domingo, 10 de febrero de 2013

NOTAS DE TRABAJO PARA UNA R-EVOLUCIÓN



Lo que puedo aportar son básicamente unas notas de trabajo al hilo de la acción de estos últimos meses sobre el tipo de lucha que hemos estado construyendo a lo largo de estos años y, a nivel práctico, cómo encarar los problemas que nos estamos encontrando en este momento.

Consideramos que la lucha de la que hemos participado para la defensa de internet y del compartir ha sido crucial para llegar al movimiento del #15M.

Crucial a varios niveles.

Por la madurez que ha creado de forma transversal en la opinión pública, tanto en el defender algo que posee y le quieren arrebatar como es el Internet neutral, como en las formas éticas de relacionarse.

Es evidente que el uso de la red de redes está cambiando la historia de la humanidad. No solamente está permitiendo formas capilares de contrainformación y de autoorganización; no solamente los poderes fácticos están atónitos ante el fin de la univocidad de sus mensajes, de sus monólogos, frente al fin en tiempo real de la impunidad de decisiones para perpetrar su poder y sus propios intereses, sino que la gente —a través de la red y como la red— está acabando dialécticamente con la atomización de las ideas de cambio y con la endogamia de los grupos, estableciendo una nueva ética basada en el reconocimiento de los méritos y habilidades de cada persona, permitiendo su madurez y autonomía y normalizando formas de organización donde el control es descentralizado, el usuario final empoderado, y la distribución de recursos, compartida.

La Netiqueta[1] ha enseñado y vertebra el comportamiento de las personas en el grupo, resolviendo, al menos en parte, uno de los problemas que siempre hemos tenido en los movimientos: el aspecto psicológico, la realización de cada persona en la lucha. Esta dimensión, que se suele descuidar, es una de las que más contribuyen a la destrucción de los movimientos.

Con el mismo medio, aunque por razones en parte diferentes aquí que, por ejemplo, en los países árabes, la opinión pública se ha preparado para la re-evolución.

No solo es posible cuando se toca fondo, no solo es posible por la desesperación, sino también cuando nos dotamos de herramientas que nos permitan pensar y desarrollar autonomía, pensamiento e inteligencia.

Ya en nuestro texto para el FCForum de 2010[2] explicábamos que la evolución de la opinión pública española sobre la defensa de internet y en contra de la Ley Sinde no era una anécdota sino la construcción de algo.

En el texto se decía que en el Estado español:

– compartir es legal y la gente lucha masivamente para que así sea;
– una tienda pequeña tumba por la vía legal a las mayores multinacionales del entretenimiento quitándoles (eso esperamos) su mayor fuente de financiación que es el canon;
– las prácticas anacrónicas de las entidades de gestión y de los lobbies de las industrias culturales han creado una conciencia muy clara de los abusos que se estaban cometiendo y de los defectos legislativos, así como una opinión pública muy formada y activa sobre temas aparentemente técnicos y, aparentemente, no de vida o muerte;
– más de 200.000 personas se adhieren al manifiesto «En defensa de los derechos fundamentales en internet» y a las acciones contra la Ley Sinde como la lista de Sinde o la constitución de Red Sostenible, etc.;
– 200.000 personas interactúan con el festival D’evolution Summit durante la cumbre de ministros de la UE;
– se echa a un ministro en 2009 con la campaña Molina Pírate.

O sea, Spain no se debe tratar como una excepción en vía de extinción, sino como una palanca, como un punto de partida.»: una primera victoria para una lucha más amplia.

La conciencia de que es necesario defender internet ha calado muy hondo y, junto con la articulación de las luchas en las redes sociales, ha sido el campo de entrenamiento y de empoderamiento y la mecha subyacente a la explosión del movimiento #15M (que naturalmente bebe y se constituye por la convergencia de muchos años de muchas luchas muy diversas, además de la posibilidad de compartir masiva y colectivamente el hartazgo antes vivido en privado).

Dicho esto como premisa, miro cómo nos hemos desenvuelto en este contexto apuntando algunas «leyes» básicas:

Los tempos

Como muy bien definió una compañera de DRY, se trata de: primero indignar; segundo, informar y, tercero, hacer que cale la estrategia.

Se trata de encenderte no de enseñarte, decía Jean Genet.

Y añado una cuarta fase: normalizar el mainstream, ofrecernos a ser asimilados, poner en evidencia la falsedad de los lugares comunes con ironía y sentido común, no con el dogma. No educamos; compartimos y magnificamos percepciones comunes.

