martes, 19 de junio de 2018

ÒSCAR MURCIANO: «COS A TERRA, QUE ENS DISPAREN PAU SOCIAL»




Aquestes setmanes, i fora de l’atenció principal dels focus mediàtics, s’estan definint tres grans pactes dels quals tindrem notícia un cop tancats, novament simbolitzats amb alguna de les acostumades fotografies de rigor. Govern, patronal i sindicats majoritaris es donaran la mà per enèsima vegada i celebrarem acords d’estat més grans, tots junts, remant en la mateixa direcció.

Un d’aquests pactes estatals és un altre acord de negociació col·lectiva, un document on, teòricament, sindicats majoritaris i patronals defineixen els punts que es considera que han de ser el model per als convenis sectorials. A la pràctica, es tracta de les condicions que tenen com a objectiu reduir la conflictivitat laboral en les diferents negociacions.
És curiós perquè, fins a on jo sé, és precisament la mobilització el que permet anivellar aquestes taules i arrencar concessions rellevants. Es tracta d’un model de pacte social que acumula grans èxits en anteriors edicions, com ara la desvinculació de l’IPC com a barem per als increments mínims de conveni i l’aposta per retribucions flexibles i no consolidables.
El segon gran acord que s’està cuinant és la modificació d’alguns aspectes de la reforma laboral del 2012, que va provocar la pitjor caiguda de les condicions laborals de la classe treballadora dels darrers 30 anys. I és que ara passem de derogar-la sencera a acceptar només retocar alguns aspectes mentre es consoliden els altres.
Finalment, el Pacte de Toledo (partits, sindicats majoritaris i patronals) està enllestint petits retocs per anar tirant amb un ­model sostingut de pensions ínfimes i pitjors condicions per al futur. Cal tenir ben present que l’increment de l’edat de jubilació de 65 a 67 anys té la signatura del partit que ara governa i els mateixos sindicats que formen part d’aquesta nego­ciació.
Empíricament, els resultats de dècades de pau social són prou clars: segons l’Eurostat, l’estat espanyol és el país amb més desigualtats de tota la Unió Europea; l’any 2017, els beneficis empresarials van créixer un 9,2%, mentre que el salari mitjà ho va fer un 0,1%; i el nombre de rics a l’estat espanyol creix un 60% des de la crisi, mentre que les persones en situació de pobresa han passat del 19,7% al 22,3%. Amb aquestes regles del joc algú està guanyant, certament, i no som nosaltres.
Potser la causa la podríem trobar en la contenció conscient del conflicte: les hores de vaga estan en mínims històrics si exceptuem aquest darrer any, en què l’empenta de sindicats alternatius, amb una força creixent, ha permès incrementar-ne el nombre. I amb aquest increment han arribat victòries reals i tangibles sobre l’empresariat. Tothom que militi en un sindicat sap com de difícil és organitzar una vaga, i si la plantilla n’ha perdut el costum, encara més. 
Aquesta pau social que és venuda com un valor en si mateix és en realitat la cadena que ens manté lligades a un terreny de joc on només optem a rebre engrunes. Una pista del que cal fer: ja que els poders econòmics posen tanta cura a contenir el conflicte, potser és conflicte el que han de tenir. I sent així, qui l’intenti desactivar afavoreix un bàndol que no és el nostre.
Òscar Murciano


lunes, 4 de junio de 2018

LA NOTA DEL ALCALDE DE TARRASA A UN FORMULARIO OBSOLETO (1919)




