viernes, 31 de octubre de 2014

TOMÁS IBÁÑEZ: "LA TOMA DEL PODER ES EL ESPEJISMO QUE DESVIRTÚA Y ESTERILIZA LAS POLÍTICAS RADICALES"




Siempre parece lo contrario, pero las ideas anarquistas mantienen el atractivo y se sitúan en el centro del debate. Aunque muchos lo quieran dar muerto, el anarquismo ya sea como ideología o como pauta de comportamiento está presente en muchos espacios.

Sobre la importancia que juega y puede jugar el anarquismo en al actualidad que nos rodea nos habla Tomás Ibañez en su nuevo libro, Anarquismo es movimiento. Este zaragozano nacido en 1944 tiene una amplia trayectoria militante en el movimiento libertario. Participante desde el periodo de la clandestinidad en la lucha libertaria, es autor de numerosos textos sobre la actualidad del anarquismo y es integrante de los equipos de redacción de revistas como Libre Pensamiento o Réfractions dedicadas al pensamiento libertario

¿Qué pretendes aportar con la obra al pensamiento anarquista?

Mi propósito no ha sido el de enriquecer el pensamiento anarquista con aportaciones y formulaciones innovadoras. No lo ha sido porque estoy convencido que es a partir de las prácticas de lucha contra los actuales dispositivos de dominación como se puede generar ese tipo de propuestas, y, hoy estoy demasiado alejado de la cotidianidad de las luchas para poder contribuir a la construcción colectiva de nuevas aportaciones.

Mi única pretensión pasa por ofrecer una visión de la situación actual del anarquismo que ayude a reflexionar tanto sobre el porqué de esa situación, como sobre las propias características del anarquismo.

Ahora bien, el libro no tiene una finalidad puramente expositiva y reflexiva, sino que busca producir efectos prácticos impulsando determinas formas de entender el anarquismo y de fortalecer su incidencia social. Si, como lo pretendo, el anarquismo se encuentra en la imposibilidad de no ser cambiante, es obvio que no hay que obstaculizar su renovación, y si es cierto que se fragua en las luchas contra la dominación entonces también es obvio que hay que impulsar su presencia en los diversos escenarios de esas luchas, aunque desborden los contornos del movimiento anarquista instituido. En este sentido, mi libro quiere ser una herramienta que sirva para acrecentar la apertura y la combatividad del anarquismo contemporáneo.

Neoanarquismo y postanarquismo son dos términos que desarrollas en el libro. Palabras y principios que se enmarcan en la cultura de la postmodernidad. Aunque hay debates al respecto sobre la propia postmodernidad ¿qué aporta ésta al anarquismo?

El término postmodernidad se ha ganado a pulso, todo hay que decirlo, tan pésima fama que necesitaríamos bastante tiempo para explorar sus diversos significados, algunos de los cuales, también hay que decirlo, son muy interesantes. Pero en aras a la brevedad te diría que, con relación al anarquismo, la posmodernidad aporta, simultáneamente, elementos positivos y negativos, tanto si la consideramos en su vertiente discursiva, o ideológica, como si la entendemos en tanto que una nueva época que se está perfilando. Época y discurso están, por supuesto, íntimamente relacionados, por no decir que son dos aspectos de una misma realidad.

El discurso posmoderno le aporta valiosos elementos para cuestionar un conjunto de creencias acríticamente heredadas de la Ilustración, pero, al mismo tiempo, le sitúa en la difícil tesitura de tener que diagnosticar y contrarrestar las implicaciones liberticidas de esa nueva ideología.

Considerándola ahora no como discurso sino como una nueva época y un nuevo modelo de sociedad que se encuentra en gestación, me parece que, por una parte, dificulta los planteamientos anarquistas porque diseña instrumentalizaciones de la libertad que dificultan su ejercicio, pero, por otra parte, abre al anarquismo nuevos escenarios de lucha donde intervenir y donde forjar nuevas armas para contrarrestar sus dispositivos de poder. Es más, el anarquismo puede utilizar para sus luchas algunas de los instrumentos propios de esa nueva época.

En tanto que la postmodernidad es la nueva cara que va tomando la dominación, el anarquismo no puede sino enfrentarse a ella, pero en tanto que la postmodernidad desmantela las bases legitimadoras de la anterior cara de la dominación, el anarquismo no puede renunciar a apropiarse los resultados de ese trabajo de demolición.

¿Hay diferencias entre el anarquismo clásico, protagonista de importantes luchas por la emancipación social, y el anarquismo actual? ¿Qué le debe el segundo al primero?

Por supuesto, hay diferencias y semejanzas, aunque sin duda son muchas más las semejanzas que las diferencias. Ahora bien, el anarquismo solo tiene relevancia si está firmemente anclado en las condiciones sociales propias de cada momento histórico, de cada presente, por así decirlo, y si está profundamente involucrado en la conflictividad social vigente. No cabe duda que el contexto social actual ya no es el mismo que el contexto donde hundía sus raíces el anarquismo clásico, y también es obvio que la conflictividad social ha cambiado en algunos de sus aspectos. Por lo tanto mal andaría el anarquismo actual si fuese idéntico al anarquismo clásico, por la sencilla razón que no conseguiría entroncar con la realidad social del momento presente.

Como ejemplo de las diferencias que median entre ambas expresiones anarquistas basta con pensar en las características que revestía la Revolución en el antiguo imaginario anarquista y a las que presenta en el imaginario actual. La Revolución ya no es un evento situado en un futuro más o menos lejano, que nos espera al final del camino recorrido por las luchas, sino que está firmemente anclada en el presente y se vive como una dimensión que es constitutiva de la propia acción subversiva.

Como es lógico, si los dispositivos de dominación van cambiando, también cambian las formas de lucha, y como son estas las que definen el anarquismo en cada momento, es obvio que mantener la actualidad del anarquismo implica necesariamente su constante renovación.

Eso no implica discontinuidad entre las prácticas anarquistas de ayer y las de hoy. El anarquismo actual se nutre, sin fetichismos, del legado de experiencias de lucha y de construcción de realidades alternativas acumulado por el anarquismo de antaño.

Resurgimiento y renovación son dos palabras muy utilizadas en tu libro. Sin embargo, en principio, son dos cosas distintas. ¿A cuál de las dos palabras se ajustaría más el anarquismo actualmente?

Tienes razón, son dos cosas distintas, sin embargo lo que argumento en el libro es que, tratándose de anarquismo, esa distinción se difumina y esas dos cosas están íntimamente entrelazadas. No hay que olvidar que, como dicen los clásicos del anarquismo, este se caracteriza por unir indisolublemente “la idea” y “la acción”, la teoría y la práctica, la idea nace en un contexto de acción y revierte sobre la acción. Esto significa que, como todas las prácticas están incardinadas en un contexto sociohistórico, estas van cambiando con los inevitables cambios de ese contexto y eso hace que la idea también se renueve.

Si el anarquismo resurge eso implica que se incrementa su presencia en las prácticas antagonistas y que, consecuentemente con lo que acabo de decir, esa mayor presencia conlleva un mayor efecto transformador del anarquismo. Obviamente los tempos del resurgimiento y de la renovación no son milimétricamente sincrónicos, eso hace que, a mi entender, hoy en día la renovación esté a la zaga del resurgimiento.

¿Qué hay de anarquismo en los nuevos movimientos sociales?

Sin duda alguna, encontramos en esos movimientos un modo de funcionamiento que evoca muy directamente los principios organizativos del anarquismo. Me refiero a la horizontalidad, al asamblearismo, al estricto control de la delegación cuando esta no se puede evitar, etc.

Ahora bien, todo esto se sitúa sobre un plano puramente formal, y parece más difícil discernir una relación con el anarquismo en el plano de los contenidos. Ciertamente, el anarquismo no se reduce a un modo de funcionamiento de los colectivos, y podemos imaginar hoy unos movimientos totalmente reformistas, simplemente ciudadanistas, o incluso reaccionarios, que adopten formas de organización horizontales, y modos de funcionamiento próximos a los que caracterizan al anarquismo.

