martes, 24 de marzo de 2015

SOBRE L'EDUCACIÓ FINANCERA ALS CENTRES PÚBLICS





L’Educació Financera a les Escoles de Catalunya és un programa en el que poden participar els instituts que ho desitgin per als alumnes de 4rt d’ESO. L’està desenvolupant l’Institut d’Estudis Financers (IEF), amb un patronat on hi ha representació del Departament d’Economia i Coneixement de la Generalitat de Catalunya, l’Institut Català de Finances, la Federació Catalana de Caixes d’Estalvis i les principals entitats financeres instal·lades a Catalunya. 

Els tallers els imparteixen treballadors en actiu o jubilats vinculats a entitats financeres. Les crítiques arriben per l’orientació dels continguts a estudiar i comportaments viscuts a les classes: 

«Es defensa el model consumista que ens ha portat a la crisi i s’incita als alumnes al consum i l’endeutament».

«S’ha arribat a afirmar a classe que les persones que van comprar Subordinades i Preferents al banc són les úniques responsables de les seves accions i es mereixen haver perdut els estalvis, fins i tot si eren persones grans. Se’ls va arribar a insultar dient que eren “burros” [sic]».





lunes, 16 de marzo de 2015

LA VIOLÈNCIA CONTRA LES DONES AL CINEMA




La violència contra les dones al cinema

Reflexió i debat


Dilluns 13 d'abril, a les 19:00
«La violència contra les dones al cinema», xerrada a càrrec de Sonia Herrera

Dimecres 15 d'abril a les 19:00
«Lilya for ever, el món de la prostitució», projecció i debat

Dimecres 22 d'abril a les 19:00
«Madame Brouette, la socialització de l'agressió de gènere», projecció i debat

Dimecres 29 d'abril a les 19:00
«Te doy mis ojos, l'agressió de gènere en el context familiar», projecció i debat

Dimecres 6 de maig a les 19:00
«Rebelle, el cos de la dona com a camp de batalla», projecció i debat

Dimecres 20 de maig a les 19:00
«Pago justo, la lluita de les dones contra la discriminació en el context laboral», projecció i debat

Amics de les Arts i Joventuts Musicals
Carrer de sant Pere, 46, primera planta - Terrassa

Organitza: Grup d'Opinió d'Amics de les Arts







sábado, 14 de marzo de 2015

EL PROTAGONISMO CIUDADANO




Entre gente que venía de diferentes movimientos sociales se ha planteado la necesidad de "asaltar" las instituciones para ponerlas al servicio de la mayoría. Se veía claro, que junto a las luchas en defensa de nuestros derechos, para el 99% el campo electoral también podía ser un terreno de batalla para gobernar y para recuperar la democracia. Esto no suponía una elección entre la una o la otra, si no un ampliación de las luchas.

Aún no se sabe si en muchos sitios se cerrarán acuerdos para construir candidaturas a les elecciones municipale sde mayo y, por tanto, se hace difícil valorar un proceso inacabado, Pero desde  la experiencia personal, sí que podemos sacar lecciones de estos procesos municipalistas, o más bien sensaciones y consideraciones de estos meses.

Muchas de las personas que han promovido apuestas municipalistas ciudadanas de mayorías y de confluencia vienen de experiencias previas en diversos movimientos y han sido claves en todo este proceso. Pero al mismo tiempo, estos procesos han permitido la interpelación a una mayoría social y han permitido la incorporación de no pocas personas para las que es su primera experiencia política. Una de las claves y la fuerza de estos procesos reside en que sea la gente la que los lidere y que exista una estructura organizativa donde se puedan incorporar a trabajar. Y por supuesto, garantizar que esta estructura organizativa ciudadana seguirá existiendo después de las elecciones y será la que controle, fiscalice, proponga y decida sobre las políticas de su ciudad.

Desde el terreno electoral también se puede crear movimiento. No solo se puede, es una obligación si queremos que estos experimentos municipalistas permitan cambios sustanciales en la vida de la gente y en la formas de hacer política desde las instituciones, al mismo tiempo que se pueden convertir en espacios de ruptura desde abajo que permitan abrir otros procesos más amplios y que nos lleven hacía un proceso constituyente.

Uno de los retos que estas experiencias deberán afrontar es el de los dos ritmos, actualmente todas estamos condicionadas por el que sería el primero de esos ritmos, el electoral. Gran parte de los esfuerzos están puestos en cerrar la confluencia, la metodología para la elaboración de las listas y el programa. Este primer ritmo a veces hace que no se perciba ese segundo ritmo, más a medio-largo plazo, que es el de la construcción de organización, de pensar cual será la forma de gobernar con la gente, el de definir los mecanismos en la toma de decisiones y en la gestión de los bienes comunes.

