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sábado, 12 de diciembre de 2015

MURRAY BOOKCHIN: «SEIS TESIS SOBRE MUNICIPALISMO LIBERTARIO» - TESIS VI

SEIS TESIS SOBRE MUNICIPALISMO LIBERTARIO 
Murray Bookchin

Tesis VI 

Asimismo, cuando la imagen orwelliana de «1984» sea claramente asimilable en alguna «megalópolis» de un Estado altamente centralizado y una sociedad altamente corporativizada, tendremos que ver las posibilidades que tenemos de contraponer a este desarrollo estatalista y social un tercer supuesto de práctica humana: la situación política que supone la municipalidad; el desarrollo histórico de la Revolución Urbana, que no ha podido ser digerido por el Estado. La Revolución siempre significa una dualidad de poderes: el sindicato de industria, el soviet o el consejo, y la Comuna, todos ellos orientados contra el Estado. 

Si examinamos cuidadosamente la historia, veremos cómo la fábrica, criatura de la racionalización burguesa, no ha sido nunca el lugar de la revolución; los trabajadores revolucionarios por excelencia, (los españoles, los rusos, los franceses y los italianos) han sido principalmente clases de transición, aún más estratos sociales agrarios en descomposición que se vieron sujetos del último y discordante impacto corrosivo de la cultura industrial, hoy día convertida en tradicional. Así es, en efecto; allá donde los trabajadores están aún en movimiento, su batalla es totalmente defensiva (irónicamente se trata de una batalla por mantener el sistema industrial que se enfrenta con un desplazamiento del capital y un aumento de la tecnología cibernética) y que refleja los últimos coletazos de una economía en decadencia. 

También se quiere la ciudad, pero de forma muy diferente a la fábrica. La fábrica no fue nunca un reino de libertad, siempre fue el lugar de la supervivencia, de la «necesidad», imposibilitando y disecando cualquier actividad humana a su alrededor. El nacimiento de la fábrica fue combatido por los artesanos, por las comunidades agrarias, y por todo el mundo a escala más humana y más comunal. Tan sólo la simpleza de Marx y Engels, que promovieron el mito de que la fábrica servía para «disciplinar», «unir» y «organizar» el proletariado, pudo impulsar a los radicales, ensimismados por el ideal del «socialismo científico», a ignorar cuál era el papel autoritario y jerárquico de la fábrica. La abolición de la fábrica por el trabajo ecotécnico, creativo, e incluso por componentes cibernéticos dirigidos a satisfacer las necesidades humanas, es el desideratum del socialismo en su visión libertaria y utópica; aún nos es una precondición moral para la libertad. 

Por el contrario la Revolución Urbana ha jugado un papel muy diferente. Principalmente ha creado la idea de humanitas universal y la comunalización de la humanidad a lo largo de unas líneas racionales y éticas. La revolución urbana ha levantado los límites del desarrollo humano que estaban impuestos en lazos de hermandad, el parroquianalismo del mundo pueblerino, y los efectos sofocantes de la costumbre. La disolución de las municipalidades auténticas a manos de la urbanización, marcó un punto muy grave de regresión de la vida societal: supuso la destrucción de la única dimensión humana donde se daba la asociación superior, y la desaparición de la vida civil, que justificaba el uso de la palabra civilización, así como del cuerpo político que daba identidad y significado a la palabra «política». 

A partir de este momento, cuando la teoría y la realidad entran en conflicto, uno se justificaba invocando la famosa cita de Georg Lukacs: «Que se fastidie la realidad» [«So much the worse for the facts»]. La Politica, tantas veces degradada por los «políticos», y convertida en estatalismo, tiene que ser rehabilitada por el anarquismo, y ser devuelta a su significado original, en el que suponía una participación y, una administración civil, levantándose en contraposición del Estado, y extendiéndose más allá de los aspectos básicos de interrelación humana que llamamos interrelación social. [1] 

Con un significado totalmente radical, tenemos que volver hacia las raices de la palabra en la polis, y dentro del inconsciente vital de la gente, de forma que se cree un espacio para una interrelación racional, ética y pública, que, a su vez, de lugar al ideal de la Comuna y de las asamblea populares de la era revolucionaria. 