Sin embargo, en algunos de los nuevos movimientos sociales también existen ciertas semejanzas con el anarquismo que van más allá de los aspectos puramente formales, y que atañen a los contenidos. Solo mencionaré unos pocos como, por ejemplo, el recurso a la acción directa, el compromiso con políticas prefigurativas, es decir, con formas de intervención política cuyos procedimientos y planteamientos conlleven los fines que pretenden alcanzar, hipersensibilidad frente a las manifestaciones del poder, suspicacia y rechazo hacia todas las formas de dirigismo y de autoritarismo, denuncia de las discriminaciones y de las desigualdades, etc.

A lo largo de libro, en muchas ocasiones, haces referencia a Mayo del 68. Allí también se empezó a hablar de “nueva izquierda” y de un resurgir del anarquismo. Sin embargo hubo cosas que no cuajaron. ¿Crees que en el momento actual, que parece de cambio, el anarquismo tiene mucho que decir?

Por supuesto. Hoy el anarquismo tiene mucho que decir porque el continuo desarrollo y la creciente sofisticación de los dispositivos de poder que proliferan por todos los ámbitos del tejido social y se insinúan en los intersticios más diminutos de la vida cotidiana, no solo sitúan la lucha contra el poder en un primer plano sino que legitiman el discurso anarquista que siempre le concedió una importancia privilegiada.

También tiene mucho que decir porque la voluntad de imprimir mayor efectividad a los movimientos sociales de base y asamblearios que van surgiendo más o menos espontáneamente por doquier, encarrila esos movimientos hacia unos derroteros que amenazan con desvirtuar su potencial subversivo. Ahí están Podemos o Guanyem como posibles ejemplos. Frente a esas derivas, la experiencia histórica acumulada por las luchas anarquistas articula un discurso, que no se debería desoír, contra las tentaciones parlamentaristas y contra la participación en los engranajes del poder político. La toma del poder es el espejismo que desvirtúa y esteriliza las políticas radicales.

La palabra anarquismo muchas veces ha sido mal utilizada. Por ejemplo. En EEUU existe el término “libertariano” o el “Libertarian Party”, que hablan de una desaparición del Estado o un Estado mínimo pero en términos económicos son ultraliberales. Son lo que se denominan “anarco-capitalistas”, que no deja de ser una contradicción in terminis. ¿Cómo afecta esto al anarquismo que siempre ha tenido una base transformadora hacia el socialismo?

Esto afecta, seguramente, a determinados sectores del capitalismo que pugnan por desarrollar planteamientos económicos y políticos ultra liberales, pero no afecta en lo más mínimo al anarquismo.

No lo afecta por la sencilla razón que se trata de orientaciones inconmensurables, pertenecientes a universos políticos totalmente ajenos el uno al otro y sin ningún punto de contacto. Por supuesto, nadie puede impedir que las palabras sean secuestradas para servir a propósitos estrambóticos, pero sí se puede denunciar el carácter estrambótico de esas apropiaciones indebidas y mostrar su inanidad.

Eso es bastante fácil cuando se trata del acoplamiento del término “anarco” a una serie de otros términos, que son a veces antitéticos, tal y como anarco-capitalismo, anarco-fascismo, u otros del mismo tipo, sin embargo la presencia de referencias a conceptos que son nucleares para el anarquismo, tales como anti-estatismo, o exigencia de libertad, parece complicar las cosas, pero eso no es así porque si los significantes son idénticos los significados nada tiene en común. Así, por ejemplo, el concepto anarquista de la libertad vincula de forma inseparable la libertad y la igualdad (libertad entre iguales) lo cual hace de la libertad un concepto incompatible con cualquier forma de capitalismo.

En España el movimiento libertario fue uno de los más dinámicos de la historia. Sus organismos y militantes no solo articularon movimientos sindicales y políticos sino que crearon una forma de vida distinta. La llamada “cultura libertaria”. En este momento de agitación social. ¿Ves posibilidades de crecimiento de un movimiento libertario similar al de los años 30? ¿En qué puntos consideras que se encuentra el anarcosindicalismo en la actualidad?

En un contexto político y social notablemente distinto resulta difícil imaginar cómo sería un movimiento libertario similar al de los años 30, ahora bien, estoy convencido que el movimiento libertario puede acercarse a las cuotas de influencia que conoció en aquellos años (salvo que la evolución de la sociedad hacia sistemas de dominación cada vez más sofisticados e invasivos, consiga eliminarlo del todo).

Ahora bien, es obvio que su fuerza ya no se concentrara en una clase trabajadora cuyas características distan mucho de las que la definían en los años treinta. En su forma clásica el anarcosindicalismo tiene en el contexto social actual un techo relativamente bajo que, sin ser despreciable, no le augura el lugar hegemónico que ocupo en los años treinta. Por mucho que pueda crecer al calor de la “crisis”, mi sentimiento es que no progresara mucho más arriba del punto en el que se sitúa en el momento actual.

Esto no significa que no sea útil contribuir a su desarrollo, pero atempera las expectativas de éxito que se puedan albergar. Ahora bien, el anarcosindicalismo está pugnando actualmente por renovar sus planteamientos en la línea de expandirse fuera del mundo del trabajo estrictamente definido, y de lograr una “hibridación” con los movimientos sociales. Si consigue progresar en esa vía puede alcanzar nuevas cuotas de desarrollo y deparar desagradables sorpresas a las instituciones que mantienen el orden establecido.




viernes, 5 de septiembre de 2014

OBJECTIU: ENDERROCAR LA POR!!!





Estem vivint uns moments històrics excepcionals o potser no!? Tot està revoltat, i el mon sencer, viu convulsions socials, econòmiques i de violència integral de forma ascendent. Els membres de la classe social dels treballadors i treballadores, pateix una vegada més i de forma molt directa i cruel sobre les seves vides, les conseqüències del Capitalisme més dur de tots els temps (la precarietat estructural).

Cada cop son més i més grans les contradiccions que genera aquest sistema tan cruel i inhumà, que observem com espectadors passius des de les nostres llars. Només una, a tall d’exemple: un poble i un país ple de frustracions i incomprensions acaba de rebre, aquest dies, el xoc mes dur, en molt de temps, resulta que ha descobert (potser una mica tard..) que durant quasi 30 anys ha estat governat per representants directes de la immoralitat i la manca d’ètica... Uf,  i ara que fem?

Mentrestant, els Drets Socials i Humans més bàsics continuen sent massacrats, impunement, ja sigui en la forma de nens assassinats a Gaza, de joves explotats a les empreses de l’Ibex-35 (evidentment amb grans beneficis) o d’avis expulsats de les seves cases, per la Banca (veritable govern de la Humanitat).

I, per acabar-ho d’amanir, els guardians del pensament únic, els mitjans de comunicació de masses continuen manipulant i controlant els nostres cervells, vomitant missatges anestesiants, cada cop de forma mes sofisticada (sort que existeixen ocells de llibertat, com la revista Cafè amb Llet).
Malgrat tot això, els éssers humans d'aquesta «tan dissortada terra», com diu el nostre poeta Espriu, ens seguim mantenint en una segona línia, molt discreta, aixoplugats tot el possible pel nostra dia a dia, íntim, individual i familiar, com si tot el que passes fos aliè a la nostra existència, comportant-nos com a derrotats («..val més que no ens emboliquem», «...sempre ha estat així») Si que és veritat que hi han uns pocs (cada vegada mes, per cert) que hem decidit donar un pas endavant i posar-nos a primera línia i plantar cara a la situació. Però ho estem fent bé?