Contrariamente a los que dicen algunos últimamente, tenemos prisa. Nuestro tempo es el tempo histórico, no el tempo psicológico. Para convencernos de ello usamos una frase de Andretti, corredor de Fórmula 1, que dice: «Si todo parece estar bajo control es que no estás yendo lo bastante rápido».

Los espacios

1. El trabajo que se realiza en la sombra es por grupos de afinidad y colaboraciones en la red. Preferimos primar un espacio protegido y no abierto, aunque en red con la red, para que la intensidad de la lucha se encare en un ambiente
psicológicamente saneado.

2. El trabajo que se realiza hacia fuera es de dos tipos: presencias anónimas y virales, controladas pero incontables, inapresables y que todo el mundo puede hacer suyas.

Un trabajo abiertamente de marca por grupo de afinidad o por alianzas en red. Nosotras —como ejemplo— participamos de varias de estas marcas en el campo de la lucha por los derechos en el entorno digital, cada una con un entramado y
complicidades diferentes y que cubre un target diferente: X.net es más bien una asesoría; los oxcars es un show que rescata —o al menos lo intenta— a la comunidad artística de su papel de siervos y excusa para la privatización del conocimiento y la destrucción de la neutralidad de la red. Este es un ejemplo práctico de normalizar a nivel de mainstream la cultura libre, una exhibición que se ofrece abiertamente a la asimilación por parte del sistema y de cualquiera que se pase por ahí; el FCFORUM, un lobby internacional muy serio, es un caballo de Troya en ministerios y comisiones europeas; o la Red SOStenible, la marca de lobby española…

Estas son solo algunas. Nadie sabe cuántas son, cuántos son y quiénes, quién es el responsable, ni lo que van a hacer pero son marca a la luz del día, puedes relacionarte con ellas y obtener buenos resultados.

3. Por último, en tiempos de bonanza nos diluimos, poniendo nuestras habilidades al servicio de las decisiones colectivas; nos diluimos en la asamblea general del pueblo que, con su inteligencia colectiva apabullante, no deja de sorprendernos a pesar de haberla teorizado: cuando todo está perdido, una asamblea madura, de gente que tiene opinión propia y que se ha formado y contrainformado en la red, libre de dogmas de uno u otro color, una asamblea de entre 1.000 y 4.000 completos desconocidos, misteriosamente hace la cosa justa.

No siempre se dan estas circunstancias. En momentos de reflujo el espacio sano de la asamblea lo suelen ocupar «reiteradores» que intentan convencerse a sí mismos que a fuerza de repetir las mismas palabras estas tiene vigencia, sin darse cuenta de que tan solo producen una fuga generalizada a otros espacios, dejándoles frente a una asamblea de simismos.

El cómo

Últimamente estamos diciendo: sé radical, pide lo posible.

Aquí llega un aspecto violentamente confrontativo con un sector — pequeño, por suerte— del movimiento 15-M. Si se me permite una simplificación un poco caricaturesca debida a la exasperación por la cantidad de horas que hemos dedicado a debatir con él, este sector está constituido por los que consideramos el verdadero problema. Trolls a parte, estoy
hablando por un lado de los radicales «puros», que piensan que el sistema no se puede reformar —hasta aquí de acuerdo—, pero que también sabotean los intentos de utilizar demandas reformistas como arma de guerrilla; y, por otro lado, de los «intelectuales críticos», que no se ven mucho por las asambleas porque están ocupados rescribiendo la historia con texto del tipo «Ahora, ¿qué? Un 19-J pacífico destruye el potencial revolucionario».

Nosotros pensamos que las demandas de reformas destruirán el sistema actual, porque el sistema está preparado para encarar enemigos pero no para que estallen sus propias contradicciones internas.

Encarar el sistema a un imposible ontológico, «destrúyete», ya le ofrece su defensa, la de ser tu antagonista. Si fuerzas a un sistema cerrado en torno a sus privilegios a «mejorarse», solo le queda la deserción y la fuga como salida. Todo sabemos que al enemigo hay que dejarle una vía de salida si queremos ganar.

También debemos aprender a ganar. En los días de grandes victorias vemos claramente lo que cuesta aceptarlas como tales.

No sabemos ganar. Quien magnifica el enfrentamiento no consigue «hacer» porque el enfrentamiento es su «hacer». Cuando estamos ganando se deben abandonar posturas de trinchera desde la libertad de mediar con nuestras dependencias, sin necesidad de destruir.

Siempre que hay transformación hay pérdida, también en los cambios positivos, y no por eso no han de producirse. Tenemos que ser conscientes de ello para sobrellevar la nostalgia.