Y por supuesto está la palabra que hemos puesto de moda, la confluencia, el cómo se construye este proceso liderado por la ciudadanía, pero donde los partidos políticos que comparten el relato, los objetivos y la metodología también se pueden sumar. No está siendo nada fácil hacer viable un proceso en el que muchas veces los idiomas y los códigos son tan diferentes entre la gente que viene de los movimientos o que se incorporan como primera experiencia política, y las lógicas de los partidos. Estas lógicas totalmente distintas generan tensiones que dificultan los procesos. Trabajar por objetivos concretos dejando las siglas a un lado es sencillo de decir, pero bastante más complicado de hacer. Los procesos de confluencia con partidos que se están cerrando en la mayoría de los procesos municipalistas serán muy diferentes entre ellos, ya que cada territorio tendrá unas condiciones determinadas para que pueda ser de una o de otra manera. Allá donde se consiga que el protagonismo sea ciudadano y que los partidos se pongan al servicio del proceso, será donde se abrirá un escenario de posibilidad para contribuir con la revolución democrática, desde el municipalismo.

Deberemos esperar aún un tiempo para poder valorar en todo su recorrido estas experiencias y ver si se cumple la hipótesis con la consolidación de un municipalismo dirigido y protagonizado por la gente, que genere una democracia real en lo más cercano, que son nuestras ciudades y nuestro barrios, y que no se repliegue en lo local, si no que su carácter de ruptura "por abajo" con el régimen del 78 permita un verdadero proceso constituyente, que vaya mucho más allá de la elección de los gobiernos locales. 

Xavi Martínez
Membre de Terrassa en Comú
Publicado en Diagonal, 19 de febrero


miércoles, 31 de diciembre de 2014

ENTREVISTA A LA PENSADORA FEMINISTA SILVIA FEDERICI

Silvia Federici (Italia, 1942) es una pensadora y activista feminista, un referente intelectual por su análisis del capitalismo, el trabajo asalariado y reproductivo, siempre desde una perspectiva de género. Profesora en la Universidad de Hofstra de Nueva York, Federici fue una de las impulsoras de las campañas que en los años setenta comenzaron a reivindicar un salario para el empleo doméstico. “El trabajo doméstico no es un trabajo por amor, hay que desnaturalizarlo”, defiende. La escritora está de gira por España: allá donde ha estado las librerías y salas se han llenado para escucharla. Su último libro publicado en español es Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas, publicado por Traficantes de Sueños.





¿Es esta crisis económica una crisis también de igualdad?

Sí, es una crisis de igualdad y que amenaza especialmente a las mujeres. Hay muchas consecuencias de las crisis que impactan en las mujeres de forma particularmente intensa. Por un lado, los recortes de servicios públicos, de la sanidad, de la educación, de los cuidados, las guarderías… eso trae a las casas un montón de trabajo doméstico que todavía siguen haciendo mayoritariamente las mujeres. La mayoría de las mujeres trabajan fuera de casa pero siguen encargándose de este trabajo y tienen que absorber esta parte de tareas que antes eran públicas. Por otro lado, la crisis del empleo y del salario crea nuevas tensiones entre las mujeres y los hombres. Que las mujeres tengan más autonomía ha creado tensiones y un aumento de la violencia masculina. El hecho de que los hombres no tengan el poder económico y al mismo tiempo las mujeres reivindican una mayor autonomía ha creado formas de violencia masculina contra las mujeres que se pueden ver en todo el mundo.

¿En qué momento diría que estamos entonces?

Estamos en un periodo en el cual se está desarrollando un nuevo tipo de patriarcado en el cual las mujeres no son solo amas de casa, pero en el que los valores y las estructuras sociales tradicionales aún no han sido cambiadas. Por ejemplo, hoy muchas mujeres trabajan fuera de la casa, muchas veces en condiciones precarias, lo que supone una pequeña fuente de mayor autonomía. Sin embargo, los lugares de trabajo asalariado no han sido cambiados, por tanto, ese trabajo asalariado significa adaptarse a un régimen que está construido pensado en el trabajo tradicional masculino: las horas de trabajo no son flexibles, los centros de trabajo no han incluido lugares para el cuidado, como guarderías, y no se ha pensado formas para que hombres y mujeres concilien producción y reproducción. Es un nuevo patriarcado en el que las mujeres deben ser dos cosas: productoras y reproductoras al mismo tiempo, una espiral que acaba consumiendo toda la vida de las mujeres.