La veritat és que estem molt excitats, molt indignats i amb ganes de fer la Revolució, però, quina?  No ho sabem! Perquè n'hi ha de moltes i de molt diverses segons el nostre punt de vista (uns creuen que el problema està en les fronteres polítiques o culturals i els seus succedanis, altres en la Constitució o en les normes en general, altres en el model polític d’organització, altres en la corrupció de tot tipus,  altres en les retallades en l'Educació i la Sanitat, altres en la manca de respecte al Dret a l'Habitatge i en la vulneració dels Drets Socials en general, altres en el nivell i qualitat de la democràcia, etc (o és que potser el problema és la societat?).

Es evident, que estem entretinguts, capficats, dispersos,  dividits... I resistint-nos a sortir de les nostres closques d'ou (i per què?, per causa de qui?, com és possible?).

El Poder, de moment, s'ho mira amb cert escepticisme, sense massa preocupació, tot pensant: «...encara conserven moltes joguines de les que els hi hem regalat, estan entretinguts...».

I, la veritat, és que no aconseguim fer les coses tal com s’haurien de fer davant la situació que tenim. Seguim perduts amb els nostres conflictes interns, plens d'obstacles, febleses, costums, tics i paranys que han estat el nostre aliment durant anys i anys (individualisme, consumisme, materialisme, insolidaritat, competència, desig d’èxit personal, vanitat, frustracions, etc.

I hem pregunto: amb les presses que ens han agafat a totes i a tots, tan de cop, no serà que, entre uns i els altres, encara, no li hem tret l’envoltori al regal i, per tant no veiem el que hi ha a dins? Un embolcall molt fort que protegeix tota aquesta forma de vida incongruent, antinatural i mesquina i que, a la vegada, es el paraigües protector dels de sempre, dels poderosos.

I si provem de trencar la capa de por que ens té autolimitats, lligats, neutralitzats i arraconats? I sortim fora de tot, sense prejudicis, fantasmes, veritats relatives, doctrines de tota mena... o interessos materialistes?

Sí, sí, sí...  sortim al carrer!, de veritat!, tenint com únic límit la conquesta de tots els drets socials i humans, sense exclusió. No valen objectius intermedis, poders locals, parcials o espuris, manipulats pels que són dins d’institucions sense cap credibilitat, amb discursos hipòcrites o interessats.

HO VOLEM TOT, PERQUÈ ÉS L'ÚNICA MANERA DE CANVIAR-HO TOT. 

HO VOLEM TOT, PERQUÈ ELS PODEM DESARMAR DEL TOT SI PERDEM LA POR!!!

Joan Tamayo Sala


Advocat, Membre de l’Observatori dels Drets Socials i de la Comissió Defensa DDHH de l’IATER

jueves, 4 de septiembre de 2014

EL EDITOR QUE AMABA EL FASCISMO FRANCÉS: JAUME VALLCORBA (1949-2014)




Dicen las crónicas que muchos asistentes se sorprendieron del pétreo catolicismo que se escenificó en el entierro del editor Jaume Vallcorba. Un oficiante jesuita, varios curas acompañantes más todos los santos óleos, la bendición papal y el réquiem de Fauré. La sorpresa parece improcedente: su sepelio cerró la coherente ruta de un editor que fue reaccionario por antonomasia. El fundador de Quaderns Crema y El Acantilado fue siempre un convencido defensor de Occidente.  Solo se puede entender su apuesta contra el “sectarismo pragmático” de los editores de los sesentas como parte de una extensa y  permanente cruzada cultural. Para aquel recién llegado el mundo editorial barcelonés, había que dinamitar los restos del boom latinoamericano. Alicaída herejía de cuando Barral & Amigos abrieron las compuertas de la anquilosada España a la revolución cubana y otras plantas exóticas que amenazaron por una década el orden sociocultural de la hispanidad.

Vallcorba fundó en 1979 una editorial con una esotérica misión: la vuelta al orden natural de las cosas. Nada que no estuvieran haciendo Jorge Herralde, Beatriz de Moura o Josep Maria Castellet en sus respectivas empresas. La única diferencia es que aquel joven que en 1981 reivindicaba el legado estético de Charles Maurras sabía que la Cultura no era nada sin Tradición y que la Tradición era el sustento de la jerarquía social que se perdió cuando los soviéticos conquistaron la mitad de Europa en 1945 y desapareció toda referencia al pensamiento de ultraderecha que por casi medio siglo permeó entre las élites del sur de Europa.

Este es el universo cultural que Vallcorba idolatraba. Y para el cual preparó a conciencia su último viaje. Su ideal fue, siempre y en todas partes, la Action Française de Charles Maurras y Léon Daudet, una legión de vanguardistas-integristas católicos que por 40 años marcó línea en la cruzada antisocialista.  Las castas conservadoras de los países francófonos e hispanos acataron, a pies juntillas, todos y cada uno de sus clichés culturales. Hasta que la caída del III Reich mandó a la basura todo aquello.  Y tuvieron que acoplarse al estilo impuesto por el amigo americano.

La discreta ideología de Vallcorba explica, por ejemplo, su nula pasión independentista. Su estilo no era el neopopulismo catalán sino el rancio imperialismo indirecto que predicaba su idolatrado Eugeni d’Ors y que Enric Ucelay da Cal retrató en una obra de referencia sobre la cloaca intelectual que marcó el catalanismo previo a la II República española.

El orden católico modernizador que iniciara Xenius en la Mancomunitat catalana (1914-1923) y se consolidaría en la paz franquista (1939-1975) fue el tamiz ideológico de Jaume Vallcorba. Dogma que puede trazarse en la trinomía anti-revolucionaria de Álvaro d’Ors, coherente hijo del Pentarca, en los textos del Gonzalo Fernández de la Mora, franquista neoliberal y fundador de Razón Española, así como en los libros de Vicente Cacho Viu, elegante opusdeista que sintetizó, en forma brillante, la historia cultural del elitismo español.

A ese mundo se debió el editor catalán. Mundo naturalmente críptico, apto solo para enterados. A diferencia de sus ancestros, Vallcorba nunca hablaba directamente de política y tampoco aplicó su conocida bilis irónico-sarcástica contra todos los enemigos del clasicismo. No pudo emular a Maurras porque el universo doctrinal de la Action Française quedó sepultado bajo el lodo del colaboracionismo y el antisemitismo. Y aunque lo primero es norma en el siglo XXI, lo segundo es tabú.

No pudo revertir el rumbo de la Catalunya secularizada y aconfesional pero puso su parte para extirpar, de raíz, toda tentación izquierdista. Por eso fue editor, guía y compadre del escritor más vacío y totémico de la cultura catalana, Quim Monzó (sionista fúrico emergido del populacho barcelonés). Vallcorba dio a muchos jóvenes desorientados una probadita del poder venidero: posicionó a una cuadrilla cultural justo cuando la literatura catalana necesitaba actualizarse. Así que les dio el look, el empaque y la forma necesaria para venderse en la ciudadela posmoderna. El  Mas i Mas Bar de Marià Cubí se convirtió en centro doctrinal del catalanismo modernizador que representaba el grupo Vallcorba-Monzó-Pàmies-Torrent (con el periodista Ramon Barnils de consejero-guía). En medio del barcelonismo cosmopolita de aquellos años, la clique de Vallcorba reflejó la sagrada, y al final exitosa unión, de clases medias y bajas para recuperar el control hegemónico de la región, camino que inició el pujolismo en 1980 y concluirá este 2014 con la colosal huida hacia delante de la consulta del 9-N.

En aquellos tiempos de confusión, todo el mundo creía que el editor esteta era un catalanista sui generis que quería revolucionar el estrecho mercado cultural de Barcelona. Podía parecer así pero bastaba hablar con él un rato para darse cuenta que era algo más; un bicho raro absoluto. Ni menestral ascendido, como Monzó, ni hijo de familia, como Félix de Azúa. Pequeña burguesía católica y provinciana como algún día fue su idolatrado Maurras. Tiempo y concepto que se estaba extinguiendo en los ochentas. Por eso pocos entendieron realmente la ideología del joven Vallcorba.