El Anarquismo ha agitado siempre la bandera de la necesidad de una regeneración moral, y la lucha por la contracultura (usando el término en el mejor de los sentido), y en contra de la cultura establecida. Con esto se explica el énfasis que el anarquismo hace sobre la ética, y su interés por ser coherente en medios y fines, su defensa de los derechos humanos y de los derechos civiles, así como su interés respecto a la opresión dentro de cada aspecto de la vida. Sin embargo, su imagen contrainstitucional ha presentado más problemas. Conviene recordar que en el anarquismo siempre ha existido una tendencia comunalista, no sólo sindicalista o individualista. Y que además esta tendencia comunalista ha mantenido una fuerte orientación municipalista, y que puede ser extraída principalmente de los escritos de Proudhon y Kröpotkin. 

De lo que se ha carecido, sin embargo, es de un cuidadoso examen del meollo político de esta orientación: se trata de la distinción entre un momento del discurso, una forma de toma de decisiones, y un desarrollo institucional que no tiene carácter social ni estatal. 

La política civil no es tan sólo política parlamentaria; de hecho, si nos ceñimos al sentido histórico auténtico del término «política» dentro de su lugar preciso en un vocabulario radical, tiene todo el aroma de las asambleas de ciudadanos atenienses, y su heredero igualitario, la Comuna de París. 

Si conseguimos volver hacia estas instituciones históricas, y enriquecerlas con nuestras tradiciones libertarlas y nuestros análisis críticos, devolviéndolas a la vida en este mundo, tan ideológicamente confuso; estaremos trayendo el pasado al servicio del presente en una forma creativa e innovadora. 

Todas las tendencias radicales están cargadas de una cierta medida de inercia intelectual, tanto los anarquistas como los socialistas. La seguridad que nos da la tradición es tan fuerte que puede acabar con toda posible innovación, aún entre los antiautoritarios. 

El anarquismo está caracterizado por su actitud ante el parlamentarismo y el estatalismo. Esta actitud ha sido ampliamente justificada por el curso de la historia; pero también nos puede llevar a una paralización mental que, en teoría no es menos dogmática que el radicalismo electoral corrompido, en la práctica. Así si el municipalismo libertario se construye como política orgánica, esto es, una política que emerge de la base de la asociación superior humana, yendo hacia la creación de un cuerpo político auténtico y de formas de participación ciudadanas; posiblemente sea éste el último reducto de un socialismo orientado hacia instituciones populares descentralizadas. Un elemento importante dentro de la aproximación al municipalismo libertario es la posibilidad de evocar tradiciones vivas para legitimar nuestras peticiones, tradiciones que, aunque son fragmentarias e irregulares, aún ofrecen potencialidad para una política de participación con una respuesta de dimensiones globales al Estado. La Comuna está enterrada todavía en los Consejos de la ciudad (plenos de ayuntamiento); las secciones están escondidas en los barrios; y la asamblea de ciudad está en los ayuntamientos; encontramos formas confederales de asociación municipal escondidas en los vínculos regionales de pueblos y ciudades. Recuperar un pasado que puede vivir y funcionar con fines libertarlos, no es, ni mucho menos, estar cautivo de la tradición, sino que se trata de hilar conjuntamente los objetivos humanos únicos de asociación que permanecen como cualidades inherentes al espíritu humano —la necesidad de la comunidad como tal—, y que han surgido repetidas veces en el pasado. Permanecen en el presente como esperanzas que acaban de nacer, pero que la gente tiene consigo en todas épocas, saliendo a la superficie en los momentos de acción y libertad. 

Estas tesis nos anticipan la visión de la posibilidad de un municipalismo libertario, y una nueva política definible como un doble poder, que puede ser contrapuesto mediante las asambleas y las formas confederales al Estado. Tal como están ahora las cosas en el mundo orwelliano de la década de los 80, esta perspectiva de un poder doble es sin duda una posibilidad de las más importantes, entre otras, que los libertarlos pueden desarrollar sin comprometer sus principios antiautoritarios. Es más, estas tesis, apuntan la posibilidad de una política orgánica basada en formas participativas tan radicales de asociación civil, no excluyentes de la posibilidad de que los anarquistas cambien los cuadros de las ciudades y pueblos, y convaliden la existencia de instituciones democráticas directas. Y si este tipo de actividad lleva a los anarquistas a los plenos de los ayuntamientos, no hay razón para que tal política tenga que ser parlamentaria, máxime cuando mantiene un nivel civil y está conscientemente opuesta al Estado. [2] Es curioso que muchos anarquistas que celebran la existencia de las empresas industriales «colectivizadas», tanto en un sitio como en otro, y todo ellos con gran entusiasmo a pesar de que se forma parte del entramado económico burgués y que tiene una visión de la política municipal que considera con repugnancia las «elecciones» de cualquier tipo; sobre todo cuando la política está estructurada en torno a las asambleas de barrio, a los delegados revocables, a las formas de contabilidad radicalmente democráticas y a los vínculos locales fuertemente enraizados. 

