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viernes, 1 de enero de 2016

JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ PANIAGUA: «ENTENDERNOS A NOSOTROS, COOPERAR CON LOS DEMÁS»


Colin Ward


Entendernos a nosotros, cooperar con los demás
Peter Brown afirmaba, en Smallcreep's day, que en una sociedad libre tendríamos que llegar a un acuerdo con nosotros mismos, en primer lugar, y a continuación con nuestros semejantes, en el conflicto que fuere, en lugar de recurrir a los asistentes sociales, los partidos políticos, la policía o los delegados sindicales. Es de esta manera como nos enfrentaríamos con nosotros mismos, tal como somos.
Colin Ward, con el afán de extenderlos y mostrarse crítico con ellos después, repetía los típicos argumentos anarquistas sobre cómo una sociedad libertaria puede enfrentarse a actos criminales sin necesidad de un sistema legal instituido ni de fuerzas policiales: en primer lugar, si se habla de los robos como de la mayoría de los delitos, no tendrían sentido en una sociedad donde las materias primas y los medios de producción fueran comunitarios y existiera un reparto equitativo de las bienes de consumo; no se daría tampoco una inclinación tan fuerte a los actos violentos en una sociedad permisiva y sin que la competencia tuviera tanta predominancia; también se producirían mayores actos de responsabilidad en cuanto al uso de un transporte público, y desaparecería el apego a valores frívolos como la velocidad y la agresividad en las carreteras; el proceso de descentralización supondría que se evitaran las grandes concentraciones urbanas y que se desarrollaran valores de preocupación y respeto hacia el prójimo.
Si la ley emana del Estado en forma de orden o prohibición, basada en la autoridad y en la capacidad de emplear la fuerza, el delito supone cualquier infracción de dicha ley o código criminal y la policía son los agentes que se encargan de mantener esa ley y orden, está claro que todos estos conceptos se muestran incompatibles con el anarquismo. Pero la ley no tiene por qué suponer un sistema legalista, y sí tener un sentido comunitario o consuetudinario; incluso la sociología alude como ley a la formación de un cuerpo complejo de normas de todo tipo ya existentes en la sociedad. En cuanto a la noción de delito, también es posible extender su definición; el criminólogo del siglo XIX Garofallo hablaba de "cualquier acto que vaya contra las normas imperantes de honestidad y de respeto al prójimo". Incluso, algunos profesionales insisten en que la clasificación legal no debería limitar el trabajo del criminólogo y ampliar la definición a la vista de ciertos comportamientos aparentemente no delictivos. La idea de algo parecido a la policía desde un punto de vista anarquista se muestra casi imposible; a pesar de ello, puede aceptarse que una fuerza coercitiva como la policial realice determinadas funciones sociales, siempre minoritarias en cuanto a su cometido de labores al servicio de un gobierno. Colin Ward mencionaba una alternativa a la policía denominada "control social", descrita como el sistema por el cual los individuos y las comunidades se protegen de las acciones antisociales. Godwin, en Justicia política, ya hablaba de un área reducida en un contexto descentralizado en la que el individuo estaría sometido al juicio de la comunidad (se entiende, que sin intenciones coercitivas arbitrarias). A pesar de esta teoría, hay que advertir de la opresión costumbrista y censora que se han dado tantas veces en los pueblos, lo que ha llevado a tantas personas inconformistas o de comportamiento "antisocial" a refugiarse comprensiblemente en grandes urbes.
Kropotkin reconocía que en una sociedad, por muy bien organizada que esté, aparecerán siempre personas que se dejan llevar por sus pasiones para cometer acto antisociales. Para prevenirlo, habría que dar una orientación sana a esas pasiones huyendo del aislacionismo y del individualismo egoísta que supone la propiedad privada. Es necesario buscar la comunicación, el conocimiento de nuestros semejantes que supondría una vida comunitaria más entrelazada que empuje a las personas a la cooperación moral y material. Ward menciona a Edward Allsworth Ross como el primero, en 1901, en dar a esta idea el nombre de "control social"; hablaba de determinadas sociedades fronterizas en las que no se daba provecho alguno para una autoridad legal gracias a la simpatía, la sociabilidad y un sentido de la justicia conformado en circunstancias favorables. En la actualidad, el control social se define como regulador del comportamiento a través de valores y normas, contrastado con el orden que se pueda establecer con el uso de la violencia. Los sociólogos parecen de acuerdo en que lo que quita valor al llamado "control social", definido por el cumplimiento de unos normas, frente a la "autoridad", en la que se habla de obediencia a esas normas, es el tamaño y el alcance de una comunidad. Jane Jacobs es una urbanista contemporánea que se ha ocupado de la manera en que el control social funcionaba en el ambiente urbano; si una de las funciones de calles y aceras, llenas de extraños en el caso de grandes concentraciones urbanas, es la de inspirar seguridad, la misma se mantiene gracias a una trama intrínseca de controles voluntarios y de normas tácitas entre la propia gente, sin que la policía intervenga para nada. Según esta autora, se puede hablar de cierta labor de vigilancia mutua e inconsciente por parte de la gente en aglomeraciones reducidas y, como consecuencia y de forma paralela, las personas se desenvuelven con menos hostilidad y sospecha al disfrutar de las calles de manera voluntaria y sin preocupación. En grandes urbes es otro cantar, ya que la presencia de extraños que no tienen por qué adaptarse al ambiente obliga a soluciones más directas y tajantes. Lo que se defiende es que el comportamiento social tiene más dependencia de la responsabilidad compartida que de alguna fuerza policial.