Cuando coordinaba la sección de cultura de la revista El Temps llegué a entrevistarlo varias veces. Incluso compartí con él mis gustos culposos.  En un reunión de conspiradores-coleccionistas, le mostré una retahíla de fotocopias que en 1996 me traje de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires donde pasé varios meses leyendo a la escuadra mayor de la reacción francesa: fragmentos de Charles Péguy, Léon Daudet, Georges Sorel, Maurice Barrés, Léon Blum, Robert Brasillach, Henry de Montherlant y Georges Bernanos, el único de la camada que desafió la alianza de los suyos con los asesinos del Reich y los secuaces de Franco.

Lo hice porque conocía bien su pasión maurrasina. Aún no había pasado a la fase de fervor público. Todavía no había prologado sus memorias ni publicado una biografía sobre el escritor provenzal, tampoco había participado en congresos u estudios conmemorativos de su influencia, algo que para principios del siglo XXI se volvería norma. Su defensa del espíritu catalán como reedición del fantasma colonial de la Acción Francesa se plasmó en varios libros y esa fue, hasta el fin, la única temática que dio sentido y coherencia a la ideología implícita de Jaume Vallcorba.

Por eso me vino a la memoria la cara de satisfacción que puso Vallcorba en su pequeño despacho de la calle Valls i Taberner cuando le mostraba algunas joyas de la reacción francesa. Aunque conocía su temprana fascinación por los émulos catalanes de Maurras (JV Foix en primer lugar) creía que todo era cuestión de morbo y diletantismo. En tiempos de corrección política y apología del liberalismo global, parecía difícil encuadrar al editor Vallcorba en una línea política casi extinguida. Pero los pocos escritos que nos regaló el difunto editor son siempre una apología de aquel fascismo sureño que amó con devoción única. No lo entendí entonces. Aunque lo entendí después ya en la lejanía. No puedo decir, por ello, que me sorprendiera su católico funeral.

Aquel verano de 1996 me fui de su despacho con la sensación que aquel Brasillach tropicalizado habría sido más feliz en la sociedad de entreguerras cuando los suyos vivían en cruzada permanente contra enemigos poderosos (la III Internacional por ejemplo). La sociedad elitista de lucha, estudio y confrontación política que representaba Acción Francesa fue siempre su modelo para Vallcorba. Los clasicistas del retorno al orden mediterráneo se combinaban, perfectamente, con las legiones del lumpen soreliano. Lo imaginé en su pertinencia perfecta: armando tertulia con pintores y eruditos en el Café de Flore, uniéndose a los Camelots du Roi para cazar rojos en las calles de París, recuperando inéditos de poesía occitana en delirantes madrugadas. Y un día cuando en España estallara la revolución, volvería uniformado con la pistola al cinto. Para que la turba aprendiera quien manda y quien obedece.

Por eso se crió bajo el ala de Martí de Riquer, aquel joven intelectual que empuño sus armas contra la II República para que el legado cultural del catalanismo elitista no se perdiera en manos del populacho. Y por eso su devoción tardía por Marc Fumaroli, defensor de la Alta Cultura francófona, que recuperó el látigo clerical de Maurras para fustigar a los mercaderes que profanan el templo de las verdaderas élites. A falta de comunistas, sus enemigos son esas masas incultas que confirman la crisis patológica de Occidente. Si convirtió a sus lectores en demócratas europeos es porque Vallcorba sabía que en Bruselas no hay lugar para la plebe.

Por eso siempre y en todas partes, Vallcorba se reencontraba con el espectro de Maurras. O su copia más cercana. Claro que los sermones de Fumaroli y el catálogo de Vallcorba son bagatelas pero es igualmente cierto que la victoria del capital financiero hizo que los neoreaccionarios recuperaran el aliento intelectual. Por eso brillan hoy tipos como Jacobo Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo o Félix de Azúa. Porque un sistema fundado en la defensa de la alta burguesía, necesita gente que reivindique la moral que un día dio forma y sentido al sólido mundo de los propietarios decimonónicos. Esta es la fascinación real que ejerce la alta cultura entre las élites dominantes. Justifica su existencia. Y la de todas sus versallescas formaciones.

A eso se dedicó Vallcorba todo el tiempo. Vencido el totalitarismo cultural, que diría Fumaroli, los peligros del izquierdismo se evaporaron del mundo real. Quaderns Crema tuvo tiempo de consolidarse en el raquítico mercado regional, lo cual para Vallcorba era una receta para la muerte lente. Su visión de la hispanidad como contenedor de las virtudes combinadas del catolicismo, la jerarquía y la propiedad le facilitó el natural traslado de su catálogo al español. Desde 1999, coherente con el mercado natural de todo editor peninsular (América Latina) y su propio corpus ideológico, Vallcorba armó desde El Acantilado las colecciones en español que le permitieron sobrevivir con holgura.

Mientras él seguía la ruta del cártel español, su tierra natal se convirtió a la religión secular del independentismo. Siendo un regionalista conservador, la receta para el desastre porque el secreto de las minorías es dominar a las mayorías no desafiarlas. Mentalidad del viejo industrial catalán —¿Y dónde venderemos nuestros productos?— cuya base conservadora exige respeto, autonomía e igualdad de reparto en el botín pero jamás de los jamases alocados viajes a ninguna parte.

Para un hombre que hizo de la imitación maurrasiana un modelo de vida, convertir Catalunya en kibutz aislado que cortaría todos los puentes con su área natural de influencia no era solo un crimen sino una estupidez. Según la vieja doctrina de la Liga Regionalista de Francesc Cambó, España y las Américas eran el espacio a hegemonizar, es decir, el territorio conquistado en cruzadas sucesivas (contra moros y contra indios) en el cual los enclaves civilizatorios —Barcelona y Bilbao, por ejemplo— debían ejercer su natural liderazgo, económico y cultural. Esa era su visión del catalanismo y por eso no comulgó jamás con el independentismo.

Por eso en sus últimos años, Vallcorba parecía incómodo dentro del exaltado teatro independentista. Él andaba en otra cosa. Aquella quimera llamada imperialismo de la sociedad civil (Ucelay dixit) que inventara la burguesía catalana y tras el colapso de 1898 mutó en hispanismo comercial y hegemonía cultural. O la reconquista latinoamericana que impulsara Felipe González entre 1988 y 1992.

Vallcorba supo aprovechar la victoria cultural del liberalismo y del hispanismo. Supongo que esta era la razón de su paso por el DF aquel octubre del 2012. Andaba reconquistando mercados para que las élites criollas compraran, a precios prohibitivos, la literatura que el populacho jamás leerá.  Tras su muerte, el 23 de agosto del 2014, me queda la ociosa duda: ¿el nostálgico Valllcorba se sentía realmente feliz entre tanta ruina posmoderna?

Imagino que tampoco se la pasó mal. El mundo libre es mejor opción para los negocios. El exquisito editor sabía que la sociedad de masas llegó para quedarse hace más de un siglo y alguien debe encargarse de domesticar o controlar a la prole. Pero su obsesión por recuperar aquellas misas polifónicas que era en orgullo de la cristiandad barroca me recuerda las raíces ideológicas de Vallcorba, o el anti-mundo que amo y recreó en su catálogo editorial.


Aquella tarde otoñal pasé a saludarlo en el Ateneo Español de la Ciudad de México. Quizás porque yo fui testigo y relator de su entorno a principios de los noventa. Le pregunté, por encima, si se había contagiado de fiebre independentista y dijo que eso no era lo suyo. Dos o tres banalidades más y descubrí que no tenía mucho más que decirle. Será que no soy el de antes. Que ya no me fascina la Acción Francesa ni su coro de ilustres intelectuales. Ahora pienso que el legado preservado por Vallcorba terminará donde inició; en los grandes cementerios bajo la luna. En las trincheras de Bélgica o en las regiones del este de Ucrania. No importa que ya nadie entienda la pulsión reaccionaria de Jaume Vallcorba. El orden ganó. Y siempre habrá enemigos que justifiquen la defensa de Occidente. Con o sin misas polifónicas.