De hecho, usted dice que se ha identificado la emancipación de las mujeres con el acceso al trabajo asalariado y que eso le parece un error, ¿lo es?

Es un engaño del que hoy podemos darnos cuenta. La ilusión de que el trabajo asalariado podía liberar a las mujeres no se ha producido. El feminismo de los años 70 no podía imaginar que las mujeres estaban entrando al trabajo asalariado en el momento justo en el que éste se estaba convirtiendo en un terreno de crisis. Pero es que, en general, el trabajo asalariado no ha liberado nunca a nadie. La idea de la liberación es alcanzar la igualdad de oportunidades con los hombres, pero ha estado basada en un malentendido fundamental sobre el papel del trabajo asalariado en el capitalismo. Ahora vemos que esas esperanzas de transformación completa eran en vano. Al mismo tiempo sí vemos que muchas mujeres han conseguido más autonomía a través del trabajo asalariado, pero más autonomía respecto de los hombres no respecto del capital. Es algo que ha permitido vivir por su cuenta a muchas mujeres o bien que tuvieran un trabajo, mientras su pareja no lo tenía. De alguna forma esto ha cambiado las dinámicas en los hogares, pero en general no ha cambiado las relaciones entre hombres y mujeres. Y, muy importante, eso no ha cambiado las relaciones entre mujeres y capitalismo: porque ahora las mujeres tienen dos trabajos y aún menos tiempo para, por ejemplo, luchar, participar en movimientos sociales o políticos.

Es también muy crítica con organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la ONU. Algunos de ellos publican informes animando a la participación femenina en el mercado laboral, mientras alientan medidas de recorte que perjudican la igualdad y la vida de las mujeres…

Sí y esto es fundamental. Es un error no ver el tipo de planificación capitalista que se está desarrollando dentro del proyecto de globalización. Hubo una intervención masiva en la agenda y en las políticas feministas con el objetivo de usar el feminismo para promover el neoliberalismo y para contrarrestar el potencial subversivo que tenía el movimiento de mujeres en términos, por ejemplo, de lucha contra la división sexual del trabajo y contra todos los mecanismos de explotación. Por un lado, el trabajo de la ONU fue redefinir la agenda feminista y creo que fueron bastante efectivos. A través de  varias conferencias mundiales, por ejemplo, se presentaban así misma como la representación de las mujeres del mundo y de lo que es o no el feminismo. Por otro lado, su otro objetivo era ‘educar’ a los gobiernos del mundo en que algo tenía que cambiar en la legislación laboral para permitir la entrada de las mujeres en el trabajo asalariado.

¿Cómo salir entonces de esa trampa, cómo conseguir reivindicar la igualdad sin caer en esas trampas? Porque, por ejemplo, usted rechaza que las mujeres se incorporen en igualdad a los Ejércitos.

No a las mujeres en el Ejército, de ninguna manera. Hay que tener en cuenta que los hombres también son explotados. Entonces, si decimos simplemente que queremos la igualdad con los hombres estamos diciendo que queremos tener la misma explotación que los hombres tienen. La igualdad es un término que congela el feminismo: por supuesto que en un sentido general no podemos estar en contra de la igualdad, pero en otro sentido decir solo que luchamos por la igualdad es decir que queremos la explotación capitalista que sufren los hombres. Creo que lo podemos hacer mejor que eso, hay que aspirar a transformar el modelo entero, porque los hombres tampoco tienen una situación ideal, los hombres también deben ser liberados, porque son sujetos de un proceso de explotación. Por eso no a las mujeres en el ejército, porque no a la guerra, no a la participación en ninguna organización que nos comprometa a matar a otras mujeres, a otros hombres en otros países con el objetivo de controlar los recursos del mundo. La lucha feminista debería decir en ese sentido que los hombres deberían ser iguales a las mujeres, que no haya hombres en los ejércitos, es decir, no a los ejércitos y no a las guerras.

¿Y cómo salir de la trampa en el caso del trabajo asalariado?

Esto es diferente porque en muchos casos el trabajo asalariado es la única forma en la que podamos ser autónomas y no estamos en la posición de decir no al empleo. La cuestión es considerar el trabajo asalariado como una estrategia más para la liberación, no como la gran estrategia para liberarnos. Por ejemplo, en EEUU la cuestión del trabajo reproductivo no se tiene en cuenta para nada e incluso cuando las mujeres luchan por liberarse de las tareas de cuidado eso solo se tiene en cuenta como una forma de que ellas puedan dedicar más tiempo al trabajo fuera de casa. El capitalismo devalúa la reproducción, y eso significa que devalúa nuestras vidas para continuar devaluando la producción de trabajadores. Es un asunto fundamental que no se está teniendo en cuenta. Así que no se trata de decir no al trabajo asalariado sino de decir que el trabajo asalariado no es la fórmula mágica para liberar a las mujeres. Las mujeres no están afuera de la clase trabajadora, la lucha feminista debe estar totalmente imbricada en la lucha trabajadora.

