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jueves, 9 de mayo de 2013

CARTA DE HELENO SAÑA A MARÍA DOLORES DE COSPEDAL




Muy sra. mía:

Tanto por mi avanzada edad como por la vida recoleta que llevo en la ciudad alemana donde resido, no es costumbre mía dirigir cartas personales a los administradores y representantes de la res publica, sea para elogiarles o criticarles. Y si excepcionalmente no me atengo a esta norma habitual de conducta y le hago llegar las presentes líneas se debe al carácter realmente insólito de las declaraciones que ha hecho Vd. a mediados de este mes sobre la problemática de los llamados escraches.

Vd. ha calificado de puro nazismo las manifestaciones de protesta de grupos de ciudadanos que indignados por la praxis inhumana y brutal de los deshaucios y otras injusticias sociales, han organizado ante los domicilios de determinados políticos y personajes púbicos. Con ello ha cometido Vd. un doble despropósito: relativizar implícitamente los crímenes cometidos por las hordas de la SA, la SS y la Gestapo y meter en un mismo saco a quienes actuaban por motivos tan abyectos como el racismo y a quienes salen a la calle impulsados por el noble propósito de expresar su solidaridad con las víctimas de la grave injusticia social reinante en el país. Expresarse en los términos de que Vd. se ha valido significa ante todo un ultraje a los seis millones de judíos asesinados en los campos de exterminio nacionalsocialistas y a los miles y miles de antifascistas eliminados por Hitler y sus esbirros. En el caso de que no lo haya hecho ya —cosa que no creo— me permito sugerirle que peregrine Vd. a Auschwitz para que se haga in situ una idea directa y óptica de lo que fue el infierno nazi y el suplicio del holocausto. Allí aprendería Vd. a llorar por el dolor ajeno y a avergonzarse quizá de haber trazado su siniestro paralelo entre los verdugos nazis y las almas altruístas que salen en defensa de los parias privados de pan y de cobijo.