Oriol Malló

martes, 19 de agosto de 2014

NOAM CHOMSKY HABLA EN DEMOCRACY NOW! SOBRE LA OFENSIVA ISRAELÍ CONTRA GAZA


Horrible. Sádico. Cruel. Asesino. Así es como Noam Chomsky describe los 29 días de ofensiva israelí sobre Gaza, que mató a casi 1.900 personas y dejó a casi 10.000 personas heridas. Chomsky ha escrito extensamente sobre el conflicto israelí-palestino. Después de la operación israelí de 2008-2009 conocida como «Plomo Fundido», escribió el libro Gaza en crisis: Reflexiones sobre la guerra de Israel contra los palestinos, en coautoría con el académico israelí Ilan Pappé. Entre sus otros libros sobre el conflicto israelí-palestino, se pueden destacar: ¿Paz en oriente medio? Reflexiones sobre justicia y nacionalidad y El triángulo fatal: Estados Unidos, Israel y Palestina. 

Chomsky es un disidente político, lingüista y escritor de renombre mundial. También es profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde enseña hace más de 50 años.

TRANSCRIPCIÓN


JUAN GONZÁLEZ: Para ampliar la información sobre la crisis en Gaza nos vamos a Boston, desde donde nos acompaña Noam Chomsky, un disidente político, lingüista y escritor de renombre mundial. También es profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde enseña hace más de 50 años. Hace décadas viene escribiendo extensamente sobre el conflicto israelí-palestino.

AMY GOODMAN: Este mes se cumplen cuarenta años de la publicación del libro de Noam Chomsky ¿Paz en oriente medio? Reflexiones sobre justicia y nacionalidad. Otro de sus libros, El triángulo fatal: Estados Unidos, Israel y Palestina, publicado en 1983, se considera una de las obras más contundentes sobre el conflicto israelí-palestino. El profesor Chomsky se comunica con nosotros desde Boston. Bienvenido de nuevo a Democracy Now!, Noam. En primer lugar, quisiera pedirte un comentario general, ya que no hemos hablado contigo durante esta ofensiva israelí en Gaza. ¿Que opinas sobre lo sucedido ahora?

NOAM CHOMSKY: Es una atrocidad horrible, sádica, cruel, asesina, llevada a cabo sin ningún pretexto creíble. Es otro de los ejercicios periódicos que hace Israel, que delicadamente denominan como "cortar el césped". Esto significa dispararles a los peces del estanque, para asegurarse de que los animales se queden quietos en la jaula que les has construido. Después viene un período de lo que se llama "alto el fuego", que significa que Hamas observa el alto al fuego, como Israel mismo reconoce, mientras Israel continúa violándolo. Luego eso se rompe por una escalada militar israelí. Hamas responde. Y ahí viene el momento de "cortar el césped". Éste, en muchos sentidos, es más sádico y cruel incluso que los anteriores.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Y qué hay del pretexto que utiliza Israel para lanzar estos ataques? ¿Podrías hablarnos sobre eso y hasta que punto crees que es válido?

NOAM CHOMSKY: Según admiten altos funcionarios israelíes, Hamas ha respetado el último alto el fuego por 19 meses. El episodio anterior de "cortar el césped" fue en noviembre de 2012. Hubo un alto el fuego. Los términos de la negociación fueron que Hamas no dispararía misiles —lo que ellos llaman misiles— y que Israel actuaría para poner fin al bloqueo y dejaría de atacar en Gaza a los que ellos llaman milicianos. Hamas cumplió con el acuerdo. Israel lo admite.

En abril de este año sucedió algo que horrorizó al gobierno israelí: se llegó a un acuerdo de unidad entre Gaza y Cisjordania, entre Hamas y Fatah. Durante mucho tiempo, Israel ha intentado desesperadamente evitar que eso pase. Hay todo un contexto, que da cuenta de lo importante que es. Entonces, llegó el acuerdo de unidad. Israel se puso furioso. Y más aún se molestaron cuando EE.UU. lo respaldó de alguna manera, lo que es un gran golpe para ellos. Hicieron estragos en Cisjordania.

Lo que se utilizó como pretexto fue el brutal asesinato de tres colonos adolescentes. Primero se dijo que estaban vivos, a pesar de que se sabía que estaban muertos. Eso dio lugar a un enorme, ah y por supuesto, inmediatamente culparon a Hamas. Pero hasta ahora no presentaron ningún tipo de prueba, y de hecho, autoridades israelíes de alto rango señalaron de inmediato que los asesinos eran probablemente miembros de una especie de un clan díscolo que hay en Hebrón, el clan Qawasmeh, lo que al parecer resulta ser verdad. Este clan ha sido un dolor de cabeza para Hamas durante años. No respetan sus órdenes.

Pero de todos modos, eso dio lugar a esa incursión devastadora en Cisjordania, donde arrestaron a cientos de personas, y volvieron a arrestar a muchos que ya habían puesto en libertad, en su mayoría identificados con Hamas. Aumentaron los asesinatos. Y finalmente, vino la respuesta de Hamas: los llamados ataques con misiles. Y eso dio lugar a una nueva "cortada de césped".

AMY GOODMAN: Has dicho que Israel hace esto periódicamente, Noam Chomsky. ¿Por qué lo hacen?

NOAM CHOMSKY: Porque quieren mantener una cierta situación. Hay un contexto que lo explica. Por más de 20 años, Israel se ha esforzado, con el apoyo de Estados Unidos, por separar a Gaza de Cisjordania. Eso implica una violación directa del Acuerdo de Oslo, firmado hace 20 años, que estableció que Cisjordania y Gaza constituyen una entidad territorial única cuya integridad debe ser preservada. Pero para los estados canallas, los acuerdos solemnes no son un impedimento actuar a su antojo. Así que Israel, con apoyo de EEUU, se enfocó en mantenerlas separadas. Y tiene una buena razón para ello. Basta con mirar el mapa. Siendo Gaza es la única salida al mundo exterior de una entidad Palestina, cualquiera que sea, si Cisjordania está separada de Gaza, queda básicamente encerrada; tiene a Israel de un lado y a la dictadura de Jordania del otro.

Más aún, Israel viene expulsando sistemáticamente a los palestinos del valle del Jordán, destruyendo pozos, construyendo asentamientos. Primero delimitan allí zonas militares, luego establecen asentamientos; la historia de siempre. Eso significaría que los espacios que queden para los palestinos en Cisjordania, una vez que Israel tome lo que quiere y lo integre a Israel, estarían completamente encerrados. Gaza sería la salida al mundo exterior, de modo que mantenerlas separadas una de la otra es un importante objetivo político, tanto de la política estadounidense como de la israelí. Y el acuerdo de unidad amenazaba ese objetivo.

Y amenazaba otra cosa que Israel viene alegando hace años. Uno de sus argumentos para evadir entrar en negociaciones ha sido: ¿Cómo se puede negociar con los palestinos si están divididos? Bueno, está bien, entonces si se unen, ese argumento se cae. Pero el motivo más importante es lo geoestratégico, que es lo que mencionaba recién. Así que el gobierno de unidad era una amenaza real, lo mismo que el tibio, pero real, respaldo de Estados Unidos a éste. Y reaccionaron enseguida.

JUAN GONZÁLEZ: Noam, ¿qué piensas de la actitud de Israel de, como tú dices, buscar mantener el status quo y a la vez seguir alterando la realidad del territorio a través de la ampliación de los asentamientos. ¿Cómo interpretas que los sucesivos gobiernos de Estados Unidos, que oficialmente se opone a la expansión de los asentamientos, se nieguen persistentemente a llamarle la atención a Israel por este intento de expandirse en el territorio?