Errico Malatesta hablaba de una defensa frente a quienes atentan, no contra un sistema establecido, sino contra los valores más profundos que distinguen al hombre de otras especies, y que los gobiernos utilizaban para justificar su existencia. En primer lugar, hay que eliminar las causas sociales del delito y buscar los sentimientos fraternales y de mutuo respeto. Pero Malatesta advertía sobre la instauración de un nuevo sistema opresivo basado en el privilegio, con esa excusa de comportamiento sociales; la solución pasaba para él por la búsqueda de una solución defensiva por parte de las mismas personas afectadas, viendo al delicuente como a un "enfermo" que necesita atención. En casos extremos, puede que se tenga que recurrir a una violencia defensiva o confinamiento frente a ciertos actos peligrosos, dejando el juicio para las partes interesadas, sin la creación de algo parecido a una fuerza policial. Colin Ward analizaba estos argumentos de Malatesta y mencionaba, en primer lugar, el peligro de endurecimiento e institucionalización de todo sistema de justicia, conocidos son los casos de terribles tribunales surgidos de un contexto revolucionario. Por otra parte, la fe en el pueblo que tiene Malatesta no pasaba, como es obvio, por toda justificación de la violencia vengativa que puedan ejercer las personas, tampoco del sentimiento de ansiedad y culpa que pueda tener una sociedad que no desea verdaderamente acabar con el crimen, esforzándose para indagar para ello en la raíces de lo que produce determinados comportamientos.
Observando las cosas de otro modo, una sociedad sin delito supondría una terrible cohesión basada en el conformismo y en el anquilosamiento. De Durkheim era la frase acerca de la idea de delito: "un aspecto de la salud pública, parte integrante de todas las sociedades saludables". La existencia de ciertos comportamientos puede acelerar los cambios necesarios, y el anarquismo tiene mucho que decir sobre estos comportamientos que son vistos como sospechosos según la ley establecida. Traigo de nuevo la frase de Malatesta citada al principio: "En cualquier caso, sólo somos una de las muchas fuerzas que actúan en la sociedad, y la historia avanzará, como siempre lo ha hecho, en la dirección que resulte de todas estas fuerzas". El anarquista italiano aludía a una tensión permanente entre diversas filosofías y actitudes sociales, que a su vez coexistirán. Siempre habrá actos antisociales, y siempre habrán gente deseosa de instaurar un sistema punitivo, por lo que los libertarios deberían mostrarse alerta para contener estas intenciones y buscar otro tipo de soluciones.
Una sociedad autogestionada por sus integrantes es posible, una sociedad en la que se diera la unanimidad se antoja imposible (y no deseable). La idea de elegir, entre varios tipos de comportamiento social, parece fundamental para toda filosofía de la libertad y de la espontaneidad. Ward rechaza, no la utopía, sino llegar a ella (la idea de una perfección, al igual que a Proudhon, no cabe en una mentalidad auténticamente progresista). Naturalmente, el olvidarse de llegar a la utopía no supone caer en el nihilismo ni en el abatimiento. Tampoco refugiarse en la esfera privada abundando en lo que se puede denominar "liberación personal" con la idea de que cunda el ejemplo; esa idea de afirmación individual siempre ha estado en el anarquismo, pero necesita completarse con la cooperación con  los demás, con lo que podemos llamar "emancipación social". No, de lo que se trata es de negar ese "idealismo" que pretende situar el objetivo solo al final (por lo que es susceptible de ser acusado de inalcanzable), negando todo compromiso inmediato y toda forja de las más bellas ideas en nuestra cotidianeidad. Alexaner Herzen escribió: "Una meta infinitamente remota no es una meta, es una decepción. Una meta debe estar más cercana -al menos, lo más cerca posible- del sueldo de un jornalero o de la satisfacción del trabajo realizado. Cada época, cada generación, cada vida ha tenido, y tiene, su propia experiencia, y el final de cada generación debe ser ella misma".
Ward defiende que la antítesis entre la idea libertaria y la idea autoritaria no es el resultado de ningún cataclismo final, sino una tensión permanente marcada por los compromisos vigentes a lo largo de toda la historia. La pluralidad de la sociedad hace que este enfrentamiento, polarización de muchos otros, resulte tal vez inconcluso a perpetuidad. Podemos luchar para que los más nobles valores se impongan en la sociedad, pero siempre existirá disconformidad y disensión; la respuesta para ello no pasará, en opinión de los anarquistas, por medios autoritarios. Es más, tal vez estemos hablando de argumentos que refuerzan nuestra postura, si hablamos de intenciones opuestas a una mayoría (por libertaria que se presente) o a toda suerte de centralización (en el ámbito o en la forma que sean); naturalmente, recordaremos que el disenso es lo aceptable, pero la imposición y el centralismo que puede estar en el germen de toda postura (mayoritaria o minoritaria) es lo rechazable. Hace tres décadas, Ward se mostraba pesimista al observar unos nuevos poderes políticos y económicos, más perversos incluso que en el siglo anterior, pero optimista al mismo tiempo al observar nuevos brotes de movimientos críticos con las instituciones y con afán autogestionador.
El mundo sigue transformándose vertiginosamente, y no siempre podemos mostrarnos positivos al respecto; el fracaso de la modernidad, con el nuevo periodo que denominan posmodernidad, supone una época de contornos difusos en la que no parece deseable aferrarse a nada sólido. Pero ese rechazo del dogmatismo, del absolutismo, ha formado siempre parte del anarquismo, incluso en su versión decimonónica más rígida, heredera de los postulados de la Ilustración. Nuestra batalla está también en el pensamiento, pero no olvidemos el legado de Ward: ese empeño diario en ir construyendo el anarquismo conformando los nuevos movimientos opuestos a todo poder coercitivo, formados por personas que se niegan a ser siervos consumistas o explotadores de sus semejantes.
Por último, una interesante reflexión que tal vez sintetice el pensamiento de Ward.  Se trata del falso dilema, absurdamente presente en tantas discusiones, sobre revolución y reforma. El auténtico enfrentamiento es entre una revolución que instaura una nueva élite de opresores y ese tipo de reforma que hace más llevadera y eficaz la dominación, con los cambios sociales, llámense revolucionarios o reformistas, que suponen que las personas incrementen su esfera de autonomía y que disminuya la dependencia de toda autoridad externa. Ward concluyó su libro Esa anarquía nuestra de cada día con estas bellas y esclarecedoras palabras: "El anarquismo, en todas sus modalidades, es una afirmación de la dignidad y de la responsabilidad humanas. No es un programa de cambios políticos, sino un acto de autodeterminación social".
José María Fernández Paniagua
Artículo publicado en el periódico anarquista Tierra y libertad, núm. 265 (agosto 2010).