Entonces, ¿qué más estrategias se pueden seguir para conseguir esa liberación?

El trabajo que la mayoría de mujeres hacen en el mundo, que es el trabajo reproductivo y doméstico, es ignorado. Y ese trabajo es la base del capitalismo porque es la forma en la que se reproducen los trabajadores. El trabajo de cuidados no es un trabajo por amor, es un trabajo para producir a los trabajadores para el capital y es un tema central. Si no hay reproducción, no hay producción. Si ese trabajo que hacen las mujeres en las casas es el principio de todo lo demás: si las mujeres paran, todo para; si el trabajo doméstico para, todo lo demás para. Por eso el capitalismo tiene que devaluar este trabajo constantemente para sobrevivir: ¿por qué ese trabajo no está pagado si mantiene nuestras vidas en marcha? La corriente de la que yo provengo vimos que si el capitalismo tuviera que pagar por este trabajo no podría seguir acumulando bienes. Y al menos que lidiemos con este asunto no produciremos ningún cambio en ningún otra plano.

¿Defiende el salario para el trabajo doméstico?

Sí. Muchas feministas nos acusan de institucionalizar a las mujeres en casa porque entienden que esta demanda es una forma de congelar a las mujeres en los hogares, pero es exactamente lo contrario, es la forma en que podemos liberarnos. Porque si este trabajo es considerado como tal los hombres también podrán hacerlo. El salario sería para el trabajo, no para las mujeres.

Sí, pero aún hoy son las mujeres las que hacen mayoritariamente ese trabajo, esa sigue siendo la tendencia a pesar de que ha habido otros cambios, ¿qué haría cambiar esa inercia?

La tendencia es esa porque la ausencia de salario ha naturalizado la explotación. ¿Te imaginas que los hombres hubieran hecho un trabajo industrial gratis durante dos años porque es lo propio de los hombres? Estaría totalmente naturalizado, igual que lo está el trabajo doméstico, que está ligado a la feminidad y a lo que se considera propio de las mujeres. En una sociedad conformada para las relaciones monetarias, la falta de salario ha transformado una forma de explotación en una actividad natural, por eso decimos que es importante desnaturalizarla.

¿Y la forma de desnaturalizarla es precisamente mediante un salario?

Sí, es un primer paso para hacerlo. Pero nunca vemos el salario como un fin, sino como un medio, un instrumento para empezar la reivindicación. Ya solo pedir un salario tiene el poder de revelar toda un área de explotación, de sacar a la luz que esto es un trabajo propiamente dicho, y que es esencial para el capitalismo, que ha acumulado riqueza gracias a ello.

¿No se corre el riesgo de perpetuar así la división sexual del trabajo?

No, es una forma de romperla. Se puede demostrar que la división sexual del trabajo está construida sobre la diferencia salario-no salario.

Sin embargo, en muchos países como España el trabajo doméstico ya está reconocido como tal (no con todos los derechos) y aún así ese trabajo sigue siendo femenino mayoritariamente, es decir, que esté remunerado no ha hecho que los hombres se incorporen a esos empleos. ¿Por qué pensar entonces que pagar por las tareas del hogar hará que los hombres se incorporen a ese área?

En una situación en la que el trabajo doméstico no es reconocido como trabajo y millones de mujeres lo hacen gratis en todo el mundo, las mujeres que lo hacen por dinero están en una situación de debilidad, de no poder negociar mejores condiciones. Yo espero que se construya un nuevo movimiento feminista que una a las mujeres que hacen trabajo doméstico pagado y a las que lo hacen no pagado. Empezar una lucha sobre qué significa este trabajo, reivindicar nuevos recursos al servicio de este trabajo y proponer nuevas formas de organización. Este trabajo se hace separadas las unas de las otras y hace falta unión, nuevas formas de cooperación que nos permitan unir nuestras fuerzas para contestar esta devaluación del trabajo doméstico. La conexión entre mujeres y trabajo doméstico es muy fuerte y no será fácil, pero creo que sí se podrían conseguir cosas. La reivindicación del salario para el trabajo doméstico ha sido muy liberadora porque muchas mujeres podían comprender así que lo que hacían era trabajo y era explotación, y no algo natural.