NOAM CHOMSKY: Bueno, tu expresión "oficialmente se opone" es bastante acertada. Podemos mirar, o sea, hay que distinguir entre la retórica de un gobierno y sus acciones. Y entre la retórica que usan los dirigentes políticos y sus acciones. Eso debería ser obvio. Poder ver cuán comprometido está EE.UU. con esta política es fácil. Por ejemplo, en febrero de 2011, el Consejo de Seguridad de la ONU evaluó una resolución que pedía, que llamaba a Israel a poner fin a la expansión de asentamientos. Tengamos en cuenta que la expansión de asentamientos no es realmente el problema. Son los asentamientos en sí mismos. Los asentamientos, el desarrollo de infraestructura, todo eso es una violación flagrante del derecho internacional. Eso ha sido determinado por el Consejo de Seguridad, por la Corte Internacional de Justicia. Prácticamente todos los países del mundo, fuera de Israel, reconocen esto. Esta era una resolución que llamaba al fin de la expansión de los asentamientos lo que se corresponde con la política oficial de Estados Unidos. ¿Y qué pasó? Obama vetó la resolución. Eso da a entender algo. Es más, la declaración oficial dirigida a Israel acerca de la expansión de los asentamientos va acompañada de algo que en lenguaje diplomático se denominaría un guiño, una indicación discreta de que no lo decimos en serio.

Así, por ejemplo, la última declaración de Obama condenando la reciente, como él la llama, violencia de las dos partes, fue acompañada por el envío de más ayuda militar a Israel. Bueno, ellos saben leer esas señales. Y eso ha sido así desde siempre. De hecho, cuando Obama llegó al gobierno, dio el discurso pertinente contra la expansión de los asentamientos. Y se le preguntó a su gobierno, a los voceros, en conferencias de prensa, les preguntaron si Obama iba a hacer algo al respecto, como el primer George Bush había hecho —sanciones moderadas— para frenar la expansión de los asentamientos. Y la respuesta fue: "No, esto es sólo un gesto simbólico". Bueno, eso le dice al gobierno de Israel exactamente lo que está sucediendo. Y de hecho, si se mira lo que sucede, cosa por cosa, la ayuda militar continúa, la ayuda económica continúa, la protección diplomática continúa, la protección ideológica continúa. Con esto quiero decir que se categorizan los problemas de tal manera que se ajusten a las demandas de Israel. Todo eso sigue sucediendo, acompañado por una especie de cacareo que dice: "Bueno, realmente no nos gusta lo que pasa, y no contribuye a la paz". Cualquier gobierno puede entender las señales.

AMY GOODMAN: Quiero que escuchemos al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que habló ayer con periodistas extranjeros. 

BENJAMIN NETANYAHU: Israel aceptó y Hamas rechazó la propuesta que hizo Egipto el 15 de julio para un alto el fuego. Y quiero que sepan que en ese momento el conflicto había cobrado unas 185 vidas. Recién el lunes en la noche Hamas aceptó esa misma propuesta, que entró en efecto ayer en la mañana. Eso significa que el 90%, el 90% del total de las muertes ocurridas se hubiera podido evitar si Hamas no hubiera rechazado en ese momento el alto al fuego que ahora sí acepta. Hamas tiene que rendir cuentas por la trágica pérdida de vidas.



AMY GOODMAN: Noam Chomsky, ¿qué le responderías al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu?

NOAM CHOMSKY: [inaudible] hay una respuesta corta y una respuesta larga. La respuesta corta es que, por supuesto, como bien lo sabe Netanyahu, esa propuesta de alto el fuego fue negociada entre la dictadura militar de Egipto e Israel, dos gobiernos muy hostiles a Hamas. Ni siquiera se le comunicó a Hamas directamente. Ellos se enteraron a través de las redes sociales, y eso los enfureció, naturalmente. Y dijeron que no aceptarían la propuesta en esos términos. Pero bueno, esa es la respuesta corta.

La respuesta larga es que el 100% de las víctimas, de la destrucción y la devastación, y todo lo demás, se hubiera podido evitar si Israel hubiera respetado el acuerdo de alto al fuego después de, desde Noviembre de 2012, en vez de violar constantemente el acuerdo, y luego intensificar la violencia, —de la forma que he señalado— buscando frenar el gobierno de unidad y persistir en su política, sus políticas de apoderarse de las áreas que quieren de Cisjordania y mantenerla separada de Gaza. Así como mantener a Gaza en lo que llaman una 'dieta', según el famoso comentario de Dov Weissglass. Este es el hombre que negoció el retiro israelí de 2005, y señaló que el propósito de ese retiro era poner fin a la discusión sobre algún tipo de acuerdo político y bloquear cualquier posibilidad de creación de un Estado Palestino. Y que mientras tanto, los habitantes de Gaza ses a dieta, lo que significaba permitira la entrada de alimentos con apenas las calorías suficientes para que no se murieran todos —porque eso sería muy malo para la ya decadente reputación de Israel— pero que no tuvieran acceso a más que eso. Y con su proclamada capacidad técnica, Israel, los expertos israelíes, calcularon exactamente cuántas calorías se necesitaban para mantener a la gente de Gaza en una dieta, en un estado de sitio, con las exportaciones bloqueadas, con las importaciones bloqueadas. Los pescadores no pueden salir a pescar. Los buques de guerra los llevan de nuevo a la costa.

La gente palestina tiene prohibido el ingreso a una gran parte, probablemente más de un tercio, o quizás más, de la tierra cultivable de Gaza. Se le llama "barrera". Esa es la norma. Esa es la dieta. Los quieren mantener así, separados de Cisjordania, y continuar con el proyecto que ya están implementando, de apoderarse -podría dar los detalles, pero no es algo desconocido— de apoderarse de las partes de Cisjordania que Israel quiere, que ya está incorporando a Israel, y que probablemente al final termine anexándolas de algún modo, mientras siga contanto con el apoyo de Estados Unidos, mientras se sigan trabando los esfuerzos internacionales para llegar a un acuerdo político.

JUAN GONZÁLEZ: Noam, tras lo ocurrido durante este mes, y con todas estas imágenes de la masacre en Gaza difundidas en el mundo, ¿qué impacto consideras que ha tenido esto en la relación, ya muy distante, entre el gobierno de Estados Unidos y el mundo árabe y musulmán? Me refiero especialmente a todos los jóvenes musulmanes y árabes del mundo que tal vez no habían estado expuestos a atrocidades anteriores del conflicto palestino-israelí.

NOAM CHOMSKY: Bueno, en primer lugar, tenemos que distinguir entre las poblaciones de países musulmanes y árabes, y sus gobiernos; hay una notable diferencia. Los gobiernos son en su mayoría dictaduras. Y cuando se lee en la prensa que los árabes nos apoyan en esto y lo otro, lo que se quiere decir es que los dictadores nos apoyan, no las poblaciones. Las dictaduras apoyan moderadamente lo que EE.UU. e Israel están haciendo. Eso incluye la dictadura militar de Egipto, que es muy brutal, la dictadura de Arabia Saudita. Arabia Saudita es el aliado más cercano de Estados Unidos en la región, y es el Estado fundamentalista islámico más radical del mundo. Arabia Saudí está propagando sus doctrinas wahabí-salafistas en todo el mundo, doctrinas fundamentalistas y extremistas. Es el aliado principal de Estados Unidos hace años, como antes lo fue de Gran Bretaña. Ambas potencias han tendido a preferir el Islam radical al peligro del nacionalismo secular y la democracia. Y ellos apoyan bastante, no les gusta Hamas, lo odian. No tienen ningún interés en los palestinos. Tienen que decir ciertas cosas para tratar de apaciguar a sus poblaciones, pero, de nuevo, la retórica y la acción son cosas diferentes.

Así que las dictaduras no están horrorizadas por lo que está pasando. Probablemente están celebrándolo en silencio. Las poblaciones, por supuesto, son muy diferentes, pero esto ha sido siempre así. Por ejemplo, poco antes de las manifestaciones de la Plaza Tahrir en Egipto, que derrocaron a la dictadura de Mubarak, hubo encuestas internacionales realizadas en Estados Unidos por las principales empresas de encuestas, que mostraron muy claramente que alrededor del 80% de la gente en Egipto consideraba que las principales amenazas para ellos eran Israel y Estados Unidos. Y, de hecho, la condena a Estados Unidos y sus políticas era tan extrema que, a pesar de que no les gusta Irán, una mayoría manifestó que sentía que la región estaría más segura si Irán tuviera armas nucleares.