La ciudad no es congruente con el Estado. Ambos tienen orígenes muy diferentes y han jugado papeles muy distintos en la historia. El Estado penetra en todos los aspectos de la vida cotidiana, desde la familia a la fábrica, desde el Sindicato a la ciudad; lo cual no significa que los individuos conscientes deban retirarse de cualquier tipo de relaciones humanas organizadas, de la propia piel de uno, para esconderse en un estado de pureza y abstracción, de forma que se convalidaría la descripción de Adorno sobre el anarquismo como un «fantasma». Si hay algún fantasma que nos dé caza, son los que toman forma de ritualismo y de rigidez tan sumamente inflexible que uno cae en un rigor mortis bastante parecido al que cae el cuerpo congelado cuando alcanza la muerte eterna. El poder de la autoridad para dar ordenes a los individuos físicos habrá obtenido entonces una conquista más completa que las ordenes imperativas ejercidas a través de la simple coerción. Habrán puesto su mano sobre el mismo espíritu -y su libertad para pensar libremente y resistir con ideas, aún cuando la capacidad para actuar esté bloqueada temporalmente por las circunstancias. 

Murray Bookchin 
Setiembre de 1984 

Traducción: Miguel Jaime 

[1] Antes de finalizar este punto, vale la pena observar que la distinción entre lo Social y lo Político mantiene una marca desde sus orígenes, remontándose a la época de Aristóteles, y que se ha mantenido a lo largo de toda la historia de la teoría social, hasta épocas recientes con las teorías de Hannah Arendt. Lo que se echa de menos en ambos pensadores es una teoría del Estado. y por tanto la ausencia de una distinción tripartita dentro de sus escritos. 

[2] Espero que no se invoque en contra de esta postura al fantasma de Paul Brousse. Brousse utilizó el municipalismo libertario de la Comuna, tan ligado a los parisinos de su época, en contra del tradicionalismo comunalista, esto es, para practicar una forma pura de parlamentarismo burgués, no para llevar a París y a los municipios franceses en oposición al Estado centralizado, tal y como la Comuna pretendía hacer. No había nada orgánico en su postura sobre municipalismo, y nada revolucionario en sus intenciones. Todo el mundo está usando la imagen de la Comuna para sus propios propósitos: Marx para anclar su teoría de la «dictadura del proletariado» en un precedente histórico; Lenin para legitimar su jacobinismo «político» total; y los anarquistas, en forma más crítica para difundir el comunalismo




jueves, 10 de diciembre de 2015

MURRAY BOOKCHIN: «SEIS TESIS SOBRE MUNICIPALISMO LIBERTARIO» - TESIS IV

SEIS TESIS SOBRE MUNICIPALISMO LIBERTARIO 
Murray Bookchin

Tesis IV


Así pues, la municipalidad no es tan sólo el «lugar» donde uno vive, la «inversión» de tener una casa, sanitarios, salud, servicios de seguridad, un trabajo, la biblioteca, y amenidades culturales. La ciudadanización forma, históricamente, una nueva transición de la humanidad que desde las formas tribales hasta las formas civiles de vida, lo cual tiene un carácter tan revolucionario como el paso de los grupos cazadores hacia el cultivo de la tierra; o como del cultivo de la tierra a la industria manufacturera. A pesar de los absorbentes poderes del Estado, hubo un posterior desarrollo que combinó civismo con nacionalismo, y política con estatalismo; como decía V. Gordon Childe, la «revolución urbana» fue un cambio tan grande como la revolución agrícola o la revolución industrial. Además se puede comprobar, que la nación estado, al igual que sus predecesores, lleva en las entrañas mucho de este pasado ya mencionado, y aún no lo han digerido. La urbanización puede completar aquello que los césares romanos, las monarquías absolutas y las repúblicas burguesas no pudieron —destruyendo incluso la herencia de la propia revolución urbana—, sin embargo esto aún no ha tenido lugar. 