viernes, 8 de mayo de 2015

«LA VIDA I EL PENSAMENT D'ERRICO MALATESTA», EXPLICATS BREUMENT PER GIANNI SARNO






LA VIDA I EL PENSAMENT 
D'ERRICO MALATESTA

Gianni Sarno

Traducció del castellà al català feta per JFFF


Aquest escrit vol ser només una introducció a la vida i al pensament del revolucionari anarquista Errico Malatesta. El formen dues parts que tracten, d’una manera bastant esquemàtica, de la vida i d'uns quants elements del seu pensament. No he volgut fer servir notes a peu de pàgina per agilitzar-ne la lectura. Tot i així, he de dir que he extret les idees presents dels llibres que el lector trobarà a la bibliografia.

G. S.

* * *

Nosaltres, al contrari, no pretenem posseir la veritat absoluta, creiem més aviat en la veritat social; la millor forma de convivència social no és una cosa fixa, vàlida per a tots els temps i per a tots els llocs, una cosa que es pugui determinar amb anticipació, sinó una cosa que, un cop assegurada la llibertat, es va descobrint i portant gradualment a la pràctica amb els frecs i la violència més petits possibles. Per això les nostres solucions deixen sempre la porta oberta a diverses solucions i, si pot ser, millors.

Errico Malatesta




I. La vida d'Errico Malatesta







Errico Malatesta va néixer a Santa Maria Capua Vetere (Caserta) el 14 de desembre de 1853. Pertanyia a una família de la petita burgesia. Va començar a estudiar medicina, però va deixar els estudis per dedicar-se a l’activitat revolucionària. Va regalar les seves terres als camperols que les treballaven; mentrestant ell va aprendre les activitats de mecànic i electricista. Va exercir aquestes activitats durant tota la seva vida, i amb elles s’hi va guanyar el «pa».

El 1872 va ser un dels fundadors de la primera seu de la Internacional italiana, a Nàpols. Aquell mateix any va participar en el congrés de Sant Imier, on va conèixer Mikhail Bakunin.

Al congrés de Berna de 1876 va abandonar el col·lectivisme de tendència bakuniana i es va declarar comunista anarquista. La Internacional italiana va ser la primera a declarar-se comunista llibertària. En aquesta dècada va participar en revoltes i insurreccions en diversos països: a Itàlia, on el van detenir i empresonar, i d’on va aconseguir escapar-se, a les revoltes anticolonials d’Egipte i Síria, i també en insurreccions i lluites a França, Bèlgica, Suïssa, Anglaterra...

El 1883 va tenir una forta polèmica amb Andrea Costa, un internacionalista que va passar del corrent antiparlamentari al socialisme parlamentari. Mentrestant, va abandonar l’espontaneïsme popular, característic del pensament de Piotr Kropotkin.

El 1886 va viatjar a Argentina, on va viure durant cinc anys. S’hi va dedicar a diverses activitats i va contribuir, d’una manera fonamental, a la creació de les primeres organitzacions de resistència obrera.