1. Uno de los momentos más bellos del trabajo de investigación histórica es aquel en el que encuentras, entre cientos de documentos insípidos o repetitivos de un legajo, una hoja, o a veces una sencilla nota, en la que alguien, sublevándose contra la estupidez de las preguntas fuera de lugar de un impreso que ha de rellenar, se decide a explicar en una breve acotación que aquel formulario está anticuado y no puede intentar abarcar la realidad existente porque ya no cabe, ni en el papel, ni en la mentalidad del burócrata que lo ha redactado cuidadosamente para “archivar” la realidad (social y laboral).
Eso me pasó la semana pasada, consultando un archivo de la Junta de Reformas Sociales de Tarrasa. Se trataba de una serie de estadísticas e informes, empresa por empresa, ciudad a ciudad, más o menos interesantes, sobre huelgas, en los que se detallaba el número y el sexo de los huelguistas, la duración de las huelgas, las bases de regulación del trabajo aprobadas, y las conquistas conseguidas por los obreros, entre las que constaba siempre como primer punto el reconocimiento del sindicato único, en segundo lugar la semana inglesa, en tercero el aumento de salarios y posteriormente una serie de reclamaciones propias de cada oficio o rama industrial. Y entonces apareció una breve nota, mecanografiada a dos caras, adjunta al formulario oficial, que el alcalde de la importante ciudad fabril de Tarrasa debía rellenar para enviar a la Junta de Reformas Sociales.
La nota, fechada en octubre de 1919, decía nada más y nada menos que “Desde que se constituyó en esta ciudad el Sindicato único [...] han proclamado la norma de no querer nada con las Autoridades, sea cualquiera el carácter de éstas, y al acordar una huelga, la plantean y desarrollan sin dar conocimiento previo y sin admitir intervención ninguna que no sea la de parte directamente interesada, dándose también el caso de que si se trata de indagar cuál es la Junta o la Comisión dirigente del movimiento, contestan los interesados que entre ellos no hay Junta ni Comisión de ninguna especie, que todos obran con igual autoridad y representación, y que sus asuntos no más quieren tratarlos con aquellos que directamente han de resolverlos”.
El alcalde efectúa una magnífica definición de los métodos de lucha y de acción de la clase obrera, describe la huelga salvaje como excelente ejemplo de la táctica de acción directa, característica esencial del sindicalismo revolucionario en 1919. Los impresos del Instituto de Reformas Sociales eran ya incapaces de recoger, y reconocer, la aparición del sindicato único, que daba una fuerza enorme a la clase obrera, hasta entonces organizada en sociedades de resistencia. En 1919 la CNT ya no cabía en los formularios del Instituto de Reformas Sociales. La filosofía de mediación entre la Patronal y los obreros, propia del Instituto, había quedado obsoleta ante los métodos de acción directa, en los que el sindicato único trataba directamente con cada uno de los empresarios, que quedaban así en una situación de mayor debilidad.
La Patronal respondería, en los meses siguientes, a esos nuevos métodos de la lucha obrera con el terrorismo patronal, con los pistoleros contratados para asesinar a los sindicalistas del único, con la modernización y militarización del somatén, con la complicidad de la policía y del ejército, para poner en práctica el terrorismo de Estado contra la clase obrera, con hallazgos como la llamada “ley de fugas”, de aplicación cotidiana a la salida de la cárcel, o en las cuerdas de presos, cuando los obreros detenidos eran trasladados a pie de una a otra prisión.
Pero esto está más allá de la nota de octubre de 1919, aunque ese terrorismo estatal ya había empezado a manifestarse. La importancia de la nota radica en el grito de impotencia del alcalde contra los nuevos métodos de lucha obrera. Los obreros que se presentan a negociar son comisiones provisionales, nombradas para cada ocasión, en las que pueden y suelen intervenir obreros de otro ramo de producción, que además no se presentarían en la próxima reunión, y que no responden a más criterio que la defensa de los acuerdos tomados en asamblea. Esta organización de delegados, de carácter provisional, revocable, sin más capacidad de decisión que el otorgado por la asamblea, desorienta y enfurece a empresarios y autoridades. Recordemos que estamos en octubre de 1919 [1].
La Junta de Reformas Sociales se lamentaba de la inoperancia de su propio papel, ya que “es valiéndose de informaciones indirectas y tratando de las cuestiones mejor con carácter particular que con carácter oficial” como podían enterarse de lo que estaba sucediendo, porque los trabajadores no reconocían a las autoridades establecidas ningún poder de mediación. El sindicato único negociaba directamente con cada empresario.
Las huelgas en curso, en octubre de 1919, “las parciales de cerrajeros, mecánicos, albañiles, carpinteros y del ramo del agua, y las totales de panaderos y hojalateros y lampistas” ya no se planteaban entre la Patronal del sector y un comité de huelga, con la mediación del Instituto, sino que los obreros manifestaban “no querer nada con la Autoridad”. Por otra parte el Instituto confesaba su total naufragio, y afirmaba: “no conseguir nunca saber si aquellos que acudían a sus citas, ya llamados al azar, tenían la representación necesaria para tratar del asunto. Lo más frecuente es que al citar a la comisión de huelga de los carpinteros, por ejemplo, se presente un carpintero y cuatro o más de distintos oficios: carreros, albañiles, zapateros, etcétera”.
La organización de los obreros en el sindicato único, y los métodos de acción directa habían hecho saltar ese organismo de mediación que era el Instituto de Reformas Sociales, que había sido creado en 1883 como un primer intento de institucionalizar en España la llamada “cuestión social”.
La patronal recurriría pronto a otro tipo de mediación, y a practicar también “su propia acción directa”: la ley de fugas [2] y el lock-out [3], con la complicidad de la policía y el ejército, el somatén y los pistoleros a sueldo. Fue el inicio de los llamados “años del pistolerismo”, esto es, la guerra de clases de 1919-1923, que terminó brutalmente con la dictadura del general Primo de Rivera. El objetivo no era otro que destruir el sindicato único y la imposición individual a cada trabajador de las condiciones de trabajo elaboradas por la empresa.
2. La creación en diciembre de 1883 de la Comisión de Reformas Sociales fue el primer intento de institucionalizar, en España, la llamada cuestión social, o cuestión obrera. Sus orígenes debemos buscarlos en la nueva sociedad industrial, que transformaba el espacio productivo, con la aparición de la fábrica; el social, con el proletariado como nueva clase emergente; y el urbano, con el surgimiento de la ciudad industrial. Estos cambios provocaron intensas polémicas ideológicas y actuaciones normativas de las clases dirigentes españolas, que vieron la reforma social como un dispositivo estratégico más de anulación, o combate, de las teorías revolucionarias obreras.
La Comisión sufrió el boicot de una facción importante del movimiento obrero, el anarquista. Por otra parte, nunca fue dotada de suficientes fondos económicos, ni se pudo publicar la totalidad de los informes provinciales, notándose a faltar especialmente los de Cataluña y Andalucía. Tampoco pudo no ya evitar, sino ni siquiera comprender, los graves conflictos sociales de la España del primer tercio del siglo XX. Sin embargo, marcó un punto de inflexión “pragmático” en la actuación del Estado en las cuestiones sociales, y al mismo tiempo fue un precedente del intervencionismo estatal en el trabajo, pues si la Comisión de Reformas Sociales podía considerarse como un ensayo, con el paso del siglo, en abril de 1903, la creación del Instituto de Reformas Sociales supuso la institucionalización definitiva de la reforma social en España. Además, era el primer eslabón de una cadena, que más tarde continuaría con la fundación del Instituto Nacional de Previsión (1908) y con la creación del Ministerio de Trabajo (1920).
En definitiva, después de un siglo de acentuada y progresiva actuación del Estado en cuestiones de previsión y de intervencionismo laboral, la acción social se había convertido en una de las preocupaciones prioritarias de los gobiernos, ya fuesen dictatoriales o democráticos. En 1983 se destinó en España el diecinueve por ciento del producto interior bruto para la Seguridad Social; en 1883, el año de la fundación de la Comisión, para este concepto se destinó el cero por ciento [4].
En este contexto intervencionista es en el que hay que entender el planteamiento de la cuestión urbana a partir de los informes de la Comisión de Reformas Sociales. Éstos reproducen las polémicas y debates que la nueva ciudad industrial está generando ya, desde los inicios del siglo, entre los miembros de una burguesía altruista y reformista, formada por médicos, higienistas, ingenieros o funcionarios. La Comisión continuó estos debates y, esto es original, se produjo la incorporación del proletariado a estas tareas.
Los debates que generó la Comisión, a partir de la información referida a la condición económica de la clase obrera, de su alimentación, de la vivienda y cultura moral de los obreros, sirvieron a la burguesía para diseñar nuevos marcos de relaciones sociales y espaciales. Las polémicas sobre la higiene y salubridad de la ciudad industrial fueron utilizadas para imponer la separación de clases, es decir, la segregación espacial. Asimismo, los debates sobre la cultura moral y religiosa intentaron integrar en el cuerpo social a amplias masas obreras, desarraigadas por la industrialización y cada vez más autónomas ideológicamente.
Por otra parte, la clase obrera que participaba en la Comisión de Reformas, representada por los socialistas, puso en cuestión los supuestos filantrópicos de las clases gobernantes y se marcó como objetivo la superación gradual del sistema capitalista. Y ese gradualismo señaló la diferencia irreconciliable entre UGT y CNT.
3. La huelga general de 1902 en Barcelona fue la última manifestación del viejo movimiento obrero, constituido por asociaciones obreras de carácter gremial, enfrentadas al paternalismo patronal.
En 1906 apareció “Solidaridad Obrera”, nombre que se establecía en oposición al surgimiento de la burguesa y catalanista “Solidaridad Catalana”. La huelga general contra el reclutamiento de tropas para la guerra de Marruecos, conocida como Semana Trágica de 1909, impuso la necesidad de crear una organización obrera, no limitada a Cataluña y de extensión nacional, ya que el principal motivo del fracaso de esa Semana Trágica, fue la imposibilidad de extender la insurrección, que fue sólo de carácter local.
En 1910 se fundó la Confederación Nacional del trabajo (CNT). La ilegalización inmediata de la CNT, el estallido de la Primera Guerra Mundial, la enorme importancia que adquirió el fenómeno migratorio desde las zonas rurales de toda España hacia Barcelona y Madrid, y la carestía de la vida, provocada por la extraordinaria demanda bélica de los europeos, impulsaron una refundación de la CNT en 1915, bajo los criterios del sindicalismo revolucionario aprobados en el Congreso de Amiens (1906).
Estos principios del sindicalismo revolucionario pueden resumirse en la capacidad de la clase obrera para enfrentarse autónomamente al capitalismo, desarrollando la lucha de clases, mediante una táctica que se oponía a la apropiación política o parlamentaria por cualquier partido obrero o burgués, de la lucha obrera.
Las dos conquistas fundamentales de la CNT, en vísperas del congreso de diciembre de 1919, que dio preponderancia al anarcosindicalismo sobre el sindicalismo revolucionario en la CNT, fueron el sindicato único de industria y la acción directa. Son precisamente las dos conquistas que deslumbran en el texto, que hemos expuesto, y que tanto sorprende e indigna al alcalde de Tarrasa.
4. La manifiesta incapacidad del régimen liberal de la Restauración para enfrentarse a la nueva problemática, planteada por el sindicato único de industria y la acción directa de la CNT en Cataluña, dieron paso a la organización de una respuesta adecuada de la burguesía, que fue liderada por la Federación Patronal catalana.
En enero de 1919 se reorganizó y modernizó el somatén, formado por ocho mil voluntarios armados bajo tutela militar, esto es, a las órdenes del capitán general Milans del Bosch, financiado por la Federación Patronal y con la intervención directa de destacados industriales catalanes. Para el control, y eliminación en su caso, de destacados militantes cenetistas se creó el fichero Lasarte, en la primavera de 1919, que dependía directamente de Martínez Anido y Arlegui, durante su gestión gubernativa. La alianza de clase, en defensa de los intereses de los empresarios industriales, no encontró ningún obstáculo, ni contradicción, entre el catalanismo de los empresarios catalanes y el rígido centralismo españolista del capitán general Milans del Bosch, porque nada une más a las distintas facciones capitalistas que la prioritaria defensa del orden burgués ante la “barbarie proletaria”. Tampoco existía antagonismo alguno entre obreros inmigrantes y nativos, unidos por los mismos intereses de clase e idéntica explotación y formas de vida.
El 5 de febrero de 1919 se inició una huelga de solidaridad con ocho despedidos en la compañía eléctrica conocida como “La Canadiense”, porque el principal accionista era el Canadian Bank of Comerce de Toronto. El conflicto de esta empresa, apoyado por la CNT, fue extendiéndose a otras empresas y sectores industriales hasta convertirse en una huelga general que afectaba a toda la ciudad de Barcelona. El 21 de febrero los obreros de los sindicatos de electricidad, agua y gas declararon la huelga en todas las empresas participadas por La Canadiense, lo que afectaba también a los Ferrocarriles de Sarriá. Barcelona sufrió un apagón total, los diarios no se publicaban, los tranvías dejaron de circular y muchas fábricas de Barcelona y cercanías quedaron paralizadas. El 5 de marzo el general Milans del Bosch militarizó a todos los trabajadores del ramo de la electricidad, aunque su bando, a causa de la censura obrera, sólo fue publicado en el Diario de Barcelona. Los cenetistas militarizados se negaron a incorporarse a filas, por lo que fueron encarcelados en el Castillo de Montjuic. Se llegó a encarcelar a unos tres mil obreros.