Antes de entrar en las implicaciones revolucionarias de las aproximaciones al municipio libertario y de volver sobre política libertaria, es necesario estudiar un problema teórico: la realización de la política diferenciada de la simple administración. En este punto, Marx, en sus análisis sobre la Comuna de París de 1871 ha construido una teoría social radical de considerable imperfección. La combinación existente en la Comuna, de política delegada, con la acción de policía realizada por los propios administradores, hecho que Marx celebró profusamente, supuso el mayor fracaso de esta revolución. Rousseau, con bastante razón, planteaba que el poder popular no se puede delegar sin que se destruya. O bien se tiene una asamblea popular que ostenta todos los poderes, o bien esos poderes los ostentará el Estado. El problema del poder delegado, infectó por completo el sistema de consejos: los soviets (Raten), la Comuna de 1871, y naturalmente los sistemas republicanos en general, tanto de carácter nacional como municipal, las palabras «democracia representativa» son una contradicción terminólogica. Un pueblo no puede constituirse en polissonomos, realizando la designación del nomos creando legislación; o nomothesia, delegando en cuerpos que excluyen el debate, el razonamiento, y la forma de decisión que caracteriza la auténtica identidad de la política. No menos importante es la no entrega a la administración —mera ejecución de la política— del poder de formular qué debe ser administrado sin entrar en la actividad habitual del Estado. 

La supremacía de la asamblea, como fuente de política por encima de cualquier organismo administrativo, es la única garantía, dentro de la existencia individual, para que prevalezca la política sobre el estatalismo. Este grado perfecto de supremacía tiene una importancia crucial dentro de una sociedad que contiene expertos y especialistas para las operaciones de la maquinaria social; mientras que el problema del mantenimiento de la preponderancia de la asamblea popular sólo se presenta durante el período de tránsito de una sociedad administrativamente centralizada hacia una sociedad descentralizada. Tan sólo cuando las asambleas populares, tanto en los barrios de las ciudades como en los pueblos pequeños, mantengan la mayor y más estricta vigilancia sobre cualquier tipo de organismo de coordinación confederal, se podrá elaborar una auténtica democracia libertaria. Estructuralmente, dicha realización no tiene que conllevar problema alguno. Las comunidades se han apoyado en expertos y administradores desde hace tiempo, sin perder por ello su libertad. La destrucción de estas comunidades ha sido más bien debida a un acto estatalista, no a uno administrativo. Las corporaciones sacerdotales y las jefaturas se han apoyado desde siempre en la ideología, y en la tontería humana en forma aún más clara, y no tuvieron que apoyarse en la fuerza, para atenuar el poder popular, y finalmente eliminarlo. 

El Estado no ha podido absorber nunca, en su totalidad, lo ocurrido en el pasado; este es un hecho descrito por Kropotkin, en «El apoyo mutuo», cuando describe el rico contexto existente en la vida civil hasta las comunas oligárquicas medievales. En efecto, la ciudad ha sido siempre el punto opuesto de la balanza frente a los Estados nacionales e imperiales, hasta los tiempos presentes. 