Al principi de la dècada següent va tornar a Europa. El 1891 va realitzar una gira de propaganda per Espanya.

Va tornar de manera clandestina a Itàlia, on tenia una ordre de cerca i captura. Cap al 1894 van tenir lloc una sèrie de revoltes i insurreccions a Sicília, Malatesta va intentar difondre el moviment revolucionari per tot el país. Però el seu pla va fracassar i va haver de marxar, aquesta vegada a Anglaterra.

El 1897 va tornar clandestinament a Itàlia. Es va instal·lar a Ancona, on va fundar la revista L’agitazione. El 1898 va ser detingut i condemnat a confinament, però va poder fugir. Va marxar un temps als Estats Units i després a Cuba. El 1900 va tornar a Anglaterra, on es va quedar fins al 1913.

El 1907 va participar en el Congrés anarquista internacional d’Amsterdam. Allí va tenir una forta polèmica amb el sindicalista francès Pierre Monatte, sobre sindicalisme i anarquisme. Partidari dels sindicats i de les organitzacions obreres, sostenia que no s’havia de confondre anarquisme amb sindicalisme. El sindicalisme és l’organització del tots els obrers, siguin o no anarquistes. I té uns objectius, podríem dir, reformistes. Malatesta, a més, sostenia amb una visió gairebé premonitòria, la possibilitat que els sindicats es burocratitzessin i transformessin els seus líders en funcionaris. Tot i així, afirmava la importància per als anarquistes de ser dins dels sindicats i de difondre-hi les seves idees.

El 1913 va tornar a Itàlia, i es va instal·lar una altra vegada a Ancona. Va fundar el setmanari Volontà. Entre el set i el catorze de juny de 1914 va tenir lloc el moment revolucionari més gran des de la unificació del país: la settimana rossa [la setmana roja]. Ancona va ser protagonista d’una vaga general que es va transformar en una insurrecció victoriosa. Durant tota una setmana la ciutat va ser autogestionada per les classes populars. Tot i així, la insurrecció no es va estendre a tot el país. Els sindicats, d’acord amb el govern, van revocar la vaga. La regió es va quedar aïllada. Es va acabar la revolució. Malatesta va haver de marxar una altra vegada. Lloc de destinació: Anglaterra.

Quan va començar la primera guerra mundial, Malatesta va defensar una postura internacionalista. Com la major part del moviment anarquista, es va declarar en contra de la guerra capitalista. Va polemitzar amb els anarquistes que es van declarar a favor de la guerra al costat dels aliats i en contra d’Alemanya, entre ells Kropotkin. Tot i així, la postura general del moviment va ser en contra de la guerra. El 1915 Itàlia va entrar en guerra al costat dels aliats.

La situació al país es va fer més tensa. A partir de 1916, informat de la situació, Malatesta va voler tornar a Itàlia. Però el govern no el va deixar entrar i, a més, d’acord amb els governs anglès i francès, no li van permetre deixar Anglaterra. No va poder tornar, clandestinament, a Itàlia, fins al 1919, i gràcies a la col·laboració d’un almirall socialista. Les masses populars el van aclamar com el Lenin d’Itàlia. Un fet que no li va agradar gaire.

Entre el final de 1919 i 1920 va fer una gira de propaganda per tota la Itàlia del Centre i del Nord. Als seus mítings hi van participar milers de persones. Va dirigir el diari Umanità Nova, que va arribar a una tirada de cinquanta mil exemplars. El 1920 va escriure un article insistint en la necessitat d’organitzar-se per a la revolució. Va proposar una aliança de forces revolucionàries, però la seva proposta no va tenir gaire èxit. Aquell mateix any es van produir ocupacions de fàbriques i camps. Malatesta va declarar la necessitat de reorganitzar i fer produir les fàbriques. Va declarar que si no es feia la revolució, quan la burgesia es refés de l’ensurt, la seva venjança seria tremenda. De fet, no va tardar gaire a respondre a l’amenaça revolucionària. Quan els sindicats van revocar les vagues i es van acabar les ocupacions, va començar a finançar l’incipient moviment feixista. Les seves anàlisis i crítiques dels anys vint es van concentrar, a més del fenomen feixista, en la situació russa.

En una carta que va escriure a Luigi Fabbri, el juliol de 1919, en relació amb la dictadura del proletariat, afirmava:

