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| Fotografía de Sergi Fuster |
Josep Fontana (Barcelona, 1931) es
uno de los más prestigiosos historiadores españoles. Fue discípulo de Jaume Vicens Vives y se
especializó en historia económica contemporánea. Militó en el PSUC de la
clandestinidad, pero se distanció de él durante la Transición. Ahora se declara
favorable a la independencia de Cataluña bajo ciertas condiciones. Esta
conversación [con Enric González] se desarrolla en su domicilio, un piso muy cercano al Paralelo
barcelonés.
Usted
fue discípulo de Jaume Vicens Vives.
Sí,
entre otros.
En las
próximas elecciones catalanas, ¿qué cree usted que votaría Vicens Vives?
Es
difícil saberlo. Por extracción social y por manera de pensar, la lógica dice
que habría votado por CiU. Pero si hubiera vivido todos estos años habría
pasado por tal cantidad de desengaños y cabreos que dudo mucho que lo tuviera
claro.
Hablando
de desengaños, ¿tiene alguna cosa que ver el colapso de las alternativas
revolucionarias con lo que está ocurriendo en Cataluña?
El
colapso de las alternativas tiene que ver con todo. Es un factor determinante.
El sistema establecido se siente seguro y tranquilo porque por primera vez
desde 1789 puede dormir bien, no hay ninguna amenaza global que parezca que
pueda desmontar el sistema. Sin este fracaso de quienes pensaban que era
posible una alternativa es evidente que todo habría ido de manera muy
diferente, especialmente la forma en que se hace el reparto de los beneficios
entre unos y otros. Entre 1945 y 1975 se vive una etapa feliz en los países
desarrollados, porque el reparto equitativo de los beneficios de la
productividad permite mejorar los salarios, el nivel de vida y el consumo. Pero
llega un momento, en 1968, que demuestra que ni en Occidente (el Mayo de París)
ni en Oriente (la Primavera de Praga) existe la posibilidad de cambiar las cosas
desde abajo. El mundo empresarial y financiero decide que no hace falta hacer
más concesiones. Y con Ronald Reagan y Margaret Thatcher comienza
la lucha contra los sindicatos; lo que Paul Krugman llama «la gran
divergencia», que sigue vigente actualmente, entre los ingresos de los de abajo
y las clases medias y los ingresos del 1%, los más ricos. Esto lo determina
todo.