El 17 de marzo Lawton, por La Canadiense, negoció con el comité de huelga en la sede del Instituto de Reformas Sociales, aceptando las condiciones de los huelguistas sin represalias. El 19 de marzo la CNT convocó una asamblea en la plaza de toros de Las Arenas a la que asistieron veinte mil trabajadores, que aprobó los acuerdos alcanzados, dando un plazo de setenta y dos horas para liberar a todos los obreros encarcelados. Salvador Seguí cerró el mitin en un clima de victoria. La huelga había terminado consiguiendo el cobro de la mitad de los días de huelga y la implantación de la jornada laboral de ocho horas.
5. Sin embargo aún quedaban cinco obreros presos. Para obtener su libertad se inició el 23 de marzo una nueva huelga, a la que el ejército respondió ocupando la ciudad de Barcelona. Los obreros eran cacheados en la calle, y los soldados destruían los carnés de la CNT. El 27 de marzo los obreros estaban dispuestos a dar por terminada la fracasada huelga, cuando el gobernador civil se negó a mediar en el conflicto. El capitán general Milans del Bosch, apoyado por la oligarquía catalana, se negó a liberar a los treinta y cuatro obreros presos, que estaban bajo su jurisdicción. Las garantías constitucionales quedaron en suspenso, persiguiéndose a los militantes de la CNT. El 31 de marzo la Guardia Civil asesinaba a la puerta de su casa a Miguel Burgos, secretario del sindicato de curtidores de la CNT.
En la última semana del mes de marzo, se fundó la Federación Patronal Española, cuyo primer acuerdo consistió en que para llevar a cabo la readmisión de un trabajador, éste debía entregar el carné de la CNT y negociar un nuevo salario individualmente. Esta medida era inaceptable para los obreros, de tal manera que la huelga continuó, aunque el Comité de huelga había acordado que los distintos ramos negociasen la vuelta al trabajo. Finalmente la huelga concluyó el 12 de abril, con un fracaso obrero, ya que la huelga no se había extendido más allá de la ciudad de Barcelona. Desde abril hasta julio de 1919 se despidito a setenta mil obreros y se detuvo a cuarenta y tres mil, de los que quince mil aún estaban presos a primeros de agosto.
El 1 de diciembre la patronal catalana inició un cierre de la industria que afectó a más de ciento cincuenta mil obreros, a los que se exigía la entrega de los carnés de la CNT. El conde de Salvatierra terminó con el lock-out el 26 de enero de 1920, a petición de la patronal, sin que ningún trabajador entregase su carné.
6. Con el reflujo del movimiento huelguístico de La Canadiense, la burguesía española, con su fracción catalana al frente, desarrolló un ataque despiadado contra los militantes de la CNT. Se organizaron bandas de pistoleros, pagadas por la patronal y coordinadas por el Capitán General y el Gobernador militar de la región, que perseguían a los sindicalistas y los asesinaban en el más puro estilo mafioso. Se llegó a alcanzar la cifra de 30 muertos diarios. Paralelamente, las detenciones se multiplicaban, al tiempo que tanto policía como Guardia Civil restablecieron la bárbara práctica de la “cuerda de presos”: los sindicalistas detenidos eran conducidos a pie a centros de detención ubicados en ocasiones a cientos de kilómetros. Muchos morían en el camino, víctimas del agotamiento y las palizas inflingidas, o simplemente se les aplicaba la “ley de fugas”.
Los organizadores de esa guerra de exterminio del sindicalista fueron los propios burgueses catalanes, “modernos” y “democráticos”, que siempre habían reprochado a la aristocracia castellana su brutalidad. Pero la burguesía catalana había sufrido en carne propia la amenaza revolucionaria del proletariado y ansiaba la venganza. Cambó impulsó la plaga de los pistoleros. El gobernador militar, Martínez Anido, vinculado a la rancia aristocracia castellana, y los “progresistas” burgueses catalanes se reconciliaban definitivamente en la persecución de los militantes proletarios. El pacto era fruto de la nueva situación: ya no existían fracciones liberales o reaccionarias dentro de la clase burguesa, todas coincidían en la defensa brutal de un orden social caduco.
Atrapada en una espiral terrible, en medio de una fuerte desmovilización de las masas obreras, la CNT respondió a los pistoleros con la organización de cuerpos de autodefensa, que devolvían golpe por golpe, y que lograron abatir a políticos, cardenales y patronos destacados. Sin embargo, esta dinámica degeneró rápidamente en una cadena de muertos sin fin, que aceleraron el cansancio y la desmoralización de los trabajadores. Por otro lado, colocada en un terreno donde era inevitablemente la más débil, la CNT sufrió una hemorragia interminable de militantes, asesinados, encarcelados, heridos, huidos… Pero eran muchos más los que se retiraban, completamente desmoralizados y perplejos. En la última época, además, los grupos de defensa cenetistas se vieron infiltrados, muy a su pesar, por toda clase de elementos turbios, ya fueran de la policía o mafiosos, sin más objetivo que el robo y el asesinato, que no hacían sino desprestigiar a la CNT y aislarla políticamente. El 10 de marzo de 1923 fueron tiroteados, a la salida del bar La Trona, en la esquina de la calle Cadenas con San Rafael, los destacados cenetistas Salvador Seguí (“El Noi del Sucre”), que murió al instante, y Francisco Comes (“Perones”), que moriría pocos días después. Las matanzas duraron hasta septiembre de 1923, cuando se instauró la Dictadura del general Primo de Rivera, mediante un golpe de Estado consentido y apoyado por el Rey. La Dictadura contó con el apoyo del PSOE-UGT. La CNT había sido aniquilada de nuevo por una represión salvaje e ignominiosa. La CNT que resurgió de sus cenizas en los años treinta era otra CNT, totalmente distinta: se había pasado del sindicalismo revolucionario, dominante en los años anteriores a 1919, al anarcosindicalismo [5].
7. En la misma época en Italia triunfaba el fascismo, tras aplastar al movimiento obrero después de varios años de feroz guerra de clases. Las dictaduras de Mussolini y Primo de Rivera se fundamentaban en su victoria sobre las intentonas revolucionarias del proletariado. Las notables diferencias entre España e Italia radicaban en el carácter reaccionario de la burguesía española y un escaso desarrollo industrial, que contrastaban con el carácter contrarrevolucionario de la burguesía italiana y el mayor grado de industrialización italiano.
El 24 de octubre de 1922, en Nápoles, en el congreso del Partido Nacional Fascista, Mussolini anunció oficialmente la Marcha sobre Roma: “O nos entregan el gobierno o lo tomaremos cayendo sobre Roma”. La marcha se desarrolló entre el 27 y el 28 de octubre. El Rey pidió a Mussolini que formara gobierno, que ya estaba constituido el día 30. El Fascismo había tomado el poder.
El 13 de septiembre de 1923 el Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, se sublevó contra el Gobierno y dio un golpe de Estado con el apoyo de la mayoría de las unidades militares. El golpe se anticipaba a la reunión de las Cortes que debía analizar el problema de Marruecos y las responsabilidades del ejército, y del rey, en los últimos desastres militares. Con el apoyo del ejército, de la burguesía catalana y de los terratenientes andaluces, Alfonso XIII aceptó nombrar presidente del gobierno a Primo de Rivera, en su calidad de dictador militar, el 15 de septiembre de 1923. La dictadura sólo fue rechazada por los sindicatos obreros y los republicanos, cuyas protestas fueron inmediatamente acalladas con la censura y la represión. Se creó un Directorio Militar con nueve generales y un almirante, se suspendió la constitución, se disolvieron los ayuntamientos, se prohibieron los partidos políticos, los somatenes se transformaron en milicias urbanas y se declaró el estado de guerra.
Mussolini, en el discurso del 3 de enero de 1925, asumió toda la responsabilidad política que pudiera derivarse del asesinato del diputado socialista Giacomo Matteotti, secuestrado el 10 de junio de 1924 por una escuadra fascista, que lo asesinó al día siguiente. Ese discurso señaló el inicio del régimen dictatorial fascista, que impuso progresivamente un régimen totalitario.
8. La Guerra Civil se saldó con un millón de muertos y trescientos mil exiliados. Las organizaciones obreras habían sido destruidas y perseguidas hasta su aniquilación. El nivel de vida del obrero era inferior al de los años treinta. Hambre, miseria y miedo eran amos y señores de la ciudad de Barcelona, y de toda España. El terror fascista formaba parte de la vida cotidiana, más seguro que “el pan nuestro de cada día”.
En el Campo de la Bota se fusiló masivamente desde 1939 hasta 1952, cuando se dejó de hacerlo a petición de la Iglesia Católica, con motivo de la celebración del Congreso Eucarístico en la ciudad de Barcelona.
El 12 de febrero de 1948, tres accionistas presentaron un expediente de quiebra de Barcelona Traction (“La Canadiense”), que prosperó hasta conseguir en 1952 que los bienes de la empresa fueran subastados y adquiridos por “Fuerzas Eléctricas de Cataluña SA” (FECSA), gestionada por el financiero mallorquín Juan March Ordinas, fundada poco antes de la subasta. La Canadiense fue comprada por un precio equivalente al uno por mil del valor real de la compañía.
La demanda presentada por el gobierno belga contra esta adquisición fue rechazada por el Tribunal de La Haya, que dictaminó la incapacidad de ese gobierno para plantear la defensa de los accionistas belgas, ya que la sede de la compañía estaba en Canadá y correspondía a ese gobierno presentar la demanda.
Joan March Ordinas falleció en 1962. El 5 de febrero de 1970 la resolución judicial era firme, finalizando el proceso judicial. En una época en que la dictadura franquista parecía eterna, algunos opositores al régimen consideraron, quizás maliciosamente, que la subasta de 1952, a favor de FECSA, controlada por Juan March, que había financiado el golpe militar del 18 de julio de 1936, podía considerarse como un botín de la Guerra Civil.
Ahora sabemos que no es suficiente el sindicato único y la acción directa. No basta con la huelga general, si se reduce sólo a la ciudad de Barcelona, o sólo a Cataluña, o sólo a España. No basta una victoria parcial, o una mejora laboral. No basta con conseguir la jornada de ocho horas. No basta con el reconocimiento del sindicato único. La acción directa de los obreros no es suficiente. Ahora sabemos que en la guerra de clases sólo nos vale la victoria total. No en vano han pasado ya casi noventa años.
9. Pero en octubre de 1919 el alcalde Tarrasa redactó esta nota, adjunta a un formulario ya obsoleto:
Ilmo. Sr. Presidente del Instituto de Reformas Sociales. Madrid. 
Ilmo. Sr.: En cumplimiento de lo dispuesto en la R. O. de 2 de julio de 1909, tengo el honor de remitir a V.I. la adjunta hoja estadística de la huelga de tipógrafos habida en esta ciudad y solucionada recientemente.Extrañará V.I. seguramente, la escasez de datos que en ella se dan, y el que esta Junta local de reformas Sociales ignore muchos de ellos, de carácter esencialísimo. La razón es clara. Desde que se constituyó en esta ciudad el llamado Sindicato único, los afiliados a él, y son todos los obreros constituidos en sociedades de los distintos ramos de la producción, unos por voluntad y otros coaccionados, han proclamado la norma de no querer nada con las Autoridades, sea cualquiera el carácter de éstas; y al acordar una huelga, la plantean y desarrollan sin dar conocimiento previo y sin admitir intervención alguna que no sea la de parte directamente interesada; dándose también el caso de que si se trata de indagar cuál es la Junta o Comisión dirigente del movimiento, contestan los interesados que entre ellos no hay Junta ni Comisión de ninguna especie, que todos obran con igual autoridad y representación , y que sus asuntos no más quieren tratarlos con aquellos que directamente han de resolverlos.Dado este estado de cosas, a esta Junta le es sumamente difícil desempeñar su cometido, y si cumple con lo preceptuado es valiéndose de informaciones indirectas y tratando de las cuestiones mejor con carácter particular que con carácter oficial. Esto habrá podido apreciarlo ese Instituto de la digna Presidencia de V.I. por las muchas hojas de estadística que tiene recibidas de esta Junta, sin rellenar de ellas el requisito de la conformidad del patrono en cuyo establecimiento se produjo la huelga, ni la del Presidente de la Sociedad obrera causante de aquélla: ambas firmas son punto menos que imposible poderlas obtener. Las huelgas todavía pendientes de solución, que son las parciales de cerrajeros, mecánicos, albañiles, carpinteros y del ramo del agua, y las totales de panaderos y hojalateros y lampistas, han sido objeto reiteradas veces de propósitos de intervención por parte de esta Junta, y siempre ha tropezado con los obstáculos antedichos: no querer nada con la Autoridad, por una parte, y no conseguir nunca saber si aquellos que acudían a sus citas, ya llamados al azar, tenían la representación necesaria para tratar del asunto. Lo más frecuente es que al citar a la comisión de huelga de los carpinteros, por ejemplo, se presente un carpintero y cuatro o más de distintos oficios: carreros, albañiles, zapateros, etcétera. Tal es la situación de esta ciudad, por lo que hace referencia con las cuestiones sociales y el ascendiente que la Autoridad tiene en ellos.  
Dios guarde a V.I. muchos años. 
Tarrasa, 21 de Octubre de 1919.
El Alcalde, Presidente. [Sello redondo en el que se lee: Junta Local de Reformas Sociales – Tarrasa].