Anarquia significa no govern, i per tant, encara més, no dictadura, que és el govern absolut sense control i sense límits constitucionals. [...] En realitat potser es tracti d’això: que els nostres amics bolxevics amb l’expressió dictadura del proletariat entenen senzillament el fet revolucionari dels treballadors que prenen la possessió de la terra i de les eines de treball, i intenten constituir una societat i organitzar una mena de vida en què no hi hagi lloc per a una classe que exploti i oprimeixi els productors.
Entesa així, la dictadura del proletariat seria el poder efectiu de tots els treballadors dirigit a la destrucció de la societat capitalista, i es convertiria en anarquia tan bon punt desaparegués la resistència reaccionària i ningú més volgués obligar amb la força les masses a obeir i treballar per a altres. I aleshores el nostre desacord no seria res més una qüestió de paraules. Dictadura del proletariat significaria dictadura de tots, és a dir, ja no seria dictadura, com govern de tots ja no és govern, en el sentit autoritari, històric i pràctic del mot. Però els veritables partidaris de la dictadura del proletariat no ho entenen així, i això a Rússia es pot veure perfectament. El proletariat, naturalment, hi intervé com ho fa el poble en els règims democràtics, és a dir, simplement per amagar l’essència real de les coses. En realitat es tracta de la dictadura d’un partit, o més aviat dels caps d’un partit; i és una dictadura pròpia i veritable, amb els seus decrets, amb les seves sancions penals, amb els seus agents executius, i sobretot amb la seva força armada, que avui serveix per defensar la revolució dels seus enemics externs, però que demà servirà per imposar als treballadors la voluntat dels dictadors, aturar la revolució, consolidar els nous interessos que s’hagin anat constituint i defensar de les masses una nova classe privilegiada.[...]
Lenin, Trotski i els seus companys són segurament revolucionaris sincers, de la manera com ells entenen la revolució, i no la trairan; però preparen els quadres governamentals que serviran als qui vinguin després per aprofitar-se de la revolució i assassinar-la. Ells seran les primeres víctimes del seu mètode i amb ells, temo que la revolució caurà. La història que es repeteix: mutatis mutandis, la dictadura de Robespierre duu Robespierre a la guillotina i prepara el camí a Napoleó.

A final de 1920 el van detenir. Quan va sortir de la presó, el juliol de 1921, es va trobar una situació completament diferent. Les organitzacions feixistes, amb la col·laboració de les autoritats, havien creat un clima de terror. Una situació de guerra en què els feixistes pegaven, mataven, violaven i incendiaven les seus dels diaris i de les organitzacions antifeixistes. Aleshores Malatesta va decidir entrar als Arditi del popolo, uns grups armats que s’oposaven als esquadrons feixistes, la primera forma de resistència antifeixista. En algunes ciutats aquests grups van derrotar les organitzacions feixistes. Segurament un cas important va ser el de Parma. Però els partits democràtics, els socialistes i una part del partit comunista van abandonar els Arditi.

Entre 1924 i 1925 dirigeix la revista Pensiero e Volontà.

A partir de 1926, un cop el feixisme ja ben instal·lat al poder, va ser condemnat a arrestat domiciliari vigilat per carrabiners, que no el deixaven mai sol.

El 22 de juliol de 1932 va morir a Roma. Les autoritats feixistes no van permetre a ningú participar en el seu enterrament.


II. El pensament d'Errico Malatesta




En aquest apartat analitzarem breument alguns aspectes del pensament d’Errico Malatesta. Primer de tot, és important dir que no va deixar cap teoria sistematitzada. Les seves reflexions, escampades en centenars d’articles i pamflets, publicades en revistes de diversos països, van ser sempre una anàlisi de la realitat concreta i circumstancial, van ser sempre un examen del procés real. Amb una coherència sorprenent, no va separar mai la teoria de la lluita. Malatesta es va dedicar, durant gairebé seixanta anys, a preparar moralment i pràcticament la insurrecció. Segons Luigi Fabbri, teòric anarquista del final del segle XIX i principi del XX, Malatesta va ser un dels pensadors socialistes més importants de la seva època. Fabbri sostenia que Malatesta no va deixar una construcció sistemàtica de les seves idees per diversos motius:


  • Es va dedicar  principalment a l’activitat insurreccional, va participar en moltes insurreccions de diferents tipus i en diversos països. Es va passar més de deu anys a la presó i gairebé trenta a l’exili.
  • Sempre es va guanyar la vida amb hores llargues de feina manual, d’electricista o mecànic, i això no li va permetre dedicar gaire temps a sistematitzar les seves idees.
  • I, finalment, es va estimar més analitzar aspectes concrets de la lluita i de l’organització. Els seus escrits, destinats sobretot als camperols i als obrers, es caracteritzaven per un llenguatge clar i directe, i per tractar de les necessitats més immanents de la realitat. Tot això no vol dir que Malatesta no teoritzés, sinó tan sols que es va estimar més dedicar les seves anàlisis als aspectes més pràctics de la lluita.


El seu pensament va ser antidogmàtic per antonomàsia, va tenir sempre una postura oberta. «El seu mètode d’anàlisi es basava en l’ús del dubte i en la llibertat d’equivocar-se. En el seu pensament tots els valors assolits eren un punt de partida per fer nous assoliments». Malgrat que va mantenir durant tota la seva vida unes idees pròpies, estava convençut que es podien modificar amb el temps, el lloc i la manera d’aplicar-les. «Totes les tendències polítiques i socials estan relacionades amb el moment històric o amb alguns factors de la lluita social».

