Lo que puedo aportar son básicamente unas
notas de trabajo al hilo de la acción de estos últimos meses sobre el tipo de
lucha que hemos estado construyendo a lo largo de estos años y, a nivel
práctico, cómo encarar los problemas que nos estamos encontrando en este
momento.
Consideramos que la lucha de la que hemos participado
para la defensa de internet y del compartir ha sido crucial para llegar al
movimiento del #15M.
Crucial a varios niveles.
Por la madurez que ha creado de forma
transversal en la opinión pública, tanto en el defender algo que posee y le
quieren arrebatar como es el Internet neutral, como en las formas éticas de
relacionarse.
Es evidente que el uso de la red de redes está
cambiando la historia de la humanidad. No solamente está permitiendo formas
capilares de contrainformación y de autoorganización; no solamente los poderes
fácticos están atónitos ante el fin de la univocidad de sus mensajes, de sus
monólogos, frente al fin en tiempo real de la impunidad de decisiones para
perpetrar su poder y sus propios intereses, sino que la gente —a través de la
red y como la red— está acabando dialécticamente con la atomización de las ideas
de cambio y con la endogamia de los grupos, estableciendo una nueva ética
basada en el reconocimiento de los méritos y habilidades de cada persona, permitiendo
su madurez y autonomía y normalizando formas de organización donde el control
es descentralizado, el usuario final empoderado, y la distribución de recursos,
compartida.