10. Uno de los momentos más bellos del trabajo de investigación histórica es aquel en el que encuentras, entre cientos de documentos insípidos o repetitivos de un legajo, una hoja, o a veces una sencilla nota, en la que alguien, sublevándose contra la estupidez de las preguntas fuera de lugar de un impreso que ha de rellenar, se decide a explicar en una breve acotación que aquel formulario está anticuado y no puede intentar abarcar la realidad existente porque ya no cabe, ni en el papel, ni en la mentalidad del burócrata que lo ha redactado cuidadosamente para “archivar” la realidad (social y laboral). Eso me pasó la semana pasada, consultando un archivo de la Junta de Reformas Sociales de Tarrasa.
Agustín Guillamón,  18 de junio 2008


Notas:

[1] Lo mismo sucedería, sólo por citar otros casos entre miles, en la huelga de la minería asturiana en la primavera de 1962; o en la empresa Roca, de Gavá, en 1976.
[2] Liberación del preso para asesinarlo a disparos y justificarlo como intento de fuga.
[3] Cierre empresarial que deja sin trabajo, ni  salario, a los trabajadores.
[4]BUJ, Antonio: “La cuestión urbana en los informes de la Comisión de reformas sociales; en Horacio Capel, José Mª López Piñero y José Pardo (coords.): Ciencia e ideología en la Ciudad (II). I Coloquio Interdepartamental. Valencia, 1991, Generalitat Valenciana/Conselleria d’Obres Públiques, Urbanisme i Transports. Valencia, 1994, pp. 73-86.
[5] Véase BAR, Antonio: La CNT en los años rojos. Akal, Madrid, 1981.

miércoles, 16 de mayo de 2018

BREU BIOGRAFIA DE JUSTO BUENO (1907-1944)



BUENO, Justo (1907-1944)

