Hace poco alguien me
describió como un poeta. No entiendo por qué lo dijo, porque no escribo poesía
pero yo me sentía enormemente halagado, a pesar de saber que él lo entendía
como un insulto, o una descalificación. Lo entendía como descalificación porque
estaba diciendo que la teoría revolucionaria no se debe confundir con la
poesía. La poesía es peligrosa porque tiene que ver con un mundo bello pero
irreal, mientras que la teoría revolucionaria tiene que ver con el mundo real
de lucha dura. En este mundo real de lucha, hay que enfrentar lo feo con lo
feo, las armas con las armas, la brutalidad con la brutalidad.
No estoy de acuerdo con este
argumento. Al contrario, quiero proponer que la teoría y práctica
revolucionarias tienen que ser poéticas o artísticas para ser revolucionarias,
y también que el arte tiene que ser revolucionario para ser arte.
(Perdónenme por favor si
hablo de revolución. Sé que es una palabra pasada de moda. Nada más, tomo como
punto de partida que todos sabemos que el capitalismo es una catástrofe para la
humanidad, y que si no logramos deshacernos de él, si no logramos cambiar el
mundo de forma radical, es muy posible que los humanos no vayamos a vivir
muchos años. Por eso hablo de revolución.)

