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lunes, 16 de julio de 2012

POESÍA, DIGNIDAD Y REVOLUCIÓN






Hace poco alguien me describió como un poeta. No entiendo por qué lo dijo, porque no escribo poesía pero yo me sentía enormemente halagado, a pesar de saber que él lo entendía como un insulto, o una descalificación. Lo entendía como descalificación porque estaba diciendo que la teoría revolucionaria no se debe confundir con la poesía. La poesía es peligrosa porque tiene que ver con un mundo bello pero irreal, mientras que la teoría revolucionaria tiene que ver con el mundo real de lucha dura. En este mundo real de lucha, hay que enfrentar lo feo con lo feo, las armas con las armas, la brutalidad con la brutalidad.

No estoy de acuerdo con este argumento. Al contrario, quiero proponer que la teoría y práctica revolucionarias tienen que ser poéticas o artísticas para ser revolucionarias, y también que el arte tiene que ser revolucionario para ser arte.

(Perdónenme por favor si hablo de revolución. Sé que es una palabra pasada de moda. Nada más, tomo como punto de partida que todos sabemos que el capitalismo es una catástrofe para la humanidad, y que si no logramos deshacernos de él, si no logramos cambiar el mundo de forma radical, es muy posible que los humanos no vayamos a vivir muchos años. Por eso hablo de revolución.)

miércoles, 11 de julio de 2012

¡QUE SE VAYAN TODOS!






I

En los últimos nueve meses, desde el 11 de septiembre, el grito se ha vuelto más agudo, más estridente. Es el horror de lo que vemos a nuestro alrededor: las bombas cayendo, la violencia contra los inmigrantes, los 35.000 niños que mueren de enfermedades curables cada día, la ciega arrogancia de los capitalistas y sus políticos, las presiones sobre todos nosotros para renunciar a nuestros sueños de un mundo de dignidad, el peligro real de que nosotros, nuestros hijos o nietos estaremos presentes cuando el capital finalmente destruya a la humanidad. A todo esto sólo podemos gritar ¡NO! NO es la base de la gramática de la rebelión, la gramática de la revuelta, la gramática de la revolución.

Esta relación que llamamos capital, esta absurda relación basada en la negación del carácter social del hacer, esta relación absurda y enferma construida sobre el hecho de que una pequeña cantidad de personas dice «esto es mío, mío, mío; tócalo y te mataré», y lo hace. Esta horrible relación que hemos soportado por cientos de años, esta relación nos está matando, matando la humanidad en todo el sentido de la palabra. Ahora debemos aprender de todos los que frente a relaciones repugnantes y opresivas que han durado demasiado tiempo, han tenido el coraje de decir: «¡Vete a la mierda! ¡Vete! ¡Déjame en paz para seguir con la vida tal como me parezca!» «¡Que se vayan todos!», como dice la gente en la Argentina. No sólo el gobierno sino todos los políticos, no sólo los políticos sino sus amigos capitalistas, no sólo los amigos sino todos los capitalistas, todo el capital.