Bueno, si nos fijamos en las encuestas de los últimos años, más o menos varían en torno a opiniones de este tipo. Pero eso es a nivel de las poblaciones. Y, por supuesto, a las poblaciones musulmanas de otros lugares tampoco les gusta. Pero no sólo a las poblaciones musulmanas. Por ejemplo, en Londres hubo una manifestación recientemente en la que participaron cientos de miles de personas, una manifestación enorme en protesta por las atrocidades israelíes en Gaza. Y eso también está pasando en otras partes del mundo. Vale la pena recordar que, un par de décadas atras, Israel era uno de los países más admirados del mundo. Ahora es uno de los países más temidos y despreciados del mundo. A los propagandistas israelíes les gusta decir que, bueno, es antisemitismo. Pero si bien puede haber un elemento antisemita, que es suave, es a causa de las acciones israelíes. El rechazo es a las políticas.

Y mientras Israel persista en estas políticas, eso es lo que va a pasar. En realidad, esto ha sido muy claro desde principios de la década de 1970. De hecho, yo vengo escribiendo sobre ello desde entonces, pero es algo tan obvio, que yo no creo tener ningún mérito por eso. En 1971, Israel tomó una decisión crucial, la más fatídica de su historia, yo creo. El presidente Sadat de Egipto ofreció a Israel un tratado de paz pleno, a cambio de la retirada de Israel del Sinaí egipcio. En ese momento había un gobierno laborista, el llamado gobierno laborista moderado. Consideraron la oferta y la rechazaron. Planeaban llevar a cabo extensos programas de desarrollo en el Sinaí, construir una enorme ciudad en el Mediterráneo, decenas de asentamientos, kibutzim, y otras grandes obras de infraestructura, desplazando decenas de miles de beduinos de esas tierras, destruyendo sus pueblos y todo eso. Esos eran los planes, y estaban comenzando a ponerlos en práctica.

Así que Israel tomó la decisión de elegir la expansión por encima de la seguridad. Un tratado con Egipto habría significado seguridad. Es la única fuerza militar significativa del mundo árabe. Y esa ha sido la política desde entonces. Cuando se sostiene una política que pone a la represión y la expansión por encima de la seguridad, van a pasar cosas. El país sufrirá una degeneración moral. Habrá una creciente oposición, indignación y hostilidad desde poblaciones de otros países. Podrán continuar recibiendo el apoyo de las dictaduras y del gobierno estadounidense, pero vas a perder el apoyo de las poblaciones. Y eso tiene consecuencias. Se podía predecir; de hecho, yo y otros lo predijimos en los años 70. Citándome a mí mismo: "quienes se consideran partidarios de Israel son en realidad partidarios de su degeneración moral, aislamiento internacional, y, muy posiblemente, su destrucción final".

Eso es lo que; bueno, es lo que está pasando. No es el único ejemplo en la historia. Se establecen muchas analogías con Sudáfrica, la mayoría de ellas bastante dudosas, en mi opinión. Pero hay una analogía que creo que es bastante realista, de la que no se habla mucho. Pero debería tenerse presente. En 1958, el gobierno nacionalista de Sudáfrica, que fue el que impuso el duro régimen del apartheid, reconoció que se estaba quedando aislado internacionalmente. Sabemos, por documentos desclasificados, que en 1958 el ministro de Relaciones Exteriores de Sudáfrica se reunió con el embajador estadounidense. Y tenemos la conversación que tuvieron. Él básicamente le dijo: "Mira, nos estamos convirtiendo en un estado paria. Estamos perdiendo, todos van a votar en contra de nosotros en las Naciones Unidas. Nos estamos quedando aislados. Pero realmente no nos importa, porque la única voz que cuenta es la de ustedes. Mientras ustedes nos apoyen, realmente no nos importa lo que piense el resto del mundo".

No fue una mala apreciación. Si nos fijamos en lo que sucedió años después, la oposición al apartheid sudafricano creció y se extendió. Hubo un embargo de armas de la ONU. Se implementaron sanciones. Se realizaron boicots. La oposición era tan fuerte en la década de 1980, que incluso el Congreso de Estados Unidos aprobó algunas sanciones, que el presidente Reagan tuvo que vetar. Reagan fue el último partidario del régimen del apartheid. El Congreso de hecho restableció las sanciones tras su veto, y luego él las violó. Todavía en 1988, el gobierno de Reagan, el último reducto, declaró que el Congreso Nacional Africano, el partido de Mandela, era uno de los grupos terroristas más infames del mundo. Para poder mantener el apoyo de EE.UU. a Sudáfrica. También apoyaba al grupo terrorista UNITA de Angola. Finalmente, incluso Estados Unidos se unió al resto del mundo, y el régimen del apartheid se derrumbó rapidamente.

Pero eso no es algo totalmente análogo al caso de Israel. Hubo otras razones para la caída del apartheid, dos razones cruciales. Una de ellas fue que se llegó a un acuerdo que era aceptable para Sudáfrica y para las empresas internacionales. Un acuerdo simple: mantener el sistema socioeconómico y permitir— hablando metafóricamente— permitir que haya algunas caras negras en las limusinas. Ese fue el acuerdo, y eso fue lo que se implementó, aunque no completamente. No hay un acuerdo comparable entre Israel-Palestina. Pero otro elemento crucial, del que no se habla, es Cuba. Cuba envió fuerzas militares y cientos de miles de trabajadores técnicos, doctores y maestros, entre otros, y sacaron a los agresores sudafricanos de Angola, y los obligaron a abandonar su ocupación ilegal de Namibia. Pero sobre todo, como de hecho lo señaló Nelson Mandela cuando salió de la cárcel, los soldados cubanos, que por cierto eran soldados negros, destrozaron el mito del súper hombre blanco invencible. Eso tuvo un efecto muy significativo tanto en la Africa negra como en la Sudáfrica blanca. Le indicó al gobierno y la población de Sudáfrica que no iban a ser capaces de imponer su deseo de un sistema de apoyo regional, al menos no silenciosamente, que les permitiría continuar sus operaciones dentro de Sudáfrica y sus actos terroristas en el extranjero. Y eso fue un factor clave para la liberación de la Africa negra.

AMY GOODMAN: Noam, tenemos que hacer un corte y volveremos a esta conversación. Estamos conversando con Noam Chomsky, disidente político, lingüista y escritor de renombre mundial. Profesor Emérito en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). Esto es Democracy Now! Estaremos de vuelta con el profesor Chomsky en un minuto. [Corte]

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, Democracynow.org, el informativo de guerra y paz. Soy Amy Goodman y éste es Juan González. Nuestro invitado es el profesor Noam Chomsky. Quiero pasar un fragmento del discurso del presidente Obama en una conferencia de prensa el miércoles, en Washington, D.C.

BARACK OBAMA: A largo plazo, tiene que reconocerse que Gaza no puede sostenerse estando cerrada al mundo y sin la capacidad de proveer oportunidades sociales, trabajos, crecimiento económico, a la población que vive allí, sobre todo dada la densidad de población que tiene, y lo joven que es. Vamos a tener que ver un cambio en el acceso a oportunidades para la gente de Gaza. No tengo ninguna simpatía por Hamas. Pero sí siento mucha simpatía por la gente común y corriente que está luchando dentro de Gaza.

AMY GOODMAN: Eso dijo el presidente Obama ayer. Noam Chomsky, ¿qué le responderías?