Augusto y sus herederos hicieron de la supresión de la autonomía municipal una pieza maestra de la administración imperial romana, e igual hicieron los monarcas absolutos de la época de la Reforma. «Echar abajo las murallas de las ciudades» fue la política central de Luis XIII y de Richelieu, una política que salió a la superficie años más tarde, cuando el Comité de Salud Pública de Robespierre hizo y deshizo a su antojo para restringir los poderes de la Comuna 1793-94. La «Revolución Urbana» ha acompañado al Estado como un poder doble irreprimible, un desafío potencial al poder centralizado a través de la historia. Esta tensión prosigue hoy en día, y como ejemplo, los conflictos entre el Estado centralizado y las municipalidades en toda Norteamérica e Inglaterra. Es aquí, en el entorno del individuo más inmediato —la comunidad, el vecindario, el pueblo, la aldea—, donde la vida privada se va ligando lentamente con la vida pública, es el lugar auténtico para que exista un funcionamiento a nivel de base, siempre y cuando la urbanización no haya destruido totalmente las posibilidades para ello. Cuando la urbanización haya enmascarado la ciudad de tal manera que ésta carezca por completo de identidad propia, le falte la cultura y los espacios para relacionarse socialmente, cuando le falten las bases para la democracia —no importa con que palabras la definamos—, entonces habrá desaparecido la identidad de la ciudad, y la posibilidad de crear formas revolucionarias serán tan sólo sombras de un juego de abstracciones. Por la misma razón, ningún símil radical basado en fórmulas libertarlas ni sus posibilidades, tienen sentido cuando se carecen de la conciencia radical que darán a estas formas, contenido y sentido. Démonos cuenta de que cualquier forma democrática o libertaria puede ser transformada en contra del ideal de libertad si se conciben de una forma esquemática, con fines abstractos carentes de esa sustancia ideológica, y de esa organicidad a partir de la cual estas formas dibujan ese significado liberador. Además, sería bastante inocente pensar que formas tales como el barrio, el pueblo, y las asambleas comunales populares podrían alcanzar el nivel de la vida pública libertaria, o llegar a crear un cuerpo político libertario, sin un movimiento político que fuera altamente consciente, que estuviera bien organizado, y fuera programáticamente coherente. 

Sería igualmente ingenuo pensar que tal movimiento libertario podría nacer sin la intelligentsia radical indispensable, cuyo medio está en esa vida comunal intensamente vibrante (hay que rememorar a este respecto a la intelligentsia francesa de la Ilustración, y la tradición que creó en los quartiers [barrios] y cafés de París; No me refiero al conglomerado de intelectuales anémicos que copan las academias e institutos de la sociedad occidental.[1] A menos que los anarquistas se decidan a desarrollar este estrato de pensadores de menor esplendor, cuya vida pública se transforme en un búsqueda de comunicación con su entorno social, en el caso contrario, se encontrarán con el peligro real de transformar las ideas en dogmas, y de convertirse en herederos por derecho propio de movimientos y gentes ancestrales, que pertenecen a otra época histórica. 

[1] A pesar de las ventajas y fracasos, ha sido esta intelectualidad radical la que ha servido de puntal para cada proyecto revolucionario en la historia, y de hecho, fueron ellos quienes literalmente proyectaron las ideas para el cambio, y a partir de lás cuales la gente diseñó sus características sociales. Pericles es un ejemplo de esa intelectualidad  durante el mundo clásico; John Bail o Thomas Munzer durante las épocas del medioevo y la Reforma; y Denis Diderot durante la Ilustración; Emile Zola y Jean-Paul Sartre en épocas más recientes. Los intelectuales de academia son un fenómeno bastante más reciente: criaturas embibliotecadas, enclaustradas, incestuosas y orientadas a su carrera, carentes de experiencias vividas y de práctica. 


sábado, 14 de marzo de 2015

EL PROTAGONISMO CIUDADANO




Entre gente que venía de diferentes movimientos sociales se ha planteado la necesidad de "asaltar" las instituciones para ponerlas al servicio de la mayoría. Se veía claro, que junto a las luchas en defensa de nuestros derechos, para el 99% el campo electoral también podía ser un terreno de batalla para gobernar y para recuperar la democracia. Esto no suponía una elección entre la una o la otra, si no un ampliación de las luchas.

Aún no se sabe si en muchos sitios se cerrarán acuerdos para construir candidaturas a les elecciones municipale sde mayo y, por tanto, se hace difícil valorar un proceso inacabado, Pero desde  la experiencia personal, sí que podemos sacar lecciones de estos procesos municipalistas, o más bien sensaciones y consideraciones de estos meses.

Muchas de las personas que han promovido apuestas municipalistas ciudadanas de mayorías y de confluencia vienen de experiencias previas en diversos movimientos y han sido claves en todo este proceso. Pero al mismo tiempo, estos procesos han permitido la interpelación a una mayoría social y han permitido la incorporación de no pocas personas para las que es su primera experiencia política. Una de las claves y la fuerza de estos procesos reside en que sea la gente la que los lidere y que exista una estructura organizativa donde se puedan incorporar a trabajar. Y por supuesto, garantizar que esta estructura organizativa ciudadana seguirá existiendo después de las elecciones y será la que controle, fiscalice, proponga y decida sobre las políticas de su ciudad.