Lo que ha destruido grandes experimentos revolucionarios es el miedo interno a lo nuevo; por eso nos interesa la cooptación de nuestro mensaje, y nos interesa asumirla como una victoria.

Quizás esto que voy a decir sea un poco «islandés», pero lo comparto con mucha gente del movimiento del 15-M.

Si en tan solo un mes los políticos han dado ya varios pasos intentando copiar o aplicar nuestras demandas, nos debemos alegrar y marcarlo como victoria.

Con VdVivienda no nos marcamos este tanto cuando la Chacón puso la «ayuda para jóvenes».[3] Es difícil marcarse como un tanto semejante infamia, pero el no hacerlo posiblemente fue lo que nos hundió entonces.

Porque la acusación que más daño nos hace, ya que nos hace perder comunicación con gran parte de la gente, no es que seamos unos violentos, sino que seamos una chavalada que protesta sin nada que proponer e incapaz de gobernarse.

Claro que los políticos que intentan picotear de lo que decimos lo hacen mal, claro que lo hacen por populismo, pero están siendo obligados a hacerlo porque así lo hemos exigido. Claro que es una payasada, pero debemos celebrarlo como victoria, cada vez, porque demuestra que nos tienen miedo, porque, nos guste o no, somos votos, y perder votos es el despido para ellos. ¿No era lo que queríamos, despedirlos?

Nuestra fuerza es introducir dudas en sus cabezas, pesadillas, a veces (contadas veces) pensamientos de justicia que nunca se hubieran imaginado llegar a tener. Quebrar su estructura psíquica, su tranquilidad intocable.

Las técnicas de escrache son esenciales.

Es curioso ver que los que niegan esta opción táctica luego defienden fervorosamente las protestas contra los recortes, como si esta no fuera la demanda más reformista y como si antes de los recortes el mundo hubiese sido bueno.

Esta guerra es una guerra del lenguaje

El primer cambio ha de ser en el lenguaje, desde una profunda autocrítica. Ya no podemos complacernos en el martirio de pedir lo imposible; hemos de evolucionar de nuestro papel de antagonistas perdedores. Si el propio lenguaje que utilizamos es incomprensible es para hacernos los incomprendidos.

Tenemos que ser responsables de nuestros actos.

Si no somos leíbles para la mayoría, ayudamos a la fascistización de la sociedad.

Por la euforia y luego la fuerza que nos dio vernos unidos en tan grande multitud en el movimiento 15-M, algunos están intentando imponer estéticas y lenguaje, dogmas que están en el tintero y que repiten como mantras desde hace ya muchos años. Es normal, son palabras por las que hemos luchado mucho y a las que tenemos mucho apego, pero son palabras muy connotadas y marchitas.

Que se me entienda bien, por favor: una cosa son las palabras y otra las ideas, que pueden ser excelentes pero que a menudo se pueden expresar, digamos, con sinónimos, teniendo al fin y al cabo el mismo objetivo.

El consenso masivo que hemos alcanzado con el movimiento 15-M justamente no viene de ninguna de las palabras que llevamos años repitiendo.

Las palabras nuevas son, por ejemplo, «Islandia» o «Indignaos», un librillo flojísimo en los contenidos pero que introduce un imaginario inclusivo y una palabra todavía sin explotar.

Nos estamos confundiendo; no estamos ganando por lo que siempre hemos dicho, sino por lo que siempre hemos defendido dicho con otras palabras y en un orden de menor a mayor: primero viene la abolición práctica de privilegios y luego la justicia global. Así nació el 15-M y esta es su ola, queramos o no.

Lo que llevamos tiempo defendiendo ya conforma esta ola, cae por su propio peso y debemos decirlo con estéticas y palabras nuevas, ganadoras. Las antiguas solo evocan derrota y división y ahora es el momento de la victoria y de una infinita diversidad con unos pocos mínimos comunes denominadores. Una asociación global de egoístas reformistas radicales.

Hemos de estar presentes a todos los niveles. Debemos trabajar la implementación de la democracia directa pero también desmantelar el poder existente por dentro y su imagen mediática y memética. Hemos de ser tácticos con las palabras y con los actos. Pensar una acción por el resultado real y concreto que quiere obtener, no por razones viscerales o de justicia en abstracto…

Si le pides a la gente que odie su forma de vida se pondrán en tu contra; si compartes el odio por las mismas frustraciones, seremos invencibles.

Como dicen muy banalmente los islandeses, «ocupar los medios para ganarse a la gente que mira la tele».