El primer element que hem de considerar és la distinció epistemològica que va fer entre anarquia i anarquisme. Si la primera és l’ideal, la meta, el segon és el camí, les pràctiques. Els mitjans han de ser coherents amb el fi. Si el nostre objectiu és la llibertat, repetia Malatesta, l’hem de practicar. L’anarquisme, sostenia, va néixer d’una revolta moral contra les injustícies. D’altra banda, l’anarquia és la societat organitzada sense autoritat, i per autoritat s’entén la força material que té un grup social per imposar la seva voluntat als altres. «L’anarquia arribarà quan pugui arribar —deia Malatesta—, però nosaltres hem de treballar perquè arribi. Les lluites de les masses, mitjançant l’acció directa, contra l’explotació, l’opressió i les injustícies, són un pas cap a ella». I  seguia: «no es tracta de fer l’anarquia avui, demà o d’aquí a deu segles, sinó de caminar cap a ella avui, demà i sempre. En fi, l’objectiu de l’anarquisme és eliminar l’estat i la propietat privada dels mitjans de producció i distribució. Si avui no tenim prou força per fer-ho, hem de tenir, almenys, la capacitat perquè ens oprimeixin el mínim possible».

Un altre element del seu pensament és segurament el gradualisme. Que no té res a veure amb el reformisme. Convençut que l’anarquia no podia arribar d’un dia a l’altre, sostenia que la lluita s’havia d’organitzar en dos plans, però gens contradictoris. Una primera fase es caracteritzaria per les lluites i les conquestes dels objectius a curt termini, que permetrien millorar les condicions de les classes més explotades. A més, aquestes lluites els permetrien organitzar-se i solidaritzar-se entre elles. Tot i així, les lluites no han de limitar-se a això; la segona fase ha de ser la construcció d’una altra societat. Aquí introduïm un altre element del seu pensament: l’organització. Malatesta en va ser sempre partidari. Per això va tenir fortes polèmiques amb els anarquistes antiorganitzadors. Ell sostenia que el problema no era l’organització, sinó el tipus d’organització. Era necessària per fer la revolució. Havia de ser coherent amb les idees anarquistes; havia de permetre la plena llibertat de tots els seus participants i garantir la voluntat lliure. No havia d’imposar la voluntat d’una majoria ni d’una minoria sobre els altres. Però l’organització era necessària perquè oferia als treballadors la possibilitat de conèixer les seves forces, de solidaritzar-se entre ells i d’oposar-se a les classes dominants. La lliure organització, com la definia Malatesta, permet que desaparegui l’esperit de servitud, d’esperar ordres, en fi, d’esperar que algú decideixi pels altres.

Tot i que es va considerar durant tota la seva vida un comunista anàrquic, va ser sempre partidari del pluralisme i de la lliure experimentació. Afirmava que no era necessari aplicar les mateixes idees en llocs o temps distints, sinó que s’havia d’experimentar. Les societats es poden organitzar de diferents maneres, considerant les seves peculiaritats històriques, geogràfiques i socials. «No cal justificar a priori un sistema qualsevol de conveniència social; l’única cosa que hem de fer és experimentar-ne la validesa, comprendre’n els límits i les possibilitats de millorar». El que és important és garantir en qualsevol lloc i temps la plena llibertat social, que té com a únic límit la llibertat igual dels altres. Que no s’entén com una llibertat abstracta, sinó una llibertat real, que permeti el desenvolupament de totes les capacitats de cada individu. Que permeti a cadascú poder decidir sobre la seva vida; i que permeti a cada comunitat organitzar-se com cregui més adequat. Però sempre respectant la voluntat dels qui no hi estiguin d’acord, i deixant-los la possibilitat d’organitzar-se com trobin més adient.

Hem d’aclarir que el seu comunisme no tenia res a veure amb l’estalinisme del segle XX. Per comunisme entenia la lliure associació de productors i consumidors lliures. Per tant, els mitjans de producció i distribució han de pertànyer a la comunitat, i ha de ser ella mateixa qui decideixi com organitzar la vida social. Per aconseguir-ho, cal que desapareguin la societat privada dels mitjans i l’estat. L’estat ha de ser destruït des del moment que la insurrecció triomfi i no se l’ha de substituir per cap altre, ni popular ni comunista. Malatesta era conscient que un cop s’hagués creat un altre estat amb la seva jerarquia, la seva burocràcia i la seva policia, no s’extingiria per la seva pròpia naturalesa, sinó que intentaria perpetuar-se per tots els mitjans possibles. El naixement d’un altre estat provocaria la contrarevolució.

Aquí introduïm un element important del seu pensament: la insurrecció. Al meu parer, és el factor de la seva teoria més vinculat al segle XIX. La insurrecció ha de derrocar el govern i permetre a les masses treballadores ocupar i fer servir els mitjans de producció i distribució. Amb la insurrecció l’anarquisme no s’acompleix, deia Malatesta, però es creen les condicions materials per experimentar les idees anarquistes. «Si no trobem en el poble la força necessària per impedir la reconstitució de l’estat i de les seves institucions autoritàries, nosaltres com anarquistes no hi hem de participar, no l’hem de reconèixer. Per tant, ens hem de rebel·lar i exigir la plena autonomia per a nosaltres i per a totes les minories dissidents». El més important, sostenia Malatesta, és que el poble perdi els instints i els costums d’obeir, i que aprengui a decidir i actuar lliurement.