Desde el terreno electoral también se puede crear movimiento. No solo se puede, es una obligación si queremos que estos experimentos municipalistas permitan cambios sustanciales en la vida de la gente y en la formas de hacer política desde las instituciones, al mismo tiempo que se pueden convertir en espacios de ruptura desde abajo que permitan abrir otros procesos más amplios y que nos lleven hacía un proceso constituyente.

Uno de los retos que estas experiencias deberán afrontar es el de los dos ritmos, actualmente todas estamos condicionadas por el que sería el primero de esos ritmos, el electoral. Gran parte de los esfuerzos están puestos en cerrar la confluencia, la metodología para la elaboración de las listas y el programa. Este primer ritmo a veces hace que no se perciba ese segundo ritmo, más a medio-largo plazo, que es el de la construcción de organización, de pensar cual será la forma de gobernar con la gente, el de definir los mecanismos en la toma de decisiones y en la gestión de los bienes comunes.

Y por supuesto está la palabra que hemos puesto de moda, la confluencia, el cómo se construye este proceso liderado por la ciudadanía, pero donde los partidos políticos que comparten el relato, los objetivos y la metodología también se pueden sumar. No está siendo nada fácil hacer viable un proceso en el que muchas veces los idiomas y los códigos son tan diferentes entre la gente que viene de los movimientos o que se incorporan como primera experiencia política, y las lógicas de los partidos. Estas lógicas totalmente distintas generan tensiones que dificultan los procesos. Trabajar por objetivos concretos dejando las siglas a un lado es sencillo de decir, pero bastante más complicado de hacer. Los procesos de confluencia con partidos que se están cerrando en la mayoría de los procesos municipalistas serán muy diferentes entre ellos, ya que cada territorio tendrá unas condiciones determinadas para que pueda ser de una o de otra manera. Allá donde se consiga que el protagonismo sea ciudadano y que los partidos se pongan al servicio del proceso, será donde se abrirá un escenario de posibilidad para contribuir con la revolución democrática, desde el municipalismo.

Deberemos esperar aún un tiempo para poder valorar en todo su recorrido estas experiencias y ver si se cumple la hipótesis con la consolidación de un municipalismo dirigido y protagonizado por la gente, que genere una democracia real en lo más cercano, que son nuestras ciudades y nuestro barrios, y que no se repliegue en lo local, si no que su carácter de ruptura "por abajo" con el régimen del 78 permita un verdadero proceso constituyente, que vaya mucho más allá de la elección de los gobiernos locales. 

Xavi Martínez
Membre de Terrassa en Comú
Publicado en Diagonal, 19 de febrero


jueves, 19 de junio de 2014

A PROPÒSIT DEL SUPORT D'ICV I EUIA A GUANYEM BARCELONA. MISSATGE ALS COMPANYS I COMPANYES DE L'OACU




Crec que és un motiu de satisfacció i d'esperança aquesta iniciativa que suposa Guanyem Barcelona. Hi ha gent que ha estat treballant des de fa molt per generar aquest espai d'unitat que permeti conquerir les institucions per a posar-les, per fi i de debò, al servei del poble. Si més no, per intentar-ho. És magnífic que conflueixin velles i noves militàncies, velles i noves formes d'agitació política, de gent que venim de la lluita antifranquista a joves activistes que actuen al si de moviments socials de nou encuny. A més, en el meu cas hi ha un factor personal important, que és el vincle de lleialtat que m'uneix a l'Ada, a la que he vist sempre en primera línia, quan estava a Miles de Viviendas o, després, a l'època de V de Vivenda, i de la que no he rebut més que evidències de la seva honradesa i de la seva generositat.

M'agradaria aturar-me en aquest darrer aspecte. Efectivament, si l'Ada Colau mereix la confiança que hem dipositat en ella molts i moltes és perquè ha obtingut la seva legitimitat de l'únic lloc d'on pot provenir, que és del carrer, és a dir de les lluites arran de terra. Crec sincerament que si aquesta iniciativa unitària en que ens hem implicat té sentit és perquè les persones que hi ha darrera poden dir que hi són perquè hi eren, és a dir perquè han donat la cara a les fàbriques, als centres de treball o d'estudi, als barris..., és a dir al dia da dia, a la vida quotidiana, allà on les persones demostren el seu grau de compromís en la seva lluita contra la realitat.

