, sin entrar en los métodos de recaudación en el interior mediante suscripciones e incautaciones o responsabilidades políticas por daños de guerra. 

Una de las principales conclusiones que se pueden obtener de la detenida lectura de la obra en los mencionados aspectos es que, por una parte, prácticamente nadie, salvo la URSS y de una manera muy discreta Francia, comerció con la República española ya sea por miedo al comunismo o a sus aliados nazi-fascistas. Y, por otro lado, que el golpe de Estado que provocó la Guerra Civil y que tuvo su única justificación en la consigna de «salvar España» estuvo financiado prácticamente en su integridad por capital extranjero que impuso altos intereses. Curiosa manera de salvaguardar los intereses de España.