El anarquismo está por todas partes. Los únicos que no se dan cuenta son los anarquistas
(bueno, excepto algunos).
Son muchas las razones por las que la era de la acción
global puede ser considerada la venganza del anarquista, pero sin duda los
indicios más claros parecen flotar en el aire.
Los principios organizativos de las asambleas generales
del movimiento Occupy son resultado directo del anarquismo (en especial de las
tendencias desarrolladas en España) y su interés por aquellos métodos de
organización que dejan de lado lo jerárquico y favorecen el consenso. Este
subyacente ethos de rechazo a las jerarquías, la puesta en valor del consenso y
la inherente paranoia ante el poder y todos sus frentes (tanto el gubernamental
como el corporativo) son pistas claras de la influencia anarquista. Hoy en día
nos rodean tantos métodos propios del anarquismo que resulta difícil
reconocerlos como tales, ya que en el transcurso de los últimos quince años han
comenzado a permear las condiciones de vida urbanas.
Friedrich Nietzsche afirmaba que es el hacer lo que define
al hacedor, y ningún otro argumento tiene más valor que este en las estrategias
desplegadas por los anarquistas lifestyle.