És en aquest sentit que no puc sinó compartir la inquietud que m'expresseu a propòsit del paper que sembla que està jugant ICV-EUiA en aquesta dinàmica constitutiva del nou moviment polític del que estem parlant. La veritat és que m'ha sorprès trobar alguns noms a la llista del que la premsa ha anomenat "nucli impulsor" de GuanyemBarcelona, properes sobre tot a Iniciativa per Catalunya, que, francament, no recordo haver vist mai acompanyant l'Ada en les lluites contra l'especulació immobiliària i ni tant sols en les nombroses reunions en les que hem anat buscant els punts de confluència en els que ens hem acabat trobant.

El que planteja la incorporació del recolzament d'ICV-EUiA al projecte —incorporació que és ja presència central a través d'intel·lectuals que li són propers— és important, car pot qüestionar el seu sentit, àdhuc la seva congruència. Diguem-ho clar: ICV-EUiA són responsables directes de més de trenta anys de misèria urbana i urbanística a Barcelona i de la merda de ciutat que ens han deixat, tot allò contra el que Guanyem Barcelona ha nascut i vol combatre. ICV-EUiA, a través de persones concretes vinculades a aquesta opció política, han estat inventors i divulgadors del maleït "model Barcelona". Que ICV-EUiA s'adhereixi a un manifest per "impedir la connivència mafiosa entre polítics i diners" és un autèntic sarcasme. Tot això sense oblidar com ICV-EUiA, a més, han estats responsables no menys plens de la repressió policial contra els moviments socials sota els governs del Tripartit. ICV-EUiA han estat sovint al carrer, en efecte, però del costat de la BRIMO.

De totes formes, crec que és just distingir a EUiA d'Iniciativa. És veritat que EUiA ha estat còmplice activa dels governs municipals devastadors que hem patit al llarg de dècades a Barcelona. És veritat que ha acompanyat les polítiques repressives del Tripartit. Ara bé, també és veritat que molts i moltes militants comunistes han estat presents de manera activa a les lluites socials. Són gent que hem vist atonyinada i detinguda per ordre dels seus propis dirigents quan estaven al poder a Barcelona i a Catalunya: a les lluites contra l'especulació, a les vagues, a les lluites pel dret a l'ensenyament. Especialment dur per a ells i elles va ser quan els seus representants van titllar-los de "violents" quan van acudir a protestar davant el Parlament aquell 15J. Tota aquella gent que va patir la violència policial i patronal han estat capaços de criticar els seus dirigents i han aconseguit canviar la direcció de la seva organització, en el doble sentit del seu lideratge i de l seu rumb.

El cas d'ICV és diferent. Respecto profundament els milers dels seus militants compromesos amb les lluites socials, però no tinc present —si més no no s'ha fet pública— una reconsideració crítica del seu nefast paper en els governs del país i de la seva capital. Els dirigents que hi ha ara són els mateixos que van patrocinar políticament la destrucció d'una ciutat popular anomenada Barcelona i que van ordenar o fer possible desenes de desallotjaments, càrregues policials, deportacions, detencions i condemnes a activistes de moviments socials respecte pels quals ara demostren una inusitada i sobtada simpatia. No s'entén. És absurd. Iniciativa reclama ara que ens posem dempeus contra el monstre que ella mateixa ha contribuït ha crear. Rar, francament rar. Costa creure en la seva sinceritat i que el que pretenen no és simplement ja no aprofitar-se'n, sinó simplement sobreviure.