Torner. Justo Bueno Pérez, va néixer a Munébrega (prop de Calatayud) el 1907, fill de Justo i de Vicenta. La seva família va emigrar a Barcelona quan encara era un nen. Va destacar com a home d'acció en els comitès de defensa durant les lluites dels tramviaris en els anys trenta. Se li va atribuir l'incendi de tramvies i el seu llançament per carrers en pendent, així com de l'assalt i sabotatge de les cotxeres.
El 28 d'abril de 1936, segons confessió realitzada per Justo Bueno en el sumari incoat per la judicatura franquista, va intervenir amb l'argentí Lucio Ruano (pseudònim de Rodolfo Prina), José Martínez Ripoll i Vicente Tomé Martín, també argentí, en el grup d'acció que va donar mort als germans Badia, aconseguint per això certa celebritat. Jaime Riera (que en l'estiu del 36 va ser membre cenetista del Tribunal de les Patrulles de Control) va facilitar les armes i el cotxe de fugida. A l'alçada del número 38 del carrer Muntaner, Justo Bueno va assassinar a Miquel Badia amb tres trets; Ruano a Josep Badia; Martínez Ripoll, que havia assenyalat l'objectiu, caminant per la vorera oposada, va protegir la fugida de Bueno i Ruano, amb la seva pistola metralladora. Vicente Tomé conduïa l'auto de fugida, un Ford vermell fosc matrícula B-39763.
Miquel Badia, cap dels escamots, catalanistes i independentistes, i Cap d'Ordre Públic de la Generalitat des del 7 de febrer de 1934, havia destacat per usar habitualment la força pública i els "escamots" contra els vaguistes, i per torturar sistemàticament els sindicalistes detinguts, fins i tot amb simulacres d'afusellament, produint-se en nombroses ocasions la mort dels maltractats. El binomi Dencàs-Badia, des de principis de 1934, havia instaurat en el departament de Governació de la Generalitat un aparell de repressió i persecució obrera i anticenetista, que usava mètodes feixistes i racistes, especialment en la repressió de l'enferrissada vaga barcelonina del transport urbà. En menys d'un any (desembre de 1933 a setembre de 1934) l'acció concertada de les forces policials i els escamots havien causat, entre els obrers, nombrosos presos i morts, milers de pallisses i centenars de torturats. Aquest era "l'oasi català " que encara ens ven la història sagrada de la burgesia.
El jutge Márquez, sotmès a fortíssimes pressions, va alliberar el 25 de juny als anarquistes que havien estat detinguts com a sospitosos de l'assassinat dels Badia: Justo Bueno, Ignacio de la Fuente, José Villagrasa i Manuel Costa Ribero. Els periodistes Avel.li Artís Gener ("Tísner"), de La Rambla, i Josep Maria Planes, de La Publicitat, van protestar per aquesta decisió judicial, sense denunciar que aquestes pressions procedien de les més altes autoritats de la Generalitat. El comissari de policia Escofet havia desviat l'atenció, amb la falsa acusació i arbitrària detenció de diversos falangistes. Un jove, eloqüent, ben plantat, alt, elegant i audaç Justo Bueno, va visitar Tísner al seu despatx, per explicar-li en un perfecte i acurat català tot el que havia passat i després va exigir-li silenci .
Nombroses preguntes sense resposta: Qui havia informat al grup d'acció anarquista on vivia Miquel Badia? Qui havia avisat que la pistola de Miquel Badia (clandestina, ja que la Generalitat no li havia concedit permís d'armes) estava avariada des del dia anterior i que havia estat lliurada a una armeria per al seu arranjament? Qui sabia que era el millor moment, en el millor lloc?
L'endemà de l'assassinat dels germans Badia, un grup d'acció, format per mossos camuflats de paisà, segons ferma creença generalitzada en l'època, havia cosit a trets, a la porta del seu domicili, al travesti i director de diversos antres de prostitució, joc i venda de drogues, conegut com Pepe "el de La Criolla", que a més era confident de la policia i del millor postor. Uns deien que havia estat per venjar als Badia, altres que es tractava de tallar tots els fils que relacionessin a les més altes instàncies de la Generalitat amb aquest assassinat, de manera que les possibles proves quedessin només en rumors i càbales de brutes i mesquines rivalitats sexuals. Potser algú havia manipulat l'antic "rondín especial" de Badia en els mossos. Un prudent i astut periodista de la revista Crònica, al número del 17 de maig de 1936, glossava amb profund coneixement la figura de Pepe 2el de La Criolla2, i relacionava el seu assassinat amb el de Miquel Badia el dia anterior, per acabar irònicament amb un trapella ullet al lector: «Ja veuran com no és per això».
Quan les notícies i certeses només podien convertir-se en rumors, perquè li anava la vida o el treball a l'informador, els rumors es convertien en el calidoscopi de les probables veritats.
L'assassinat de Miquel Badia necessitava la col·laboració de diversos estaments, interessos i persones, molt diferents entre si, però unides per la seva comú enemistat, que van intercanviar informació, capacitats i ocasions. Miquel Badia havia perjudicat al seu antic confident, Pepe "el de la Criolla", amb la persecució efectiva del joc, als cenetistes per les tortures sistemàtiques i l'ús de la força pública per trencar les vagues, especialment en el transport urbà, a Companys pels drets que creia posseir sobre Carmen Ballester i per haver estat cessat al setembre de 1934 com a Cap Superior d'Ordre Públic, després de detenir el jutge que processava al seu amic Xammar, qui havia recusat el tribunal per no permetre'l declarar en català. I, sobretot, per incomplir la promesa de restablir-lo en el càrrec, després de l' abraçada pública, entre tots dos, en l'acte de desgreuge del 24 de setembre de 1934.
Sense la participació de la CNT, la insurrecció catalanista del 6 octubre de 1934 va aixecar bandera blanca en sentir les primeres canonades de l'exèrcit. Companys i el seu govern van anar a la presó; Dencàs, Rodríguez Sala, Menéndez i Badia van fugir per les clavegueres per exiliar-se a París.
Les JEREC (Joventuts d'ERC-Estat Català), davant els escandalosos rumors o certeses, i davant de tanta mesquinesa, es van escindir perquè un ampli sector volia refundar i enfortir Estat Català, trencant amb Companys. Un fil unia aquesta escissió, contra Companys i pro-Badia, amb l'intent de cop d'estat de novembre de 1936, en el qual el servei d'informació del cenetista Manuel Escorza va desbaratar un complot catalanista que intentava assassinar Companys i destacats militants anarquistes, com Aurelio Fernández, proclamant la independència de Catalunya amb el suport de les potències feixistes. El complot va finalitzar amb l'execució de Reverter, un altre comissari d'ordre públic nomenat per Companys. De nou escandalosos rumors sexuals sobre la dona de Reverter que, infundats o no, desprestigiaven al govern.
Al maig i juny de 1936, els periodistes Tísner i Planes van prosseguir i van incrementar la seva campanya de difamacions contra la CNT, considerada com una associació de gàngsters, així com d'acusacions directes contra Bueno i el seu grup. Acusaven també a la Generalitat per la seva passivitat, però no deien res sobre la corrupció en les altes esferes, i tampoc no deien res sobre el aferrissat antagonisme sexual entre capitostos del govern.
Planes va ser assassinat l'agost de 1936 per un grup d'acció (aliè a Bueno); Tísner va tenir una inesperada trobada al front d'Aragó amb Bueno, que conduïa una tanqueta. Després de intercanviar algunes paraules, Justo Bueno, molt gentilment, es va apartar del camí perquè el camió que conduïa el periodista catalanista pogués prosseguir el seu camí. I és que ara lluitaven, de moment, en el mateix bàndol .
El 20 juliol de 1936 Justo Bueno havia participat en l'assalt de la caserna de Drassanes, al costat de Francisco Ascaso, García Oliver, Antonio Ortiz, Pablo Ruiz, Lucio Ruano i altres. Va marxar a Aragó amb la Columna Durruti, el 24 de juliol, formant part del Comitè d'Investigació de la Columna. Va exercir el càrrec de delegat general d'ordre públic, i després de subsecretari del mateix departament, del Consell d'Aragó. Se li va acusar de l'afusellament de 29 franquistes a Gelsa, a la rereguarda immediata al front militar.
Un grup d'acció, constituït per José Martínez Ripoll, Rafael Ginesta, Vicent Ferrer Cruzado, Rafael Selles i Antonio Moreno López, sense la participació de Justo Bueno, havia assassinat el 18 de setembre de 1936, a un agent de policia, anomenat Jaume Vizern Salabert, que s'havia assabentat del nom dels responsables de l'assassinat dels Badia. El tal Vizern va ser localitzat al bar Velòdrom, i va ser enganyat per pujar a un cotxe, a l'interior del qual va ser tirotejat. El seu cos va ser llançat immediatament a la via pública. L'autor dels trets va ser Martínez Ripoll, resultant ferit accidentalment Vicent Ferrer. Bueno va ser acusat erròniament de participar en tal assassinat.
Justo Bueno va estar tres mesos al front, al cap dels quals va ser encarregat d'organitzar els tallers Labora, dedicats a la fabricació de material de guerra.
El 27 de gener de 1937 Lucio Ruano i Pedro Campón havien estat condemnats a mort en una reunió del sindicat de la metal·lúrgia, a causa dels excessos, robatoris i assassinats comesos entre els camperols dels pobles aragonesos propers al front.