¿No queremos este gran consenso? ¿Qué pasa?, ¿no queremos mezclarnos con el pueblo? Si usamos el lenguaje que entiende la mayoría, naturalmente estaremos usando un lenguaje copado por el sistema. ¿Y? ¿Cuál es el problema?

Lo que pide la gente (y yo me incluyo) es comprender las leyes que nos rigen. La gente empieza a ver que las leyes son textos accesibles y bastante surrealistas, escritos por simples mortales muy asustados de perder algunos de sus privilegios. Esta es la base del gran empoderamiento de las personas en
este momento.

Ya no le tienen respeto a la «ley» y no me refiero a la idea de «ley», sino a la «ley» cosa. La leen y la comentan. Ya no delegan esta operación a los especialistas.

Nosotros hemos estado trabajando así ya desde los tiempos de la ordenanza del civismo, en Barcelona en 2005.

La parte principal de juego para nosotras es estudiar la ley, comprenderla, explicarla con otras palabras, ponerla en ridículo, hackearla para inutilizarla,destruir su autoridad sustituyéndola por otros cauces positivos que, finalmente, sean asimilados con el mal gusto y retraso que caracteriza al sistema, haciendo tabula rasa de lo anterior.

Cuáles son las principales urgencias ahora, de cara a la #globalrevolution

1. Realizar un fork entre «imaginario islandés» e «imaginario griego» para que ambos puedan convivir sin cortarse las alas.

Lo que nos está resultando más difícil estos días es luchar contra el proverbio «mejor permanecer unidos» cuando la tensión interna es paralizante y cuando en realidad nuestra fuerza justamente es tener mil caras y mil nombres.

2. Ha llegado el momento de mostrar resultados inmediatos. Estamos en ello.

3. Para todo esto hay que generar economía: necesitamos pasta. Si no liberamos tiempo de trabajo político dentro del capitalismo, nos vencerán.

Conservas, la asociación cultural que tenemos montada, como institución cultural «anómala», en estos años ha llevado dinero de las subvenciones culturales a la r-evolución, siendo la cultura como la entendemos ingrediente fundamental de la
r-evolución.

Obviamente, esto también ha ofrecido bienestar a sus miembros, porque, como decía antes, sin la salud económica de los artivistas la r-evolución pierde mucha energía.

Ahora que ya no hay subvenciones a la cultura, debemos redireccionar la letanía del sector cultural de «queremos más dinero para los artistas». La pregunta no es cómo la sociedad dará de comer a los artistas; sino de dónde sacarán dinero los artistas para llevarlo a la r-evolución y a la sociedad.

Aparte de esto, estamos estudiando los sistemas de micro-créditos y crowdfunding para que dejen ese aspecto de pobreza y caritativo y se conviertan en fuentes de autofinanciación reales dentro y contra el sistema capitalista, en una dimensión más venture anarquism, parafraseando al compañero D. Kleiner, el Telekommunisten.

Como continuación del Manual sobre sostenibilidad en la era digital que publicamos en 2011 con el FCForum,[4] estamos experimentando «fórmulas concebidas para permitir que los comuneros (todos aquellos sujetos que participan activamente en la producción, reproducción y gestión de los bienes comunes) compartan y exploten el procomún, pero condicionando el modo en que las empresas o entidades lucrativas se relacionan con dicho procomún». En aquellos casos en que se generen beneficios, la comunidad «creadora» debe percibir parte de esos beneficios.

X.net (exEXGAE) propone que el 15% de los beneficios obtenidos por las plataformas de distribución de contenidos se redistribuyan entre quienes aportaron contenidos a dichas plataformas según una estimación de raíz cúbica indirectamente proporcional basada en una escala de 1 a 1.000 que va desde las obras con mayor número de visitas hasta una cantidad mínima acordada.

Por ultimo, pedir el fin de los privilegios de políticos, banqueros y ricos no es tan solo un posicionamiento ético; es una forma de crear presupuesto que perseguimos realmente.

Esto es todo.

Justicia y calidad.

Simona Levi
Barcelona, 23 de junio de 2011



[1] Netiqueta: Conjunto de reglas que regulan el comportamiento de un usuario en un grupo de noticias, listas de correo, horas de discusiones o al utilizar el correo eléctrónico. Por extensión se utiliza para referirse al conjunto de normas de comportamiento
[2] http://whois--x.net/impuesto-sobre-conexion-a-internet
[3] http://economia.elpais.com/economia/2007/09/18/actualidad/1190100777_850215.html
[4] http://fcforum.net/es/sustainable-models-for-creativity




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