No podem acabar aquest apartat sense considerar un altre aspecte del seu pensament. Una idea que el diferencia d’altres pensadors anarquistes, és a dir: la voluntat revolucionària. Segons Malatesta, la revolució anàrquica és un procés conscient. Amb les condicions socials favorables, l’element fonamental per al canvi és la voluntat revolucionària. Per voluntat s’entén l’expressió col·lectiva per al bé comú. En fi, la revolució no depèn del desenvolupament de les forces de producció, ni tan sols depèn d’un determinisme històric o científic, sinó que depèn de la voluntat de fer-la. «Per tal que la revolució sigui veritablement l’ocasió d’eliminar definitivament tota mena de poders, no ha de ser la revolta específica del proletariat, de la burgesia, de les classes camperoles o dels marginats socials, sinó de totes les masses heterogènies dels insubordinats i dels insatisfets». En resum, Malatesta va tenir una visió revolucionària humanista, experimentalista i gradualista.

Vull acabar aquesta introducció a Malatesta amb una frase seva de 1929, en què deia: «Nosaltres ens hem de mantenir en estat de rebel·lió efectiu i potencial; i si no podem guanyar el present, preparar almenys l’avenir».


Bibliografia

Berti, Giampietro [editor], Errico Malatesta, II buon senso della rivoluzione, Eleuthera, Milà, 1999.

Crociani, Andrea, Quello che so su Errico Malatesta, La Baronata, Lugano, 2004.

Fabbri, Luigi, Malatesta. L'uomo e il pensiero, Edizioni Anarchismo, Catània, 1979.

Finzi, Paolo, La nota persona. Errico Malatesta in Italia, desembre 1919 - juliol 1920, La Fiaccola, Ragusa, 2008.

Roberti, Mirko [Giampietro «Nico» Berti], Lettura di Malatesta, A - Rivista Anarchica, Milà, maig 1973.


Les vagues generals de protesta ja no commouen ningú, ni als mateixos que les fan, ni a aquells contra els qui es fan. Si la policia tingués prou intel·ligència per no provocar, passarien per un dia festiu. Cal buscar una altra cosa. Nosaltres llancem la idea: apoderar-se de les fàbriques.

Errico Malatesta




jueves, 1 de mayo de 2014

VIOLENCIA Y NO VIOLENCIA EN EL PENSAMIENTO DE MALATESTA



Mientras algunos de sus adversarios, en el campo de la izquierda, y concretamente los socialistas y comunistas, acusaron a veces a Malatesta de «tolstoiano», otros, más alevosos, desde la derecha, se esforzaron por presentarlo como feroz iconoclasta y predicador de la más ilimitada violencia.

A propósito de Malatesta, escribe Luigi Fabbri:

«Una vez, a cierto sectarismo frío que, a ejemplo de Torquemada, parecía dispuesto a sacrificar media humanidad para salvar, para la otra mitad, la árida fórmula de un principio, tuvo que decir: “iYo daría todos los principios por salvar a un hombre!”. Otra vez, contra un terrorismo que se cree revolucionario porque le parecen necesarias las ejecuciones en masa para el triunfo de la revolución, Malatesta exclamaba: “Si para vencer se debiese elevar la horca en las plazas, preferiré perder”. En julio de 1921, en su proceso de Milán, terminó sus declaraciones a los jurados con algunas palabras de dolor por la lucha feroz desencadenada en el país del fascismo, lucha “que repugnaba a todos y no beneficia a ninguna clase o partido”. Y en las tres ocasiones no faltaron los que acusaron a Malatesta de tolstoiano o cosa peor» (Malatesta p. 28-29).

Pero, poco más adelante, añade el mismo Fabbri:

«Una de las injusticias de que Malatesta fue víctima durante muchísimo tiempo, y que en 1919-1920 se agravó por todas las maldades y las ferocidades que el odio de clase suscitó entonces en contra suya, fue la leyenda que le describía como un promotor de desórdenes, como un teorizador del homicidio, como un violento en la propaganda y en los hechos, como un energúmeno sediento de sangre. Se encontrarán los rastros de ello no sólo en los periódicos conservadores, reaccionarios y policíacos, sino hasta en algún periódico de ideas avanzadas. Recuerdo, entre otros, un violento e innoble artículo contra Malatesta en L’lniciativa Republicana, de Roma, en el que se aseguraba que provocaba por capricho tumultos sangrientos, mientras era bien evidente que estos siempre eran provocados por la policía italiana con el deliberado propósito, sea de detener los progresos del movimiento revolucionario, sea de crear una ocasión propicia para desembarazarse de un modo u otro del temido agitador. El haber estado mezclado, desde 1870 en adelante, directa o indirectamente, en una cantidad de movimientos y tentativas revolucionarias e insurrecciones europeas, y junto a los informes fabulosos de las policías de todos los países, que el periodismo burgués y ciertos escritores a lo Lombroso, por servilismo profesional o por ignorancia, tomaban por oro de ley, habían facilitado la difusión de la estúpida leyenda» (Malatesta, p. 29).

