La defensa de la autonomía del
arte como valor absoluto y despolitizado no puede sostenerse con la impunidad
de que disfrutaba hace unos años. Hoy, el análisis crítico de las conexiones
entre pensamiento estético e ideología económica ha puesto en evidencia que la
autonomía del arte se materializaba mayoritariamente en países capitalistas y
en obras creadas por varones occidentales de raza blanca. La «calidad», como
dijo un artista negro, era un concepto para la exclusión. Durante la época de
la Guerra Fría, uno de los máximos defensores de la pureza del arte fue el
famoso crítico estadounidense Clement Greenberg. Greenberg colaboró de forma
continuada con la CIA en un amplio proyecto para potenciar el «arte por el
arte», la abstracción y el genio individual del artista «libre», en detrimento
del servilismo de los artistas oficialistas del bloque socialista, los cuales
estaban obligados a representar los programas simbólicos de sus gobiernos,
usando, generalmente, la figuración. El Pop americano descubriría poco después
el poder de la figuración para transmitir la ideología del consumo.