En els primers mesos de 1937, segons explicava Abel Paz, Justo Bueno va planificar l'assassinat de Franco, en col·laboració amb un periodista anglès al que havia d'acompanyar com a fotògraf, amb una càmera trucada capaç de disparar una bala. Però el suïcida pla no va superar la fase del mer projecte, per abandó del periodista.
Justo Bueno no va voler participar directament en l'execució del seu amic Ruano, però li va cridar telefònicament perquè anés al garatge del carrer Casanova, gairebé cantonada Gran Via, on l'esperava el grup d'acció que el va executar, amb el seu germà i les companyes de tots dos, en el moment en què estaven planificant la seva fugida del país. El grup d'acció, que va executar als Ruano el 15 de juliol de 1937, estava format per Luís Latorre Mestres, Vicent Ferrer Cruzado, Antonio Moreno López, José Martínez Ripoll, Rafael Ginesta, Rafael Selles i José Parés, tots ells (inclòs Bueno) empleats del garatge, sumant-se a més els sindicalistes metal·lúrgics Liberto Ros Garro, José Mariño Carballada i Lucio José Gómez Arnáiz, president del Sindicat de la Metal·lúrgia i membre del Servei d'Informació i Investigació dirigit per Manuel Escorza.
Unes setmanes abans Lucio Ruano havia assassinat a un pilot francès, anomenat Moreau, sense cap coneixement de Justo.
El 16 juliol 1937 Justo Bueno, José Martínez i Lluís Latorre es van exiliar a França, entre Auch i Toulouse, d'on van tornar clandestinament, i per separat, en assabentar-se de l'ordre d'extradició existent contra ells per l'assassinat de l'aviador francès. Al seu retorn, Bueno va ser a empresonat per les autoritats republicanes, i condemnat pels assassinats del garatge del carrer Casanova.
A la reunió del Comitè Regional amb altres comitès superiors, celebrada el 28 d'agost de 1937, es va llegir "l'informe que ens envia el company Bueno, sentenciat a trenta anys de presidi, en el mateix ens explica la seva trista situació, i els motius que li van donar origen, explicant la seva actuació i el per què de la injusta causa, que ha donat motius perquè els nostres adversaris polítics influïssin perquè fos més carregada".
El 7 d' octubre de 1937 es va iniciar un procés contra Bueno per possessió de passaport fals, instant al jutjat d'evasió de capitals que s'investigués la possible participació en la venda de valors artístics de la República. Les freqüents protestes que es produïen a la Model, plena de gom a gom, van facilitar el seu trasllat a Manresa. El 8 de gener de 1938 es va escapolir d'aquesta presó, establint-se a Marsella i París com a espia al servei de Manuel Escorza.
La fugida del Preventori de Manresa va ser planificada i executada mitjançant la col·laboració de les organitzacions interior i exterior de la CNT, que havien preparat i executat metòdicament un excel·lent pla d'evasió. Es van escapolir divuit presos, alguns d'ells de "notòria perillositat", com Ordaz, mà dreta d'Aurelio Fernández, i el mateix Bueno. Heus aquí la llista completa dels evadits, per ordre alfabètic: Juan Artero, Roberto Bigliani Boco, Justo Bueno Pérez, Pío Coletas Robira, Antonio Céspedes Asencio, Silvestre Egea Fernández, Andreu Froment Froment, José Giménez Herrero, Francesc Massip Valls, Salvador Mellado Fernández, Antonio Ordaz Lázaro, Jaume Orriols Cases, Josep Queral Miró, Santiago Queralt Brusi, Caricio Romero Corrador, Manuel Sidoncha Gómez, Doménech Vaca González i Richard Winger.
Artero i Bigliani estaven presos per denúncies de les Brigades Internacionals, Bueno, Egea, Massip, Mellado, Queral i Romero per assassinats; Ordaz per desaparicions; Queralt i Coletas, per robatori; Vaca i Orriols per espionatge; Gespes i Giménez per tinença il·lícita d'armes; Winger i Froment tot esperant ser expulsats del país, i finalment Sidoncha per fets esdevinguts al front de Sariñena.
Els comitès superiors van encarregar a Bueno, i un equip d'ajudants, l'assassinat de Joaquín Ascaso i Antonio Ortiz, a França, acusats injustament de robatori de joies i divises evadides l'estranger, que comprometien l'Organització. Justo Bueno va intentar enverinar-los amb una ínfima dosi d'arsènic, a l'agost de 1938, però va fracassar, més o menys conscientment, i no va aconseguir finalitzar mai la seva missió.
Home d'acció, al que es van encarregar els treballs més bruts, perillosos i/o desagradables, pel que sembla no va actuar mai per compte propi, ni per obtenir beneficis personals, sinó que sempre va operar al servei de l'Organització, cega i disciplinadament. I aquesta ceguesa va ser el seu pitjor blasó. Joaquim Olaso, Àfrica de les Heras, Eusebio Rodríguez Sala i José Gallardo van exercir al PSUC-UGT tasques similars i paral·leles a les de Bueno a la CNT, però allà a la ceguesa li deien disciplina, i la premiaven amb medalles i ascensos o, si els calia, la castigaven amb l'expulsió.
Justo Bueno va ser reconegut casualment a Marsella per la vídua de Moreau, i va ser detingut a la presó d'aquesta ciutat el 9 de març de 1939. El 12 d'agost de 1939 el govern francès va concedir l'extradició de Bueno i Martínez Ripoll, que van ser lliurats a les autoritats franquistes a Port-Bou, el 12 de març de 1940. Va estar detingut, amb José Martínez Ripoll, a la presó de Figueres, d'on va passar a Madrid, a disposició de la Direcció General de Seguretat, des del 12 de maig fins el 30 de juliol de 1940, alliberats per la Comissió d'empresonament perquè no estaven reclamats per cap jutge. José Martínez Ripoll ja no va ser localitzat. Justo Bueno va entrar a treballar a la Maquinista Terrestre i Marítima de Sant Andreu. El comissari franquista Pedro Polo Borreguero i l'inspector Eduardo Quintela Boveda, tots dos formats professionalment amb el catalanista Cap Superior  d'Ordre Públic Miquel Badia, del qual es consideraven deixebles, van reconèixer i van detenir Justo Bueno a les Rambles barcelonines el 29 de juny de 1941, registrant el seu domicili, situat al carrer Borrell 57, tercer, primera. La Vanguardia del 3 de juliol va donar notícia de la detenció. Quintela es va encarregar de la paperassa per imputar a Justo Bueno.
L'1 de desembre de 1942 va ser traslladat en tren al penal de Burgos, en companyia de Joaquim Maurín Julià (POUM), José María Batlle Salvat (Oficina Jurídica de la CNT) i d'un tal Martorell, per ser empresonat al Departament de Perillosos .
El 14 de juliol de 1943 es va obrir el sumari 27059, per auxili a la rebel·lió, contra Justo Bueno Pérez, Luis Latorre Mestres, tots dos a la presó, i José Martínez Ripoll, en rebel·lia. El 22 de juliol de 1943 va ser traslladat a Barcelona, procedent del penal de Burgos, per ser posat a disposició del Jutjat Militar .
El 16 d'agost de 1943 es va aplicar a Bueno el règim especial per petició de pena de mort, que va ser confirmada l'endemà en el Consell de Guerra celebrat al Govern Militar. El mateix dia es demanava pena de mort al reclús Luis Latorre Mestres. Després d'una espera inusitadament llarga, potser amb la intenció d'obtenir informació addicional, a primera hora del matí del 10 febrer de 1944 Justo Bueno va ser lliurat a l'escamot d'execució i afusellat al Camp de la Bota. Una ironia del destí va voler que compartís capella i cigar amb Miquel Arenas, que poques hores abans havia festejat amb els sus companys d'Estat Català la notícia de la immediata execució de Bueno.
La Vanguardia del dia 11 de febrer explicava que durant la matinada del dia anterior havien estat afusellats Justo Bueno Pérez, Miguel Arenas Pons i Alfonso Palau Font, per delictes comesos durant la guerra civil, així com José Guia Cruzado i Feliciano Blaya Junta per atracaments a mà armada.
Justo Bueno fou enterrat al Fossar de la Pedrera. El seu nom figura en una de les columnes que precedeixen l'entrada al Fossar, esborrat periòdicament per accions d'Estat Català (l'abril de 2008, desembre de 2008 i maig de 2010) i restaurat, una i altra vegada, per l'Ajuntament de Barcelona. Polèmic, doncs, més enllà de la mort; convertit en absurda disputa entre gents a les quals sempre va ser aliè. Potser Justo Bueno hagués considerat, com la pitjor dels seus malsons, que les seves restes es podrissin en una fossa comuna presidida per la tomba de Lluís Companys, per a major glòria i magnificència d'aquest.
Ja ens han anunciat que si algun dia es creen i consoliden les estructures d'un Estat català, la plaça d'Espanya canviarà el seu nom pel de plaça dels Germans Badia, i el nom de Justo Bueno Pérez serà esborrat, per sempre, de la columnata del Fossar, i si poden, de la faç de la terra.
Que aquesta nota biogràfica sigui intolerable epitafi per a molts, dur com la realitat i la pedra; contradictori i trencadís homenatge pels menys; provocatiu i indeleble record per a tots, sense cisell ni columnes, sense fàcils condemnes ni forçades lloances; encara que només pretén ser el verídic esbós de la vida d'un lluitador sindicalista, fruit amarg del despietat temps que li va tocar viure. Un temps en què alguns es barallaven, entusiastes, amb les armes a la mà, per ser i sobreviure, sense més alternativa que la de morir o sotmetre's, perquè se sabien incondicionals militants obrers de la guerra de classes en curs.
Agustín Guillamón