NOAM CHOMSKY: Bueno, como siempre, con todos los estados y todos los dirigentes políticos, hay que diferenciar entre retórica y acción. Cualquier dirigente político puede tener una retórica preciosa, incluso Hitler o Stalin, cualquiera. La pregunta es: ¿Y qué están haciendo? ¿Qué sugiere exactamente Obama o que está haciendo para lograr el objetivo de acabar con el sitio y el bloqueo de Israel a Gaza, apoyado por Estados Unidos, que es lo que ha llevado a esta situación? ¿Qué ha hecho en el pasado? ¿Qué propone hacer en el futuro? Hay cosas que el gobierno de Estados Unidos podría hacer de forma muy fácil. De nuevo, no quiero abusar de la analogía con Sudafrica, pero es una buena muestra. Y no es el único caso.

Lo mismo ocurrió, como recordarán, en el caso Indonesia-Timor Oriental. Cuando Estados Unidos, Clinton, finalmente dijo a los generales de Indonesia, "se acabó el juego", ellos se retiraron inmediatamente. El poder de Estados Unidos es sustancial. Y en el caso de Israel, es fundamental, porque Israel cuenta con el apoyo unilateral de Estados Unidos. Hay muchas cosas que Estados Unidos puede hacer para implementar lo que Obama dice. Y la cuestión es, de hecho, cuando Estados Unidos da órdenes, Israel obedece. Eso ha ocurrido una y otra vez. Y es completamente obvio el porqué, dadas las relaciones de poder. Así que hay cosas que se pueden hacer. Se hicieron algunas cosas en los gobiernos de Bush segundo, Clinton, Reagan, y Estados Unidos podría hacerlas de nuevo. Entonces sabremos si esas palabras fueron algo más que la típica retórica agradable.

JUAN GONZÁLEZ: Hablando de separar la retórica de los actos, Israel siempre ha dicho que ya no ocupa Gaza. Democracy Now! recientemente habló con Josué Hantman, un asesor de alto rango del embajador israelí en Estados Unidos y un ex portavoz del Ministerio de Defensa israelí. Hantman dijo texualmente que "Israel salió de la Franja de Gaza en 2005. Retiramos todos los asentamientos. Retiramos las Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF, en inglés). Sacamos a 10.000 judíos de sus casas, como un paso para la paz, porque Israel quiere la paz y está extendiendo su mano para la paz". ¿Tu respuesta?

NOAM CHOMSKY: Bueno, varios puntos. En primer lugar, la ONU y todos los países del mundo, incluido Estados Unidos, consideran a Israel como el poder ocupante en Gaza, por una razón muy simple: ellos controlan todo. Controlan las fronteras, la tierra, el mar y el aire. Determinan qué puede entrar y salidr de Gaza. Determina cuántas calorías necesitan los niños de Gaza para mantenerse vivos, pero no para crecer bien. Eso es una ocupación, bajo el derecho internacional, y nadie lo pone en duda, por fuera de Israel. Incluso Estados Unidos está de acuerdo, su apoyo más recurrente. Ya con eso, con eso terminamos la discusión sobre si es un poder ocupante o no. Y sobre querer la paz, miremos con cuidado ese llamado retiro. Recalquemos que dejó a Israel como el poder ocupante.

En 2005, halcones israelíes, dirigidos por Ariel Sharon, un halcón muy pragmático, reconocieron que no tenía sentido que Israel dejara a miles de colonos en una Gaza devastada y tuviera a una gran parte del ejército israelí protegiéndolos, y muchos otros gastos al partir a Gaza en partes y eso. Eso no tenía sentido. Tenía mucho más sentido agrupar a todos esos colonos en sus asentamientos subsidiados en Gaza, donde estaban residiendo de forma ilegal, y mandarlos a asentamientos subsidiados en Cisjordania, en áreas que Israel espera ocupar —ilegalmente, por supuesto. Eso era más pragmático. Y había una forma muy fácil de hacerlo. Hubieran podido informarle a los colonos en Gaza que en agosto el ejército de Israel iba a retirarse, y así ellos habrían corrido a los buses que se les ofrecieron y se hubieran ido a los asentamientos ilegales en Cisjordania, y, por incidencia, en los Altos del Golán. Pero eso, querían que se convirtiera en una forma de 'trauma nacional'. Así que el trauma se construyó, como un teatro. Fue ridiculizado por especialistas en Israel, incluidos líderes de la sociología— Baruch Kimmerling se burló de eso. Y el trauma se creó porque, si usted llega a tener un hijo, fotos de ellos suplicándole a los soldados de Israel, "¡No destruya mi casa!" y el fondo dice Nunca más, eso quiere decir Nunca más nos hagan mudarnos de sitio. refiriéndose a Cisjordania principalmente. Fue un trauma nacional teatral. Lo que lo hacía como una farsa fue que era la repetición de lo que incluso la prensa israelí llamó El Trauma Nacional del 82, cuando interpretaron un trauma cuando tuvieron que retirarse de Yamit, la ciudad que ocuparon de forma ilegal en el Sinai.

Pero la ocupación se mantuvo. Ellos siguieron. Y voy a repetir lo que dijo Weissglass. Recordemos, que él era negociador con Estados Unidos, el confidente de Sharon. Dijo que el propósito de ese retiro era ponerle fin a las negociaciones sobre un Estado Palestino o sobre los derechos de los Palestinos. Eso lo terminaría. Esto lo congelaría, con apoyo de Estados Unidos. Y luego imponen una dieta en Gaza para mantenerlos sobreviviendo, pero no sanos, y en el encierro. Después de semanas de lo que se llamó el retiro, Israel intensificó sus ataques contra Gaza e impuso sanciones muy duras, apoyadas por Estados Unidos. La razón fue que hubo elecciones en Palestina, y salieron los del lado equivocado. Claro, Israel y Estados Unidos, por supuesto, aman a la democracia, pero solo si los resultados son los que ellos quieren. Estados Unidos e Israel instantaneamente impusieron sanciones. Los ataques de Israel, que nunca habían parado, aumentaron. Europa, vergonzosamente, también dejó que eso pasara. Luego Israel y Estados Unidos inmediatamente comenzaron a planear un golpe militar para derrocar el gobierno. Cuando Hamas se adelantó a ese golpe, los dos países se pusieron furiosos. Las sanciones y los ataques militares aumentaron. Y estamos en lo que discutimos antes: episodios esporádicos para cortar el césped.

AMY GOODMAN: Noam, sólo tenemos un minuto.

NOAM CHOMSKY: Sí.

AMY GOODMAN: Muy rápidamente, en este punto, los medios de Estados Unidos dice que el país se ha hecho a un lado, que ahora toda la negociación está en las manos de Egipto. ¿Qué debe ocurrir en este momento? El alto el fuego va a terminar en algunas horas, si no se amplía. ¿Qué tipo de tregua que se debe lograr aquí?

NOAM CHOMSKY: Bueno, para Israel, con el apoyo de Estados Unidos, esta situación es una situación en la que van a ganar, o van ganar. Si Hamas acepta extender el alto al fuego, Israel puede mantener su control policíaco como describí antes: tomando lo que quieran de Cisjordania, separándola de Gaza, mantener la dieta y así seguir. Si Hamas no acepta el alto al fuego, Netanyahu puede dar otro discurso como el que usted— ese discurso cínico que ustedes citaron antes. Lo único que puede cambiar esto es si Estados Unidos cambia su política, como lo han hecho en otros casos. Mencioné Sudáfrica, Timor. Y hay otros. Eso es decisivo. Y va a haber un cambio, que dependerá en gran medida de la política exterior de Estados Unidos. Durante 40 años, Estados Unidos ha apoyado de forma unilateral el rechazo de Israel al consenso internacional para encontrar una solución de dos estados.

AMY GOODMAN: Noam, tenemos que parar acá, pero vamos a continuar nuestra conversación después del show, y lo vamos a poner online en democracynow.org. 



Traducido por Camila Osorio, Elia Gran, Veronica Gelman, Igor Moreno. Editado por Veronica Gelman, Clara Ibarra y Democracy Now! en Español