Atenció. De cap de les formes vull que s'entengui que m'oposo a que ICV aparegui recolzant i animant Guanyem Barcelona. Ben al contrari. Iniciativa te persones valuossísimes —em sembla que en Ricard Gomà n'és una— i representa sectors socials importants amb els que s'ha de comptar. I el mateix pel que fa a les CUP. Totes dues forces, unides a totes les altres, organitzades o disperses, són indispensables si volem retornar-li la ciutat als seus habitants. Ara bé, alguns ens quedaríem més tranquils si els nostres companys de viatge d'ICV ens clarifiquessin què pensen de la seva fonamental contribució al model de ciutat contra el que ara ens convoquen a combatre. Més que res per saber a què atenir-nos i fins quin punt ens hi podem refiar. No podem fer com si no hagués passat res, com si tots aquests anys de complicitats vergonyoses no haguessis existit o com si no ens en recordéssim.


martes, 17 de junio de 2014

CONQUERIM ELS AJUNTAMENTS, AVANCEM AMB EL MUNICIPALISME RUPTURISTA




“La libertad es como la mañana. Hay quienes esperan dormidos a que llegue,
pero hay quienes desvelan y caminan la noche para alcanzarla”

Subcomandante Marcos

Necessitem una estratègia refinada i acurada de cara a conquerir els ajuntaments, amb candidatures que tinguin la determinació de governar amb propostes de canvi profund dels municipis, transformant així les eleccions municipals del 2015 en un puntal de ruptura i amb l'inici d'un procés constituent alliberador.

En un article passat exposava que entre d'altres vies per aconseguir la independència plena és necessari trobar aliats a nivell europeu i espanyol, i actuar amb força a les eleccions municipals del maig del 2015.

Els resultats de les eleccions europees del 25-M mostren que a nivell de l'estat espanyol apareix una força política, que vol trencar amb la casta i el règim actual i reconeix el dret a decidir de forma ampliada, que pot ser una bona aliada en el camí d'aconseguir una ruptura democràtica que ens acosti a la llibertat.

Respecte l'estratègia a seguir de cara a les eleccions del 2015 és imprescindible treballar per construir candidatures municipalistes de ruptura i canvi que apostin per posar la sobirania de les ciutats, pobles i viles en mans dels seus habitants.

És el moment de constituir candidatures que tinguin voluntat i determinació de governar els municipis des del poble i pel poble, ha arribat l'hora de demostrar que podem governar-nos, perquè un govern ciutadà radical és imprescindible i necessari per posar els ajuntaments al servei de les persones i no dels grans capitals privats. Ara no és el moment de conformar-nos amb ser un simple corcó i tenir una presència només de protesta al consistori; és l'hora d'actuar amb tot el potencial polític i social per capgirar la situació i desplegar tota la força possible per governar.

És l'hora del poble, és l'hora d'actuar amb valentia, coratge i generositat per construir aquestes candidatures que retornin els ajuntaments a les ordres de les majories socials.

Necessitem candidatures que plantin batalla als ajuntaments per governar anant a l'arrel i als punts neuràlgics generadors de la situació paupèrrima que viuen els municipis. Des dels ajuntaments hem de desobeir al deute il·legítimque ofega les arques públiques; hem de posar els pressupostos consistorials al servei dels interessos dels veïns i veïnes apostant per un gran canvi de la matriu econòmica i productiva de les nostres viles fomentant una economia de base solidària i social arrelada en els municipis. Cal posar els serveis bàsics sota control públic i democràtic amb la municipalització de les empreses que gestionen els béns i serveis fonamentals de les ciutats i pobles. També és urgent la democratització dels municipis, canviant radicalment tots els models de participació ciutadana vigents actualment i apostant per mecanismes que posin en primer terme els veïns i veïnes en la presa de decisions, en el seguiment de l'execució d'aquestes i amb un sistema de rendiment de comptes clars que afecti a tots els membres del consistori.

Però també hem de saber que els ajuntaments aïllats no poden fer res de res per enderrocar aquest règim, hem d'actuar de forma coordinada i cooperar entre els municipis creant una Assemblea de pobles lliures que actuïn conjuntament per avançar en el camí de la justícia social i la independència real.

Plantar batalla per governar els ajuntaments no significa abandonar l'aposta decidida per anar creant institucions de poder popular. És imprescindible continuar amb l'estratègia de construir, replantejar si es veu necessari i expandir tots aquells espais que ajuden a resoldre la independència material de les persones.

Hem d'anar amb força, generant il·lusió i tots i totes unides amb empenta a fer que els municipis siguin la palanca de canvi que provoqui el trencament del règim (putrefacte) actual i transformar les eleccions del maig del 2015 en unes eleccions de ruptura que generin un procés que ens permeti crear els instruments i eines necessàries per construir un país més just i lliure.

Arnau Mallol