Publicat a la revista CATALUNYA, número 157 (gener de 2014).

martes, 15 de mayo de 2018

BREVE BIOGRAFÍA DE JUSTO BUENO (1907-1944)



Justo Bueno (1907-1944)

Tornero. Justo Bueno Pérez, nació en Munébrega (cerca de Calatayud) en 1907, hijo de Justo y de Vicenta. Su familia emigró a Barcelona cuando aún era un niño. Destacó como hombre de acción en los comités de defensa durante las luchas de los tranviarios en los años treinta. Se le atribuyó el incendio de tranvías y su lanzamiento por calles en pendiente, así como el asalto y sabotaje de cocheras.
El 22 de octubre de 1933 ocho mil miembros uniformados de los escamots de las JEREC (Juventudes de ERC-Estat Català) desfilaron militarmente en Montjuic, imitando el modelo nazi-fascista. Vestidos con camisa militar verde, pantalones oscuros de pana, correajes de cuero y botas claveteadas, vitorearon los discursos de Miguel Badia, de Josep Dencàs (según la “Soli” ridículo imitador de Hitler) y del tan manipulado como ambicioso presidente Macià.
Tal desfile provocó al día siguiente un encendido debate en el Parlamento catalán, que rechazaba en su mayoría tales manifestaciones totalitarias, aunque todo quedó en mera palabrería y en la mayor pasividad.
El 24 de octubre de 1933 un grupo de escamots [pelotones armados] asaltaron a punta de pistola la imprenta donde se imprimía el semanario humorístico catalanista y liberal El Be Negre, dirigido por Planes, provocando algunos desperfectos, al tiempo que destruían y secuestraban los cinco o seis mil ejemplares del número de esa publicación, en curso de impresión. No se detuvo a nadie. El redactor que había ofendido a algunos dirigentes de ERC y Estat Català huyó prudentemente a un lejano país y el propietario de la imprenta presentó cargos por destrucción de algunos enseres y deterioro de maquinaria contra el confeso participante en el asalto, el señorito Jaume Aiguader (hijo del alcalde de Barcelona y dirigente de ERC del mismo nombre), que estuvo al mando, con su tío Artemi, del escamot de los 15 asaltantes del semanario. La “Soli” advirtió que si los escamots les atacaban se defenderían adecuadamente, muy lejos de la pasividad mostrada por El Be Negre.
En los meses siguientes la emulación fascista de los escamots incluyó también reventar huelgas y boicotear los mítines de los partidos rivales, al mismo tiempo que Badía y Dencás se hacían con los resortes efectivos de Gobernación y Orden Público, torturando sistemáticamente a los cenetistas detenidos por la huelga de tranvías en Barcelona.
El binomio Dencàs-Badia, desde principios de 1934, había instaurado en el departamento de Gobernación de la Generalidad un aparato de represión y persecución obrera y anticenetista, que normalizó la implantación y uso de métodos policiacos fascistas y racistas. En menos de un año (diciembre de 1933 a septiembre de 1934) la acción concertada de las fuerzas policiales y los escamots habían causado, entre los obreros, numerosos presos y muertos, millares de palizas y centenares de torturados. Ese era “el oasis catalán” que nos vende la Historia Sagrada de la burguesía.
Sin la participación de la CNT, dado que era imposible la colaboración con quienes ejercían una durísima represión antisindicalista, la insurrección catalanista del 6 de octubre de 1934 levantó bandera blanca al oír los primeros cañonazos del ejército. Los cenetistas recogieron y guardaron las armas abandonadas por los escamots. Companys y su gobierno fueron a prisión; Dencás, Rodríguez Salas, Menéndez y Miquel Badia huyeron por las cloacas para exiliarse en París.
El 28 de abril de 1936, según confesión realizada por Justo Bueno en el sumario incoado por la judicatura franquista, intervino con el argentino Lucio Ruano (seudónimo de Rodolfo Prina), José Martínez Ripoll y Vicente Tomé Martín, también argentino, en el grupo de acción que dio muerte a los hermanos Badía, alcanzando por ello cierta celebridad. Jaime Riera (que en el verano del 36 fue miembro cenetista del Tribunal de las Patrullas de Control) facilitó las armas y el coche de huida. A la altura del número 38 de la calle Muntaner, Justo Bueno asesinó a Miquel Badia con tres disparos; Ruano a Josep Badía; Martínez Ripoll que había señalado el objetivo, caminando por la acera opuesta, protegió la huida de Bueno y Ruano, con su pistola ametralladora. Vicente Tomé conducía el auto de fuga, un Ford rojo oscuro matrícula B-39763.
El juez Márquez, sometido a fortísimas presiones, liberó el 25 de junio a los anarquistas que habían sido detenidos como sospechosos del asesinato de los Badía: Justo Bueno, Ignacio de la Fuente, José Villagrasa y Manuel Costa Ribero. Los periodistas Avel·li Artís Gener (“Tísner”), de La Rambla, y Josep Maria Planes, de La Publicitat, protestaron por tal decisión judicial, sin denunciar que esas presiones procedían de las más altas autoridades de la Generalidad. El comisario de policía Escofet había desviado la atención, con la falsa acusación y arbitraria detención de varios falangistas. Un Justo Bueno, joven, locuaz, apuesto, elegante y audaz, visitó a Tísner en su despacho, para contarle todo lo sucedido y pedirle silencio.
Numerosas preguntas sin respuesta: ¿Quién había informado al grupo de acción anarquista dónde vivía Miquel Badia? ¿Quién había avisado que la pistola de Miquel Badia (clandestina, puesto que la Generalidad no le había concedido permiso de armas) estaba averiada desde el día anterior y que había sido entregada a una armería para su arreglo?
Al día siguiente del asesinato de los hermanos Badia, un grupo clandestino de acción de los mossos, camuflados de paisano, había acribillado a balazos, a la puerta de su domicilio, al travestí y director de varios antros de prostitución, juego y venta de drogas, conocido como Pepe el de La Criolla, que además era confidente de la policía y del mejor postor. Unos decían que para vengar a los Badía, otros que se trataba de cortar todos los hilos que relacionasen a las más altas instancias de la Generalidad con ese asesinato, de forma que las posibles pruebas quedasen sólo en rumores y cábalas de sucias y mezquinas rivalidades sexuales. Quizás alguien había manipulado la sed de venganza del “rondín especial” de Badía en los mossos. Un prudente y taimado periodista de la revista Crónica glosaba, en el número del 17 de mayo de 1936, con profundo conocimiento, la figura de Pepe el de La Criolla, y relacionaba su asesinato con el de Miquel Badia el día anterior, para terminar irónicamente con un travieso guiño al lector: “ya verán cómo no es por eso”.
Cuando las noticias y certezas sólo pueden quedarse en rumores, porque al informador le va en ello el trabajo o la vida, los rumores se convierten en calidoscopio de las posibles verdades.
El asesinato de Miquel Badia había sido planificado, verosímilmente, mediante la necesaria colaboración de diversos estamentos, intereses y personas, muy dispares entre sí, que intercambiaron información, capacidades y ocasiones. Miquel Badía había perjudicado a su antiguo confidente, Pepe el de la Criolla, con la persecución efectiva del juego; a los cenetistas por las torturas sistemáticas (con numerosas muertes) y el uso de la fuerza pública para romper las huelgas, especialmente en el transporte urbano; a Companys por los derechos que Miguel Badia creía poseer sobre Carmen Ballester y por haberle cesado en septiembre de 1934 como comisario de Orden Público, tras la chulesca detención del fiscal y del juez que procesaba a su amigo Xammar. Y, sobre todo, por incumplir la promesa de restablecerlo en el cargo, tras el abrazo público entre ambos, en el acto de desagravio del 23 de septiembre de 1934.
Las JEREC, ante los escandalosos rumores o certezas, y ante tanta mezquindad, se escindieron porque un amplio sector quería fusionarse con Estat Català y romper con Companys, a quien consideraban responsable último del asesinato de Badia. Un hilo unía esta escisión, contra Companys y pro-Badia, con la intentona de golpe de estado de noviembre de 1936, en la que el servicio de información del cenetista Manuel Escorza desbarató un complot catalanista que intentaba asesinar a Companys y a destacados militantes anarquistas, como Aurelio Fernández, proclamando la independencia de Cataluña con el apoyo de las potencias fascistas. El complot finalizó con la ejecución de Reverter, otro comisario de orden publico nombrado por Companys. De nuevo escandalosos rumores sexuales sobre la mujer de Reverter que, infundados o no, desprestigiaban al Govern de la Generalidad.
En mayo y junio de 1936, los periodistas Tísner y Planes prosiguieron e incrementaron su campaña de difamaciones contra la CNT, considerada como una asociación de gángsters, así como de acusaciones directas contra Bueno y su grupo. Acusaban también a la Generalidad por su pasividad, pero nada decían sobre la corrupción en las altas esferas y el terror represivo que practicaba el Govern contra la CNT. También encubrían el enconado antagonismo que había existido entre gerifaltes del gobierno, es decir, entre Companys y Badia, esto es, entre el presidente de la Generalidad y el organizador de las fuerzas armadas catalanistas, insurrectas en octubre de 1934, enfrentados y enemistados por una cuestión de faldas.
Planes fue asesinado en agosto de 1936 por un grupo de acción (ajeno a Bueno); Tísner tuvo un inesperado encuentro en el frente de Aragón con Bueno, que conducía una tanqueta. Tras reconocerse e intercambiar algunas palabras, Justo Bueno, muy gentilmente, se apartó del camino para que el camión que conducía el periodista catalanista pudiera proseguir su camino. Y es que ahora luchaban, de momento, en el mismo bando.
El 20 de julio de 1936 Justo Bueno había participado en el asalto del cuartel de Atarazanas, junto a Francisco Ascaso, García Oliver, Antonio Ortiz, Pablo Ruiz, Lucio Ruano, y otros. Marchó a Aragón con la Columna Durruti, el 24 de julio, formando parte del Comité de Investigación de la Columna. Desempeñó el cargo de delegado general de orden público, y luego de subsecretario del mismo departamento, del Consejo de Aragón. Se le acusó del fusilamiento de 29 franquistas en Gelsa, en la retaguardia inmediata al frente militar.