La verdad es que Malatesta no era un partidario de la resistencia pasiva y de la no violencia, pese a la estima que sentía por Tolstoi, ni tampoco un partidario de la violencia destructora e indiscriminada, de los atentados y las bombas arrojadas alegremente contra justos y pecadores. Aun sin haber leído ninguno de los textos que consagró en diversas ocasiones al problema de la violencia, podríamos asegurarlo a partir de un conocimiento básico de su carácter moral y de su ideario general.




Su posición a este respecto, se acercaba quizás más que a la de ninguno de los grandes teóricos del anarquismo, a la de Kropotkin.

domingo, 27 de abril de 2014

SOBRE LA DICTADURA DEL PROLETARIADO. CARTA DE ERRICO MALATESTA A LUIGI FABBRI

Queridísimo Fabbri:

Sobre la cuestión que tanto te preocupa, la de la dictadura del proletariado, me parece que estamos básicamente de acuerdo.

Se me ocurre pensar que sobre este asunto la opinión de los anarquistas no puede ser dudosa y la verdad es que antes de la revolución bolchevique nadie dudaba. Anarquía significa no gobierno, y por lo tanto con mayor razón no dictadura, que es el gobierno absoluto sin control y sin límites constitucionales.

Pero, cuando estalló la revolución bolchevique, algunos amigos nuestros confundieron lo que era revolución contra el gobierno precedente con lo que era un nuevo gobierno que venía a imponerse a la revolución para frenarla y dirigirla a los fines particulares de un partido, y casi se declararon bolcheviques ellos mismos.



Ahora bien, los bolcheviques son simplemente marxistas, que han permanecido honesta y consecuentemente marxistas, a diferencia de sus maestros y modelos, los Guesde, los Plejanov, los Hyndmann, los Scheidemann, los Noske, etc., etc., que han tenido el fin que tú sabes. Nosotros respetamos su sinceridad, admiramos su energía, pero como no hemos estado nunca de acuerdo con ellos en el terreno teórico, no sabríamos solidarizarnos con ellos cuando de la teoría se pasa a la práctica.

Quizá la verdad sea simplemente esta: que nuestros amigos bolchevizantes con la expresión dictadura del proletariado entienden simplemente el hecho revolucionario de los trabajadores que toman posesión de la tierra y de los instrumentos del trabajo, y tratan de constituir una sociedad y organizar un género de vida en el que no haya sitio para una clase que explote y oprima a los productores.

Entendida así, la dictadura del proletariado sería el poder efectivo de todos los trabajadores dirigido a la destrucción de la sociedad capitalista, y se convertiría en anarquía apenas cesara la resistencia reaccionaria y nadie más pretendiera obligar con la fuerza a las masas a obedecer y trabajar para otros. Y entonces nuestro desacuerdo no sería más que una cuestión de palabras. Dictadura del proletariado significaría dictadura de todos, es decir, no sería ya dictadura, como gobierno de todos no es ya gobierno, en el sentido autoritario, histórico y práctico de la palabra.

Pero los verdaderos partidarios de la dictadura del proletariado no lo entienden así y esto lo hacen ver perfectamente en Rusia. El proletariado naturalmente interviene en ella como lo hace el pueblo en los regímenes democráticos, es decir, simplemente para esconder la esencia real de las cosas. En realidad se trata de la dictadura de un partido, o más bien de los jefes de un partido; y es una dictadura verdadera y propia, con sus decretos, con sus sanciones penales, con sus agentes ejecutivos, y sobre todo con su fuerza armada, que sirve hoy para defender la revolución de sus enemigos externos, pero que servirá mañana para imponer a los trabajadores la voluntad de los dictadores, detener la revolución, consolidar los nuevo intereses que se han ido constituyendo y defender contra las masas a una nueva clase privilegiada.

También el general Bonaparte sirvió para defender la Revolución francesa contra la reacción europea, pero al defenderla la ahogó. Lenin, Trotski y sus compañeros son seguramente revolucionarios sinceros, de la forma que ellos entienden la revolución, y no traicionarán; pero preparan los cuadros gubernamentales que servirán a los que vengan después para aprovecharse de la revolución y asesinarla. Ellos serán las primeras víctimas de su método y con ellos, me temo, caerá la revolución. La historia que se repite: mutatis mutandis, la dictadura de Robespierre llevó a Robespierre a la guillotina y preparó el camino a Napoleón.

Estas son mis ideas generales sobre los asuntos de Rusia. En cuanto a los detalles, las noticias que tenemos son todavía demasiado variadas y contradictorias para poder arriesgar un juicio. Puede suceder también que muchas cosas que nos parecen malas sean el fruto de la situación y que en las circunstancias especiales de Rusia no hubiera sido posible obrar de modo diferente a como se hizo. Es mejor esperar, sobre todo porque lo que nosotros digamos no puede tener influencia alguna sobre el desarrollo de los sucesos en Rusia, y en cambio podría ser mal interpretado en Italia y dar a entender que nos hacemos eco de las calumnias interesadas de la reacción.

Lo importante es lo que nosotros debemos hacer; pero permanezcamos siempre firmes, yo estoy lejos y en la imposibilidad de cumplir mi tarea…

Errico Malatesta


Londres, 30 de julio de 1919