Un grupo de acción, constituido por José Martínez Ripoll, Rafael Ginesta, Vicente Ferrer Cruzado, Rafael Selles y Antonio Moreno López, sin la participación de Justo Bueno, había asesinado el 18 de septiembre de 1936, a un agente de policía, llamado Jaume Vizern Salabert, que se había enterado del nombre de los responsables del asesinato de los Badía. El tal Vizern fue localizado en el bar Velódromo, y engañado para subir a un coche, en el interior del cual fue tiroteado. Su cuerpo fue arrojado de inmediato a la vía pública. El autor de los disparos fue Martínez Ripoll, resultando herido accidentalmente Vicente Ferrer. Bueno fue acusado erróneamente de participar en tal asesinato.
Justo Bueno estuvo tres meses en el frente, al cabo de los cuales fue encargado de organizar los talleres Labora, dedicados a la fabricación de material de guerra.
El 27 de enero de 1937 Lucio Ruano y Pedro Campón habían sido condenados a muerte en una reunión del sindicato de la metalurgia, a causa de los desmanes, robos y asesinatos cometidos entre los campesinos de los pueblos aragoneses cercanos al frente.
En los primeros meses de 1937 Justo Bueno planificó el asesinato de Franco, en colaboración con un periodista inglés al que debía acompañar como fotógrafo, con una cámara trucada capaz de disparar una bala. Pero el suicida plan no superó la fase del mero proyecto, por abandono del periodista.
Justo Bueno no quiso participar directamente en la ejecución de su amigo Ruano, pero le llamó telefónicamente para que acudiera al garaje de la calle Casanova, casi esquina Gran Vía, donde le esperaba el grupo de acción que lo ejecutó, junto a su hermano y las compañeras de ambos, en el momento en que estaban planificando su fuga del país. El grupo de acción, que ejecutó a los Ruano el 15 de julio de 1937, estaba formado por Luís Latorre Mestres, Vicente Ferrer Cruzado, Antonio Moreno López, José Martínez Ripoll, Rafael Ginesta, Rafael Selles y José Parés, todos ellos (incluido Bueno) empleados del garaje, sumándose además los sindicalistas metalúrgicos Liberto Ros Garro, José Mariño Carballada y Lucio José Gómez Arnáiz, presidente del Sindicato de la Metalurgia y miembro del Servicio de Información e Investigación dirigido por Manuel Escorza.. Unas semanas antes Lucio Ruano había asesinado a un piloto francés, llamado Moreau, sin conocimiento alguno de Justo.
El 16 de julio de 1937 Justo Bueno, José Martínez y Luís Latorre se exiliaron en Francia, entre Auch y Toulouse, de donde regresaron clandestinamente, y por separado, al enterarse de la orden de extradición existente contra ellos por el asesinato del aviador francés. A su regreso, Bueno fue en carcelado por las autoridades republicanas, y condenado por los asesinatos del garaje de la calle Casanova.
En la reunión del Comité Regional con otros comités superiores, celebrada el 28 de agosto de 1937, se leyó “el informe que nos manda el compañero Bueno, sentenciado a treinta años de presidio; en el mismo nos explica su triste situación, y los motivos que dieron origen a ella, explicando su actuación y el por qué de la injusta causa, que ha dado motivos para que nuestros adversarios políticos influyeran para que fuera más cargada”.
El 7 de octubre de 1937 se le inició proceso por posesión de pasaporte falso, instando al juzgado de evasión de capitales que se investigara su posible participación en la venta de valores artísticos de la República. El hacinamiento y las frecuentes protestas que se producían en la Modelo facilitaron su traslado a Manresa. El 8 de enero de 1938 se fugó de esa cárcel, estableciéndose en Marsella y París como espía al servicio de la organización de Manuel Escorza.
La fuga del Preventorio de Manresa fue planificada y ejecutada mediante la colaboración de las organizaciones interior y exterior de la CNT, que habían preparado y ejecutado metódicamente un excelente plan de evasión. Se fugaron dieciocho presos, algunos de ellos de “notoria peligrosidad”, como Ordaz, mano derecha de Aurelio Fernández, y el propio Bueno. He aquí la lista completa de los evadidos, por orden alfabético: Juan Artero, Roberto Bigliani Boco, Justo Bueno Pérez, Pío Coletas Robira, Antonio Céspedes Asencio, Silvestre Egea Fernández, Andreu Froment, José Giménez Herrero, Francesc Massip Valls, Salvador Mellado Fernández, Antonio Ordaz Lázaro, Jaume Orriols Cases, Josep Queral Miró, Santiago Queralt Brusi, Caricio Romero Corrador, Manuel Sidoncha Gómez, Doménech Vaca González y Richard Winger.
Artero y Bigliani estaban presos por denuncias de las Brigadas Internacionales, Bueno, Egea, Massip, Mellado, Queral y Romero por asesinatos; Ordaz por desapariciones; Queralt y Coletas, por robo; Vaca y Orriols por espionaje; Céspedes y Giménez por tenencia ilícita de armas; Winger y Froment en espera de ser expulsados del país; y finalmente Sidoncha por hechos acaecidos en el frente de Sariñena.
Los comités superiores encargaron a Bueno, y un equipo de ayudantes, el asesinato de Joaquín Ascaso y Antonio Ortiz, en Francia, acusados injustamente de robo de joyas y divisas evadidas al extranjero, que comprometían a la Organización. Justo Bueno intentó envenenarlos con una ínfima dosis de arsénico en agosto de 1938, pero fracasó, más o menos conscientemente, y no consiguió finalizar nunca su misión.
Hombre de acción, al que se encargaron los trabajos más sucios, peligrosos y/o desagradables, al parecer no actuó nunca por cuenta propia, ni para obtener beneficios personales, sino que siempre operó al servicio de la Organización, ciega y disciplinadamente. Y esa ceguera fue su peor blasón. Olaso, África de las Heras, Eusebio Rodríguez Sala y José Gallardo desempeñaron en el PSUC-UGT tareas similares y paralelas a las de Bueno en la CNT, pero allí a la ceguera la llaman disciplina y la premian con medallas.
Justo Bueno fue reconocido casualmente en Marsella por la viuda de Moreau, y fue detenido en la cárcel de esa ciudad el 9 de marzo de 1939. El 12 de agosto de 1939 el gobierno francés concedió la extradición de Bueno y de Martínez Ripoll, que fueron entregados a las autoridades franquistas en Port-Bou, el 12 de marzo de 1940. Estuvo detenido, con José Martínez Ripoll, en la prisión de Figueras, de donde paso a Madrid, a disposición de la Dirección General de Seguridad, desde el 12 de mayo hasta el 30 de julio de 1940, liberados por la Comisión de encarcelamiento porque no estaban reclamados por ningún juez. José Martínez Ripoll ya no fue localizado. Justo Bueno entró a trabajar en la Maquinista Terrestre y Marítima de San Andrés. El comisario franquista Pedro Polo y el inspector Eduardo Quintela Boveda, ambos formados profesionalmente con el comisario catalanista de Orden Público Miquel Badia, reconocieron y detuvieron a Justo Bueno en las Ramblas barcelonesas el 29 de junio de 1941, registrándose su domicilio, sito en la calle Borrell 57, tercero, primera. La Vanguardia del 3 de julio dio noticia de la detención. Quintela se encargó del papeleo para imputar a Justo Bueno.
El 1 de diciembre de 1942 fue trasladado en tren al penal de Burgos, en compañía de Joaquim Maurín Julià (POUM), de José María Batlle Salvat (Oficina Jurídica de la CNT) y de un tal Martorell, para ser encarcelado en el Departamento de Peligrosos.
El 14 de julio de 1943 se abrió el sumario 27059, por auxilio a la rebelión, contra Justo Bueno Pérez, Luis Latorre Mestres, ambos en prisión, y José Martínez Ripoll, en rebeldía. El 22 de julio de 1943 fue trasladado a Barcelona, procedente del penal de Burgos, para ser puesto a disposición del Juzgado Militar.
El 16 de agosto de 1943 se le aplicó a Bueno el régimen especial por petición de pena de muerte, que fue confirmada al día siguiente en el Consejo de Guerra celebrado en el Gobierno Militar. El mismo día se pedía pena de muerte al recluso Luis Latorre Mestres. Tras una espera inusitadamente larga, quizás con la intención de obtener información adicional, a primera hora de la mañana del 10 de febrero de 1944 Justo Bueno fue entregado al pelotón de ejecución y fusilado en el Campo de la Bota. Una ironía del destino quiso que compartiese capilla y puro con Miguel Arenas, que pocas horas antes había festejado con sus camaradas de Estat Català la noticia de la inmediata ejecución de Justo. Ese mismo día fueron fusilados Miguel Arenas Pons y Alfonso Palau Font, por delitos cometidos durante la guerra civil; así como José Guía Cruceta y Feliciano Blaya Junta por atracos a mano armada, según explicaba La Vanguardia del día 11 de febrero.
Justo Bueno fue enterrado en el Fossar de la Pedrera. Su nombre figura en una de las columnas que preceden la entrada al Foso, borrado periódicamente por acciones de Estat Català (en abril de 2008, diciembre de 2008 y mayo de 2010) y restaurado, una y otra vez, por el Ayuntamiento de Barcelona. Polémico, pues, más allá de la muerte; convertido en absurda disputa entre gentes a las que siempre fue ajeno. Quizás Justo Bueno hubiera considerado, como la peor de sus pesadillas, que sus restos se pudriesen en una fosa común presidida por la tumba de Companys, para mejor gloria y magnificencia de éste.
Ya nos han anunciado que si algún día se crean y consolidan las estructuras de un Estado catalán, la plaza de España cambiará su nombre por el de plaza de los Hermanos Badia, y el nombre de Justo Bueno Pérez será borrado, para siempre, de la columnata del Fossar, y si pueden, de la faz de la Tierra.
Que esta nota biográfica sea intolerable epitafio para muchos, duro como la realidad y la piedra; contradictorio y quebradizo homenaje para los menos; provocativo e indeleble recuerdo para todos, sin cincel ni columnas, sin fáciles condenas ni forzadas alabanzas. A fin de cuentas, Justo Bueno y tantos otros justicieros surgieron como respuesta a la existencia de represores y torturadores fascistas como Miquel Badia. Que sea el esbozo biográfico de un luchador sindicalista, fruto amargo del despiadado tiempo que le tocó vivir. Un tiempo en el que algunos combatían, entusiastas, con las armas en la mano, para ser y sobrevivir, sin más alternativa que la de morir o someterse, porque se sabían incondicionales militantes obreros de la guerra de clases en curso.
Agustín Guillamón
Publicado en Catalunya, núm. 157 (enero 2014)
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